Cajón de sastre

La carta de Lewis Plush

Creo que de pequeño leí los libros de caballería equivocados que me alteraron el seso como al Quijote, o escuché a quien no debía y me inculcó que lo que se dice se hace. La última vez que escribí aquí dije que quería hacerlo más, como mínimo una vez por semana de manera religiosa, pensé entonces, pero mejor un par. Serían esencialmente cosas casuales y breves, hasta que llegara el momento de los escritos habituales y más extensos.

Después de aquello procedí a hacer lo que se hace con lo que dice: ignorarlo y darte igual si algo de lo que hablas se parece a algo de lo que haces. Pero heme aquí, escribiendo un viernes por la noche porque ya he dicho que o leí o escuché cosas que no debía de pequeño y a estas alturas del camino eso ya es difícil de cambiar. Soy de los que no dicen mucho, pero si lo digo y no lo cumplo, lo estoy rumiando en el fondo de ese sitio en el que se supone que tengo el cerebro.

Y menos mal que no hice una promesa. La cuestión es que hasta el final de este 2014 quiero escribir, como mínimo, dos veces por semana en esta web. De lo que sea, eso sí, con lo que es posible que la mayoría de esas veces esto parezca un cajón de sastre, como en este caso.

Esta semana algunas de las mejores cosas que he leído han sido cartas, porque sigo siendo ese extraño voyeur de lo que escribe alguien para otro alguien, pensando que nadie más lo verá. Me gustó el comienzo de la que el soldado de 26 años Lewis Plush —teniente de la Fuerza Expedicionaria Norteamericana en la Primera Guerra Mundial— escribió a sus padres pocos días después del armisticio de 1918. Decía.


A bordo del S.S. Regina

Queridos padre y madre.

Ahora que todo ha terminado, ¿qué queda ahí que podamos mirar? Los quince meses en Francia han sido como un libro con extraños capítulos, un libro que uno lee y aparta a un lado por imposible, pero un libro que deja una garra duradera en la imaginación.


Así es como se empieza una carta, niños, así.

Cuando, por lo que sea, Internet sea sólo un recuerdo borroso y tengamos que volver a apoyar algo manchado en tinta sobre un papel, para hablar con los que están lejos, más vale que busquemos palabras que merezcan la pena y honremos a los que lo hicieron antes y lo hicieron como Lewis Plush.

3 responses

  1. Muy buena imagen, si la mitad de los soldados que participaron en alguna guerra tuvieran aspiraciones literarias los que hemos venido después tendriamos una mejor consciencia de ese tremendo error que significa el campo de batalla, el asesinato en masa justificado y las motivaciones políticas que lo suscitan. Es posible, que de haber sido así, algún dislate de este tipo nos hubieramos ahorrado, es posible que alguna guerra no hubiera existido.

  2. Bueno, voy a resignarme a restar antes de dejar mi comentario… Me hace inmensamente feliz saber que has decidido escribir dos veces por semana (ya sé, sólo a modo de prueba) para que tus admiradores (y sobre todo yo) podamos disfrutar de lo que escribes. A mí me da igual que parezca un cajón de sastre, el caso es que a mí me encanta cómo escribes y esto hará que eche en falta leerte un poco menos. Ya sé que puedo leer y releer tus libros y tus relatos (y hasta tus tuits), pero también me gustaría leerte dos veces por semana. Las personas obsesivas también merecemos ser felices. Muchas gracias. Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *