Callarse o hablar de tu escritura

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Con el título me refiero al hecho de hablar de lo que estás creando en el campo de la ficción mientras estás en ello. Yo, vaya secreto, nunca digo nada y nadie sabe con qué estoy o con qué no, pero otros optan por el camino contrario y dicen todo el rato con qué andan. A veces con un detalle exhaustivo.

De hecho, uno mira las redes sociales y mucha gente parece más ocupada en hablar de su escritura que en ponerse a escribir.

Sobre hablarse o callar (ya reviento el final) la realidad es que da un poco igual el camino que tomemos, porque al 99,99% de la gente no le importa.

Si hacemos un parte radiofónico de nuestro trabajo, lo único que va a pensar la mayoría de nuestros amigos y familiares de Facebook es que somos unos pesados con nuestro libro de pacotilla. En mi caso no, pero porque no tengo, ni amigos ni Facebook, me refiero.

La cuestión es que hoy iba a hablar de otra cosa, pero he aquí las maravillas de tener casa propia, que en ella haces lo que quieres y todo esto me vino inspirado a última hora por un comentario a mi anterior artículo.

Se trataba de una cuestión práctica sobre si, a la hora de hacer algo (en este caso escribir) influye hablar de ello o callarse a la hora de terminarlo.

Todo esto viene dado porque algunos dicen que lo mejor para hacer algo es exponerse ante los demás, comprometerse a terminarlo y así verse obligado a ello, ya que, si no, esos demás van a ver que eres alguien que dice mucho y no hace nada.

A fin de evitar que piensen que somos así, y evitar también el ridículo público por no haber cumplido, muchos se sienten motivados a trabajar y hacer realidad ese compromiso que expusieron.

De hecho, hay datos que corroboran que funciona. ¿Y funciona? Pues sí, pero es que no se suele entender que en realidad esa estrategia se usa mal casi siempre porque no se comprende el mecanismo.

La mayoría empieza con la motivación que da haber leído un par de entradas de autoayuda de mierda sobre seguir tus sueños, así que dice en Twitter/Facebook/blog que por fin, ahora sí, se va a poner «a tope» con su novela y luego… En el 90% de los casos se abandona antes de empezar o tras cinco minutos (porque trasladar la imaginación a la práctica es estrellarse en llamas).

Conclusión, debe ser que eso de comprometerse en público no funciona.

Pero no, porque lo que funciona no es decirlo en voz alta, es comprometerse bajo pena de que haya consecuencias reales.

¿Te expones ante tus amigos con el tema de tu novela o lo que sea que escribas? Pues ya ha fracasado la estrategia. Porque lo cierto es que a (casi) ninguno le importa tu escritura y lo que haces o dejas de hacer con ella. No estarán atentos a plazos y tampoco va a venir ninguno con la vara de avellano a azotarte si no cumples. ¿Resultado? Nadie te está mirando y no hay consecuencias a la hora de no cumplir.

Siendo así todo el mundo dice, nadie hace y no pasa nada. Como mucho lo que pasa es que cierto tiempo después se repite el proceso, y se repite otra vez, diciendo que las anteriores no, pero esta vez sí es en serio.

Lo mismo ocurre con decirlo ante el puñado que lee tu blog de vez en cuando. Si no eres ya un Reverte a casi nadie le importa realmente tu trabajo de ficción y, sobre todo, nadie va a venir a hacerte pagar si no cumples.

Imaginemos ahora que se trata de un proyecto de trabajo que tienes que entregar a tu jefe o a unos clientes que pagan, entonces todo esto sí funciona, porque la clave nunca fue hablar.

Aquí la estrategia de comprometerse funciona porque los clientes se juegan sus propias habichuelas en que cumplas y porque, como no lo hagas, va a haber consecuencias graves (está usted despedido y verá lo bien que hablo a mis amistades cuando intente que le contraten).

Pero como no se suele entender por qué funciona comprometerse en público, siempre faltan los dos ingredientes principales que lo hacen efectivo: que a los «vigilantes» les importe egoístamente y que haya consecuencias graves para nosotros en caso de incumplimiento.

La cuestión es, en el tema de escribir sobrevaloramos sistemáticamente la importancia que eso tiene para los demás y que es prácticamente ninguna. La realidad es que (casi) nadie lee y a (casi) nadie le importa. Para muestra, las estadísticas de lectura en España.

Y sobre todo, sobrevaloramos la importancia que tenemos nosotros y nuestra carrera literaria, tanto para nuestro círculo cercano como para eso llamado audiencia y la relación algo ficticia que creamos con una buena parte (que nos sigue para que la sigamos, para que a lo mejor así la escuchemos a ella o por conocimientos y temas que no tienen que ver con la ficción que escribimos).

De lo poco que importamos ya he hablado, así que no voy a repetirme más sobre camisetas, pero es así. Si uno mira las estadísticas de publicación y parece que hay más libros editados que lectores… ¿Cómo no va a ser uno insignificante con la saturación que hay?

Ese diminuto impacto real que posees es un duro despertar que cualquier escritor pequeño tiene cuando intenta vender su novela a esa pequeña audiencia que él o su editorial se han ido trabajando con esfuerzo. Tiene casi mil seguidores ya (la leche), le visita la web otro buen puñado al mes (otra botella) y, cuando saca esa novela tan «anticipada» de la que no para de hablar, con mucha suerte la miran cuatro y luego puede echarse a escuchar el canto de los grillos, recordando aquellos veranos de despreocupación cuando era niño.

Así que, ¿es mejor hablar o callarse?

Decía Hemingway que traía mala suerte hablar de la escritura. Los escritores siempre han sido unos supersticiosos, pero a mí ya me vale como razón para callarme, porque hablar nunca me ayudó a escribir una sola frase y sí me quita tiempo para unas cuantas.

En la práctica la realidad es que los datos han mostrado que a veces es mejor exponerse en público (siempre que se cumplan las dos condiciones que nunca se cumplen) y otras veces han mostrado que es mejor callarse.

O sea, que en realidad hablar o callarse da un poco igual, así que mejor callarse y al menos no te retratas y no gastas energías que se podrían dedicar a escribir, que la escritura es solitaria y anónima por algo.

22 responses

  1. Quizá podríamos decir que hay un punto a partir del cual suele ayudar a terminar el proyecto. Digamos que has escrito el manuscrito inicial. Es decir, la novela (o lo que sea) ya tiene una base, un libro-mierder que pulir y del que quitar su buen 30% para que quede algo decente.

    En ese caso no vería mal informar «En un año, si todo va bien, el proyecto Mierder verá la luz».

    Ahora, si acabas de ponerte a escribir y tienes 12 hojas de Word que ni siquiera están completas, no sabes del todo cómo irá la trama, los personajes siguen confusos y no has pensado en quién te diseñará la portada o cómo será… igual es mejor que te calles la puta boca antes de quedar mal.

    O se puede enfocar desde el punto de vista de «eh, mira, esto es lo que estoy haciendo y no sé a dónde va a llegar, ¿te interesa seguirlo?». No sé, constantemente hay gente que se monitorizan en público (por ejemplo para marcar abdominales en YouTube) y del feedback de la gente se va animando la cosa. Pero en ese caso el producto NO es el libro, sino hablar del proceso creativo, algo que me parece genial.

    • La cuestión clave que das cuando hablas de lo del tema Youtube es «el feedback que da la gente». Esa es la clave. El problema con el tema de la escritura es que no suele haber feedback, a casi nadie interesa pues no me vas a comparar la importancia de la escritura con la de los abdominales, y por tanto no hay consecuencias y ni siquiera una sensación de que alguien te «mire».

      Y que la sección de comentarios de Youtube es lo peor que puedes tener en contra, así que mejor espabilar.

  2. Hablar de la escritura está bien, no de que “mi libro se llamará así y en ellos van a morir todos, pero ya lo veréis cuando lo termine”, sino de hablar de muchas cosas en general. Por ejemplo, como tú lo haces con esta entrada 😉

    Biquiños!

