5 consejos de autores legendarios para escribir mejor (que sí funcionan)

Cada vez que veo un artículo sobre “cómo escribir mejor”, con consejos y técnicas, encojo el ceño y niego con la cabeza.

Muchos de los consejos, en éste y en cualquier ámbito, sufren de lo que se llama el “sesgo del superviviente”. El concepto es pesado de explicar a fondo, pero básicamente viene a significar que cualquier consejo bienintencionado que le funcionó a alguien, lo hizo porque era lo adecuado para ese momento y lugar exactos, para su carácter y para su situación concreta, compuesta de miles de matices que cambian cuando se refieren a otra persona. Por eso, cuando se trasladan muchos esos consejos a otras personas y situaciones, simplemente no funcionan, causan confusión y, muchas veces, hacen más mal que bien.

Por eso hay libros sobre cómo hacerse millonario que muchos siguen y, aunque supongamos que el que escribió el libro hable honestamente (que ya es demasiado suponer) nunca funcionarán. Las personas que lo leen no son el que escribió el libro, no están en su misma situación, ni sujetas a las miles de coincidencias que sucedieron, ayudaron al autor y nunca se comentan.

Y además estamos hablando de un arte, así que, en realidad, uno podría alegar que no hay mandamientos escritos en la piedra y tendría razón. Hay quien escribe con la prosa de Poe y las “reglas” de Hemingway matarán su estilo, hay quien es parco y crudo y le funciona, así que intentar plantar las flores de Faulkner lo arruinará todo. Muchos consejos tienen que ver con la experiencia y la voz propia de un escritor, trasladarla a otros y vivir y morir por consejos “infalibles”, es una rápida receta para el desastre.

A escribir se aprende leyendo y escribiendo, no obstante y como soy un hombre que puede vivir perfectamente con sus contradicciones, este artículo va de cinco consejos que dieron grandes escritores y que sí funcionan.

Me atrevo a decir que lo hacen porque no se meten a decirle a la voz propia del escritor si ha de usar adverbios, puntos, comas o tal o cual ritmo, sino porque hablan de caminar sin decirte “este es el camino”. Alguien que sepa de verdad jamás le dirá a otro que escriba de esta manera o de otra. Aunque eso sí, le dirá que lea sin parar, que escriba sin parar y, a fuerza de millones de palabras en miles de páginas, a fuerza de fracasos, críticas, algo de suerte y victorias, acabará desenterrando su propia voz tras incontables paletadas de mierda.

Así que he aquí esos consejos de autores legendarios que creo que sí funcionan para escribir mejor.

1.- John Steinbeck. El diálogo en voz alta

Éste, como muchas otras recomendaciones que de verdad funcionan, se han repetido de una manera u otra por muchos de los grandes escritores. En una carta a un amigo en el mismo año en que ganó el Nobel, Steinbeck hablaba de: “algunas de las cosas que había tenido que hacer para no volverse muy loco” con eso de la escritura.

En una de ellas comentaba: “si estás usando diálogo, dilo en voz alta a la vez que escribes, así tendrá el sonido del habla”. Esta técnica es nombrada y usada por otros grandes escritores y, aunque sencilla, es efectiva.

2.- Kurt Vonnegut. Querer es lo que nos hace humanos

Ya hablé hace tiempo de que si uno está escribiendo personajes en vez de personas, algo va mal. Vonnegut insistía en su libro de relatos “Bagombo Snuff box” en que: “cada personaje debe querer algo, aunque sea un vaso de agua”.

Querer (lo que sea) es lo que nos hace humanos. Un día superaremos eso, dejaremos de apegarnos a las cosas y alcanzaremos el estado de Buda y este consejo no servirá más. Pero mientras tanto, querer es lo que hacen los humanos y apuesto a que nos extinguimos antes de poder elevarnos por encima de eso.

3.- Hemingway. Ten claro siempre aquello sobre lo que vas a escribir

Hemingway es un caso curioso, pues siempre consideró, como muchos escritores, que hablar sobre el tema de escribir traía mala suerte y, sobre todo, era en sí mismo una distracción que evitaba hacer lo que hay que hacer: escribir. Personalmente pienso lo mismo, pero igual que él y que todos los que pensaban así, no podía evitarlo y, de hecho, en pedazos sueltos aquí y allá, todos acababan hablando de su arte. Ser capaz de vivir con contradicciones e hipocresía parece un rasgo común entre los contadores de historias.

Hemingway, una vez cumplida la cuota de trabajo que se proponía, tenía la costumbre de dejar de escribir en un punto álgido, siempre sabiendo por dónde quería seguir y qué quería contar al día siguiente. Eso le permitía evitar algo que todos los que escriben temen y es el nombre de esta web: la hoja en blanco.

Hay veces que la inspiración parece trabajar por rachas y que uno no puede parar hasta vaciarse del todo, pero Ernest decía tener la disciplina para dejar algo de agua en el pozo y no secarlo cuando terminaba. Después, igual que hacían muchos otros, se olvidaba y se dedicaba a otras cosas (beber, boxear, apostar, pasear y amar, entre otras muchas cosas), a fin de permitir que ese pozo se llenara de nuevo para la siguiente jornada de trabajo. Lo hiciera más o menos, Hemingway siempre encontraba agua al día siguiente, porque siempre dejaba una poca ahí, adrede, el día anterior.

4.- Steven Pressfield. Prepararse es el enemigo

Alguna vez he hablado de The war of art, el libro de no ficción de Steven Pressfield en el que habla de la escritura y de su mayor enemigo, lo que él llama la Resistencia. Lo leí hace muchos años y los dos primeros tercios del libro aún resuenan poderosos en mí.

“La Resistencia sabe que cuanto más vueltas damos y más cosas hacemos para ‘prepararnos’, más tiempo y oportunidades tendremos de sabotearnos a nosotros mismos. La Resistencia adora cuando dudamos, cuando nos preparamos en demasía. La respuesta: zambúllete de cabeza”.

Muchas veces creemos que necesitamos alguna cosa más para estar preparados, para que todo sea perfecto. Pero no hay nada perfecto, uno se pone con lo que tiene, aunque sea precario. Cada cierto tiempo enlazo este cómic sobre lo que dijo Bukowski, hablando de este tema. Lo considero casi como una labor de servicio público y, como hace ya tiempo que no lo nombraba, he aquí de nuevo.

5.- Todos los buenos a la vez. Escribe cada día

Cada día, sin fallar. Muchos de los consejos que merecen la pena no se dicen en voz alta, los ves si te fijas en lo que hacen los mejores. Y todos esos mejores escribían cada día sin falta. Algunos se ponían un objetivo de palabras, otros alegaban que a veces era sólo una frase, pero empleaban horas en ella y ya la daban por buena (exageraban y construían su mito con esas cosas, no hay que creer demasiado a un contador de historias, porque siempre las está contando y las mejores, a veces, no son las verdaderas).

Pero escribían cada día y lo que fuera, conscientes de que “el primer borrador siempre va a ser una mierda” y que, a pesar de eso “uno siempre puede corregir una página llena de basura, pero no una página en blanco”.

Y sí, puede parecer obsesivo e insano y seguramente lo es, a juzgar por cómo acabaron muchos de los mejores.

11 responses

  1. Nunca me han gustado los consejos, soy más de hacer libremente lo que me parece (con un poco de sentido común, no mucho, y no siempre respecto a lo más acertado); pero…, ciertamente el cómic de Bukowski es estupendo y el resto de “consejos” me han parecido bien… Odio admitir que existan consejos fiables 🙁 (Gracias) Un saludo.

    • Yo también soy anti-consejos, la palabra me da urticaria, por eso lo aclaraba al principio. Pero es cierto que estos consejos no son del estilo “haz lo que te digo”, no intentan ponerle reglas ni puertas al campo.

      Otros, sin embargo…

    • No, nada es perfecto y “el primer borrador de cualquier es una mierda”. Esa frase tan poética no es mía, es también de Ernest. Y tenía razón y si no la tenía que vaya otro a contradecirle que yo me aprecio mis dientes.

  2. Hay consejos y consejos. De esos que enarbolan la lógica más aplastante y no te queda otra que seguirlos, porque lo harías aunque no los hubieras encontrado, y otros que te hacen recordar aquello de “consejos vendo, que para mí no tengo”.
    Como bien dices al principio, los mandamientos de la escritura se resumen en dos: lee (mucho) y escribe (mucho). Lo demás, viene servido… y, si no, practica el buffet y ve a buscarlo tú mismo. Más o menos. Si hay suerte. Y talento. No siempre juntos ni por este orden. Y, vale, ya me callo…

  3. Yo tampoco creo en consejos mágicos, pero sí en personas que son capaces de mostrar a algunos escritores que empiezan alguna luz sobre lo que están buscando dentro de ellos mismos. Está claro que cada escritor tendrá su modo de entender la escritura. En algunos casos determinados escritores deciden plasmar esos conocimientos en un libro. Para mí es algo fabuloso poder conocer SU método y valorar si alguna de sus fórmulas es aplicable y se adapta a mi estilo en construcción o alguna de sus técnicas es la que yo precisamente necesitaba para centrar mis esfuerzos. A veces me parece que pensando que no hay consejos posibles en esto de escribir me están diciendo que es un proceso místico, algo sublime que requiere de una búsqueda espiritual. El descubrimiento propio es muy enriquecedor pero parte de un aprendizaje previo (en la escuela, en la universidad, en la calle), que será mejor o peor y nos permitirá avanzar más rápido o menos, o incluso no avanzar nunca. Y eso sí, por supuesto estoy en que hay que escribir, escribir y escribir, y leer, leer y leer todos los días. Vamos, eso es lo que yo pienso. Y no es que me haya dado muchos frutos. 🙂 ¡Saludos!

  4. Coincido contigo y con algunos que han comentado, a priori también soy de arrugar la nariz al leer un titular de consejos, aunque luego, según en qué momento me pille o la curiosidad que el sugestivo titular me cree, a veces si hecho aunque sea una ojeada.

    Esta vez ha sido algo así, el titular, mi situación y también quien recomendaba la lectura de este post, y que, desde el principio, tanto el tono como las referencias me han gustado. Otra cosa que me ha hecho seguir leyendo es verme totalmente reflejada en el primer consejo (aunque luego no llegue a coincidir del todo con el resto, o al menos creo que no todos me sirvan).

    En todo caso, muy buen post, me ha gustado mucho, y gracias por aconsejar al menos a quienes, aunque muy modestamente, hacemos nuestros escritillos.

  5. Buenas por aquí. Me quedo con un par de cosas.
    Dejar de escribir en el momento álgido es hacer un feo a la musa, con lo que, o como tú decías, la tienes bien atada al escritorio con cadenas de mithril o mejor no jugar; y lo mismo con el trabajo, dejarlo en el momento álgido puede ser perder 20 minutos de trabajo ese día, pero también horas! Entiendo lo qué quiere decir, guardar emoción para el día siguiente y no tener que empezar de cero, pero eso es un arte que para emplear como toca hay que ser un maestro, no vale como consejo general ^^.
    Y jaja, la tira cómica que enlazas es demasiado buena.

    • Yo lo de dejar de escribir en el momento álgido me cuesta, pero es uno de los mejores consejos que he oído (y practicado menos de lo que debería). A estas alturas, si le hago un feo a las musas, mejor. A las musas, guerra.

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