Apenas una inconveniencia

Super facil, apenas una inconveniencia

Comienza la semana en que esto termina. El día 7, viernes, llegará la última de las historias diarias. La semana pasada (o quizá fue la anterior), alguien me preguntó qué tal llevaba este sinsentido.

Mi respuesta puede resumirse así:

Superfácil, apenas una inconveniencia.

Y por una vez, sin que sirva de precedente, no hay una pizca de arrogancia en lo que digo.

A veces es cierto que puedo ir con más o menos tiempo, pero la realidad es que esta experiencia me ha permitido ver que, cuando tienes algo que hacer, el tiempo está ahí.

Para bien o sin duda mal, funciono con obligaciones y compromisos. Mientras no tenga ninguno, no haré nada, pero si lo adquiero, cada mañana a las ocho de la mañana hay algo escrito aquí, o podéis llamar al hospital. La pistola en la cabeza no es manera de vivir, pero es la única que tengo.

El tiempo para dedicarme a esto se lo he restado, sin darme cuenta ni hacerlo adrede, a todo ese tiempo difuso gastado en chorradas, en móvil, en navegar por Internet sin rumbo.

Sucede que siempre estamos quejándonos de que el día sólo tenga 24 horas, pero lo cierto es que, si tuviera 48, las perderíamos igual.

Este experimento no me ha impedido hacer otra cosa que tuviera que hacer y lo cierto es que no me ha resultado difícil tampoco encontrar temas porque, afrontémoslo, lo que digo aquí no se diferencia de lo que digo (mareo) en la barra del bar. O en el cajón de naranjas al que me subo a predicar los miércoles en la esquina entre Gran Vía y calle Lepanto.

No obstante, no negaré que algunas cosas no han sido, necesariamente, lo que se me ha ocurrido en el momento de sentarme ante el teclado por las mañanas.

La naturaleza de las ideas es caprichosa y frágil. Cuando aparece una, prepárate a cazarla o perderla para siempre. Además ese capricho surge en los momentos más inoportunos. En la ducha, en la cama, en la cama también, pero justo cuando estás a punto de dormirte. Entonces la cabeza se activa como un gato a las tres de la mañana y comienza a correr. Encima, a esas horas, prácticamente todo te parece bueno, dada la poca luz que hay, uno de esos errores que pensabas que ya no cometerías más al dejar de ser joven, pero ya ves que no.

Y te dices que está bien, que mejor dormir ahora y, mañana, ya te acordarás de la idea y la apuntarás por algún lado.

Pero mañana no te vas a acordar.

Y como lo sabes, estiras la mano, coges el móvil y te pones a apuntar, con un ojo medio cerrado y el otro llamándote idiota.

Personalmente, cuando no tengo cuaderno azul y barato, utilizo la aplicación Google Keep para esos destellos que atrapar antes de que se difuminen en el cielo. Me resulta curioso cómo, tras algunos días sin volver sobre lo apuntado, releo y no tengo memoria alguna de que eso lo hubiera pensado o escrito yo.

Está bien, a veces es una sorpresa curiosa, otras es la constatación de que pienso con renglones torcidos.

No es lo único que utilizo para almacenar lo que surge en cualquier momento. También uso Notejoy, un servicio de toma de notas más sofisticado, que, en realidad, sirve como sistema de gestión de notas, conocimiento e ideas, algo en lo que Keep se queda corto.

Para esas ideas que son algo más que un destello a la hora bruja, o que trabajas durante un estallido de cien palabras inspiradas (que dejas diciendo que volverás a por él) me funciona.

A mí me va bien, pero no es que lo recomiende especialmente o considere que es el mejor. Hay muchos servicios similares, el más famoso y que usaba hace años es Evernote.

Personalmente, me parece imprescindible tener ese pozo de ideas en el que poder sumergir el cubo para sacar algo. Puede que para los demás no sea así, porque tengan mejor cabeza que yo (cosa que no dudo) o porque tienen una relación más sana con la inspiración y las ideas, de modo que estas llegan cuando se las invoca en la necesidad (esa cosa sí que la dudo).

Así que, a veces, trabajo al ritmo de la idea del momento y a veces no. En mi opinión, es imposible hacer lo primero siempre y llegar a algún lado, la verdad.

Aprendí, a fuerza de que me abandonaran, que las ideas son tan orgullosas y vanas como la escritura. Supongo que lo siguiente que debería aprender es a establecer relaciones más sanas con cosas más inofensivas, menos soberbias.

Pero eso no tendría ninguna gracia.

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2 respuestas

  1. Hola, Isaac.

    No era justo que este artículo se quedase en blanco (sin comentarios), así que aquí estoy de nuevo.

    Me gusta la idea del pozo de ideas y del cubo. Un acierto.

    En mi caso, utilizo Evernote desde hace un par de años. No para tener ese pozo del que tú hablas, sino para apuntar citas, películas y documentales que quiero ver y libros pendientes de leer (además de frases mías).

    La verdad es que como bien afirmas si uno quiere hacer algo y, especialmente, existe la obligación de hacerlo, tiene tiempo. Otra cosa es cómo gestiones éste porque la clave es no dispersarse o hacerlo sólo lo justo y saber priorizar. APROVECHAR EL TIEMPO Y SACARLE EL MÁXIMO PARTIDO. Ahí está la madre del cordero. Resulta curioso que el asunto del tiempo genere tantas dificultades y que a la mayoría le resulte difícil manejarlo como debe ser. Para muchos mortales, es como si hubiese un aura maldita que rodea al tiempo, como si fuese uno de esos problemas matemáticos que llevan cien o doscientos o trescientos años sin resolverse.

    Un saludo literario desde Oviedo.

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