    • La cuestión clave del artículo es el tema de hablar de la ficción que llevas entre manos, muchas veces como método de motivación. De que tienes esa idea de personaje tan «cañera», de que estás haciendo un worldbuilding de la leche (algo que oigo últimamente y que no sé qué es ni me interesa) y cosas así.

      Yo en mi caso hablo sólo de la parte positiva del proceso de la escritura y la vida del escritor, está bien claro. ¿Pero de mi obra mientras la hago? Si el problema está en que no hablo de ella ni cuando la publico…

  3. Jajajaja. Isaac, adoro esta entrada y los dos sabemos por qué.

    Definitivamente, y como bien dices, lo que hagamos o no, al final, importa dos pepinos (sobre todo a los demás). Para mí la única consecuencia debe ser con uno mismo: reconocer los propios errores e intentar solventarlos, algo que dependerá de la psicología de cada uno, sus objetivos y la importancia que decidan darle al autocompromiso.

    El resto son exhibiciones de nuestros propios castillos en el aire (y de ese superego que absorbe a millones hoy en día). Ambos caen, antes o después, por su propio peso.

    Por cierto, lo único comparable a la importancia de los abdominales son los vídeos de gatitos haciendo el payaso.

  4. Cierto que a nadie le importa cómo lleves la novela…
    Pero, planteando el tema de otra manera, ¿qué hace un escritor en las redes sociales? sobre todo cuando se trata de un escritor raro, de esos que escriben desde las vísceras. Supongo que este tipo de escritor, que es el que se trasluce de tus post, no tiene un verdadero interés por las redes sociales, ni siquiera por el blog, que diríamos es su mejor expresión (cuando menos no está entre las peores). Concluyendo, que estamos aquí en las redes un poco por necesidad, jugando nuestras cartas para ser leídos o incluso abrirnos un hueco dentro del marasmo editorial.
    Y… aquí entra lo de hablar del oficio, del trayecto, de la documentación, de la ambientación, de las dudas, de los personajes… es una manera de alimentar las redes sociales. Si no casi mejor echar la verja. Cuando menos yo por eso hablo de mis novelas mientras las escribo. La verdad que no me importa en absoluto si interesa o no. A veces me salen fotos chulas y sobre todo hablo de los libros que voy leyendo y así luego algún lector aguerrido tiene la oportunidad de acusarme de plagio mientras yo me sonrío.
    No es más que una visión… pero supongo que cada cual aportará la suya propia.
    Saludos

    • El gatillo para acusar de plagio parece fácil de apretar. Sobre todo el artículo va enfocado a ese género propio de escritores que no hace más que hablar y hablar de «su novela» y cinco años después ni rastro de nada terminado. No tiene más que esos tuits sobre su novela y todo lo que decía que iba a hacer, y es lo único que puede juntar para hacer algo parecido a una historia.

  5. Cacarear un proyectos lo chafa. No seré yo quien cuente lo que estoy escribiendo o pintando, solo si ya se puede palpar ( bien me gustaría que otro lo hiciera por mí).
    ¿Y mi blog?, cábalas de escribidora, y poco más.
    ¿En mi página?, fondos de galería.
    ¿Algún tuit?, poco trino.
    ¿Al face?, cuatro patadas para que se salgan de lo felino.
    Tantos clics, que no van a ninguna parte. Por no acabar miagando.
    (Los abdominales, en privado.)
    El coltán, nuestra mala conciencia colectiva. Pero no viene al caso.

  6. Tienes toda la razon, conmigo has dado en el clavo, pero es que como no le voy a dar la lata a los que me escuchan si me ha costado las dos pelotas publicar como ebook mi libro, plata, tiempo, enojos, que mas… dos años escribiendo, seis meses mas en las correcciones, no se cuanto mas en que lo pasen a los programas para que pueda leerse en todas las plataformas y lo distribuyan. Después te das cuenta que todos los que decían: “cuando sale tu libro”, era para llevarte el tema, jajaja, no se ni cuantos he vendido, pero no importa, nunca pensé hacerme rico con la escritura, era mas bien un reto, ya lo hice, ahora veremos cuando me doy tiempo de nuevo para publicar el segundo, que te dire, tienes razón, no le voy a hablar mas de mis libros a nadie, solo a mi hija que es mi lectora cero, parece más bien mi enemiga jaja, que ni la correctora me hizo hacer tantos cambios, bueno ya me canse.

    Te cuento Isaac, que yo soy la muestra viviente de que el que quiere, puede escribir un libro, eso si con bastante esfuerzo, ahora si es bueno o malo, está a al gusto de cada uno, te doy un abrazo mi amarguete amigo, yo también soy amarguete y a mi modo, feliz.

  7. Yo creo que hablar de lo que estás escribiendo o – sobre todo – de lo que vas a escribir, es una pésima idea. Y me baso exclusivamente en una cosa, y es en que me he tirado toda mi vida hablando sin parar de los muchos libros que iba a escribir y no he escrito ni uno.

    Si nos ponemos a reflexionar, hablar de lo que vas a escribir es algo vagamente parecido – estás contando una historia, oralmente – así que supongo que es una forma de contentarse.

  8. Hola Isaac,
    Planteas un tema muy interesante. Efectivamente, si decimos que estamos escribiendo una novela ese compromiso lleva a ponernos a escribirla. Parece ser que lo explican fenómenos como la disonancia cognitiva (que nos cuesta desdecirnos de lo que hemos dicho en voz alta) y la profecía autocumplida (como creo que soy escritora, en vez de poner la tele me pongo delante del ordenador). El problema es que esto no es una fórmula matemática y generalmente somos muy prepotentes: la motivación no es suficiente, se necesita también leer mucho, ser persistentes, leer más, ser autocríticos…
    Mi caso: hace unos años me puse a escribir una novela. Como además leía, era consciente de la dificultad que implicaba el trabajo y de que tardaría bastante en terminar. También era consciente de mi imagen: mujer y, para colmo, joven.
    No le conté a nadie que trabajaba en el proyecto de una novela, pero seguí adelante, no la perdí de vista y cuatro años después la publiqué y creo sinceramente que si lo hubiese anunciado cuatro años antes, me hubiesen tomado por una persona ridícula.
    ¿Qué más da lo que piensen los demás? da igual, ya lo sé; pero precisamente por eso yo decido guardar un poco de privacidad sobre mi trabajo de escritura.

    • Haces bien en la privacidad. La realidad es que a algunos tipos de personalidad les funciona mejor decirlo (con un compromiso y consecuencias) y a otros callarse. La disonancia cognitiva funciona cuando uno se siente observado y juzgado, probablemente con alguna consecuencia si no cumple, aunque sea la consecuencia de que le van a tomar por un bocas o un fraude, algo poderoso.

      La cuestión con esto es que a nadie le importa si acabas el libro o no, de hecho se olvidan al poco tiempo si es que lo has dicho…

  9. es muy posible que la gente que diga cosas de “su novela” en las redes sociales sea precisamente para eso: como en su fuero más interno sabe que nunca la acabará/sacará, al menos lo deja ahí indicado, en plan: oye, a mí esa misma idea (más o menos) ya se me ocurrió en el 2008 ^^. es triste, pero algo es algo ^^ yo no hablo de mi novela, pero sí he usado las redes sociales para poner algo ingenioso, alguna ocurrencia puntual con ese fin de fechado intemporal xD. pero vamos, que ya aprendí hace tiempo que las ideas no valen nada, lo que de verdad vale (y cuesta) es llevar a la práctica esas ideas (hasta el final). duro, muy duro (bueno, depende para qué tipo de personas y qué tipo de empresas).

    “La mayoría empieza con la motivación que da haber leído un par de entradas de autoayuda de mierda sobre seguir tus sueños, así que dice en Twitter/Facebook/blog que por fin, ahora sí, se va a poner «a tope» con su novela y luego… En el 90% de los casos se abandona antes de empezar o tras cinco minutos (porque trasladar la imaginación a la práctica es estrellarse en llamas).”

    JAJA

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