La portada de la próxima novela

Portada de perdimos la luz

Hoy voy a ser breve, para variar un poco. He aquí la portada definitiva de la novela que saldrá este mismo mes de septiembre.

El título es Perdimos la luz de los viejos días. Se trata de una novela corta y en cuanto al género, soy de esos que piensa que cada vez que se habla de géneros en literatura, dios (no sé cuál), mata un gatito.

En cuanto a un par de preguntas que me han hecho, pues estas son las respuestas que tengo.

¿Cuándo sale exactamente? Pues este mes, pero no puedo decir día exacto.

¿En qué formatos? Pues en el papel de toda la vida y en formato digital. En principio y como mínimo creo que estará en Amazon, la tienda Apple y Lektu.

Y poco más porque cuando es sobre mí, soy parco. Aquí abajo está la portada. Leer todo

La carta de Camus a su maestro

Albert Camus y la carta a su maestro

Iba a escribir sobre algo completamente distinto, pero hoy en Twitter pasó por delante un artículo que explicaba (más o menos) lo mismo que iba a decir; así que lo dejé correr con esa sensación de que, en Internet, todo parece que ya lo ha dicho alguien antes. Y seguramente mejor.

Al final escribir siempre encuentra la manera de salir, a veces a través de las palabras de otros. Hace algunas entradas comentaba en esta misma web sobre las cartas, ese pedazo del pasado que, para variar, sí me gusta. Hace tiempo también, leí una carta de Albert Camus y me dije que un día tendría que ponerla en español, para que el que pasara por aquí pudiera leerla. Leer todo

El zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury

El zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury

Antes yo era el tipo que siempre llegaba a tiempo, lo que en realidad significa el tipo que siempre tenía que esperar. Alguien me corrompió y ya no suele ser así. Ahora, en ocasiones, no llego a tiempo, pero todas las veces sigo siendo el tipo que siempre tiene que esperar.

Todo a cuento de que tal día como hoy nació Ray Bradbury y quería hablar un poco sobre él e iba a llegar tarde al cumpleaños. Pero no me caía mal ese tipo que era yo y siempre llegaba a tiempo, así que al final esto va a coincidir con el aniversario de Ray. Leer todo

Matadero 5. Así fue.

Matadero 5. Kurt Vonnegut

Anoche terminé el libro Matadero 5 de Kurt Vonnegut. Puedo decir que me gustó. Independientemente de la historia, hay una manera de escribir por parte de los grandes que los diferencia del 90% de libros que ves en El Corte Inglés.

No puedes apuntar exactamente qué es y ese “algo” no se parece de uno a otro y ni siquiera gusta a todos (si lo hace, no es grande). De hecho, puede que ni siquiera te encaje a ti mismo, pero lo reconoces, está ahí. Sabes que, sea buena o mala la historia, hay una manera particular de contarla que atrae por sí misma.

A lo mejor es que el estilo lo es todo, que dijo aquel. Leer todo

La carta de los diecisiete años después

La carta de Bukowski

No me gusta el pasado. No voy a animar en su favor si alguna vez se mete en una pelea. Puedo reconocer su utilidad y todo eso, pero no significa que me guste. Está bien donde está, pero tiene la maldita manía de meter su zarpa en el presente, de dirigir el futuro como si siempre tuviera algo que decir cuando ni siquiera existe. No me gusta esa clase de gente.

A veces me tropiezo con conocidos que vivían en dicho pasado y puede que fuera mejor o peor (hubo pasados que recuerdo buenos) pero no siento nostalgia ni ganas de repetir siquiera los mejores.

Alguna vez me han dicho sobre cenas de compañeros de colegio y cosas así y a mí no me parece que exista infierno peor. He visto a alguna gente que se quedó atorada allí cuando te ven, que sólo te hablan (muy rápido durante el poco tiempo que les das) de cosas lejanas que no recuerdas. Y yo pienso que se han quedado atrapados en un sitio terrible. Leer todo

Días extraños

Días extraños

Ese era el título de una película que quise que me gustara, pero me dejó un poco frío y es que estos siguen siendo días un poco raros y perezosos que van hacia ninguna parte. Para mí eso fueron siempre los veranos desde que ya no recuerdo ser un crío. Pueden ser mejores o peores, se arrastran lentos e Internet se queda desierta. En estos días escribo yo también hacia ninguna parte y de nada en concreto.

Todo el que pasa por aquí sabe que más temprano que tarde se va a encontrar pelos de la barba de Hemingway. Una vez dijo algo que se perpetuó.

“El mundo rompe a todos y después, algunos son más fuertes en esos sitios que se rompieron”.

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Verano en la ciudad

Hot town, summer in the city

Cuando era pequeño me gustaba Joe Cocker, a saber cómo se llama esa tara en psicología. Y aunque no soportaba Unchain my heart, me encantaba Summer in the city. Luego te enteras de que la canción original no es suya, sino algo más antigua (si es que hay algo más antiguo que Cocker) y la crearon los Lovin’ Spoonful. En fin, esas son las decepciones infantiles que me empujaron al barro y no las de los Reyes Magos.

El caso es que éste es un verano en la ciudad igual que el que lo precedió. También iba a ser un verano de escritura igual que aquel, pero lo cierto es que aunque escribo cada día sin fallar, todo son lo que llamo relatos a ninguna parte. Historias cortas que a saber dónde terminarán y que no tengo intención de mover, publicar o dejar que alguien (aparte de la parte que me dice que nos hemos coronado con semejante basura) los lea. ¿Por qué los escribo entonces? Porque tengo que. Leer todo

La carta al hombre que perdió la fe en los hombres

E.B. White carta al hombre que perdió la fe en la humanidad

Cuando el diablo no tiene nada que hacer, lee. Y yo tengo una especial debilidad por las cartas.

No conocía el libro Letters of note de E.B. White, famoso por algunos libros infantiles y por su Elements of style. Se dice de White que era un excelente escritor de cartas.

El 30 de marzo de 1973 un hombre preocupado le escribió, pues había perdido la fe en la humanidad. White siempre creyó que el escritor tenía una responsabilidad de ser todo lo bueno en su arte que pudiera y no interpretar la vida solamente, sino darle forma. También creía en que debían dar esperanza a los demás. Por eso he tenido curiosidad por la respuesta de White a ese hombre, para ver si, a los 74 años y con mucha más vida a sus espaldas que ante él, cumplió el cometido que siempre enarboló.

Que cada uno juzgue con esta traducción informal que he hecho como mejor he podido, porque quien escribe tiene el deber de hacerlo bien. Leer todo

Relato. El sentido de la vida

Relato. El sentido de la vida.

Silvio, que nunca lo buscó y no tuvo el más mínimo interés, conoció el sentido de la existencia cuando vio un billete de 5 euros en el suelo. Se agachó a por él, el pantalón cedió por el culo, se desgarró y a la vez también lo hizo la cortina de ilusión que cubre la realidad. Los dos rotos hicieron el mismo ruido. Silvio pudo ver por la abertura al otro lado de lo que existe y comprendió.

Había un sentido y un propósito, piezas que encajaban en un engranaje imposible, de metal injertado en carne. Éste se elevaba y retorcía en mil direcciones, ocupando todo y moviendo la existencia tras el telón que se había rajado. Infinidad de destellos cegadores y pequeños se afanaban alrededor de la maquinaria, manejándola, manteniéndola, cumpliendo como luciérnagas el esquema de las cosas. Eso y cien imposibles más vio en un segundo por la rendija descosida. Silvio se alzó, se puso la mano en el trasero para taparse el roto y la cortina rasgada se cerró, cosida en un instante por esas luces. Miró su mano y era cinco euros más rico. Su cabeza recordó lo que había visto y se sentó en el suelo allí mismo, bajo muecas raras de los que pasaban y le esquivaban.

Miraba a su billete, miraba a la nada. Silvio descubrió que había un sentido. Lo que millones buscaron y ninguno encontró, él pudo verlo cuando se le rompió el pantalón por detrás y con el pantalón la realidad.

Y luego se hizo un ovillo en la misma acera queriendo llorar y que no le levantaran. “¿Está bien? ¿Le ocurre algo?” Preguntó alguno. ”Que todo encaja”, respondió. Y el alguno que preguntaba se marchaba con el ceño encogido, haciendo gestos a otros que pasaban. ”Está loco”, oyó susurrar. A Silvio le daba igual porque había un propósito, no éramos capricho de un azar destinado a la nada tras un breve suspiro en este mundo.

Pero que hubiera un sentido no significaba que fuera bueno. Porque pudo ver el rostro del titiritero tras el telón y sonreía, con los colmillos manchados de sangre.

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.