No te enamores

No te enamores de tu escritura

Es posible que ésta sea una buena recomendación en general, no lo sé, pero creo que sí lo es para la escritura. El auto-odio es una de las fases inevitables de la creación, si no lo sufres, sospecha. A veces te vas al lado contrario de la ecuación, a veces nos enamoramos de nosotros mismos y escribimos para gustarnos y sólo para eso. Cada uno puede tener el motivo que desee para escribir, puede ser para que le adoren otros, para ganar dinero o por alguna de las razones verdaderas que la mayoría calla. La cuestión para mí es que escribir para gustarnos y vivir enamorados de lo que hacemos, lleva a una mala escritura.

Los que escriben sufren una especie de bipolaridad donde manía y depresión se pueden dar a la vez, se montan, se mezclan y discuten. Sospecho que todos los que escriben piensan en secreto que lo hacen mejor que los demás y, los buenos, además, viven hundidos hasta las rodillas en un cierto auto odio. Y sí, son dos nociones diferentes, pero pueden convivir en el mismo sitio. Leer todo

Vender tu libro, a cualquier precio

Vender tu libro a cualquier precio

Nótese la coma en el título, porque ella marca el matiz. No me estoy refiriendo al precio al que vender tu libro, cada uno que lo haga al que quiera, caro, barato o gratis. Me refiero al ansia por endosar a los demás lo que has escrito y, si has de intentar meterlo por la garganta de otro como sea, pues como sea.

El otro día surgió un trending topic en Twitter, una de esas tendencias de lo se que está hablando, que se llamaba #ytúquélees. La gente mostraba en una foto el libro que leía en ese momento y añadía la etiqueta en cuestión. Por una de esas carambolas que sólo ocurren con la frecuencia de los eclipses, había suficientes personas leyendo algo como para que eso se alzara en Twitter por encima del ruido general y de Sálvame o la tontería del momento.

Así que no tardamos en coger esa ola buena e intentar fastidiarla, porque así parece ser la naturaleza humana. Leer todo

El camino a la maestría tiene este aspecto

el camino a la maestria

¿Quieres hacer abandonar a un enemigo? No le pongas dificultades porque corres el peligro de que se crezca. Si eres inteligente, abúrrelo hasta la muerte y se irá solo. No hará falta que lo derrotes tú, ya lo hace él. Ese era el rito de iniciación de las antiguas y verdaderas sociedades secretas. Ellas no ponían pruebas difíciles, ponían pruebas aburridas, exentas de un sentido aparente, que cribaban a los no merecedores de los secretos que ya se perdieron.

Aburrir es el poder de la llanura, una llanura que se extiende hasta donde eres capaz de ver y que es igual mires hacia donde mires. En ella caminas y no importa cuánto lo hagas porque no parece que el horizonte esté más cerca.

Cuando uno busca el camino de la maestría en algo que ama, y si amas algo no buscas otra cosa que la maestría, esa llanura es el paraje más habitual por el que vas a caminar. Uno espera derrotar dragones en su gesta, pero la maestría es demasiado lista y no se deja coger por cualquiera. Sabe que la montaña desafía al que la está escalando cuando mira hacia arriba, y eso puede dar fuerzas a muchos. Así que como la maestría es una de las cosas más difíciles de adquirir (en lo que sea, incluyendo escribir), utiliza las llanuras y se encuentra al final de ellas. Leer todo

Tres reinas crueles este otoño, con un poco de suerte

Tres reinas crueles este otoño de 2015

Como sólo soy breve cuando hablo de mí, no voy a romper esa tradición. Tres reinas crueles va a ser publicada por la editorial Libros.com. Aunque no se vaya a alcanzar el objetivo de mecenazgo, me llamaron y quieren hacerla realidad igualmente.

Así que he aquí algunas cosas importantes a tener en cuenta.

  • La novela estaría, dentro del calendario de publicación de la editorial, inserta en la planificación de otoño de 2015, con un poco de suerte, como todo en esta vida. Los procesos editoriales requieren tiempo (finalización del manuscrito, correcciones, duelo a muerte con el corrector asignado, duelo a muerte con su sustituto/a, pruebas, galeradas, portada definitiva, impresión…). De hecho, tras haber catado ya alguna vez el proceso editorial, me parece hasta rápido lo de otoño.
  • Esto es elucubración personal, pero siempre pasa que surgirán cosas y algunas de ellas no serán bonitas. Ocurre en todo proyecto y no voy a pensar que soy tan especial como para que en este no pase. No obstante y aunque la edición se alargue, estaría para la campaña navideña como muy tarde. Así que un poquito de paciencia sí me atreveré a pedir. Tres reinas crueles llegará y antes que ellas lo hará el verano, así que vivámoslo de la manera perezosa que se merece.
  • En breve se recogerán las aportaciones de los mecenas que haya para poner la máquina en marcha y cada mecenas tendrá la recompensa que estaba prevista en cuanto esté terminado el libro. Me ha comentado la editorial que informará debidamente de todo, así como del progreso de la edición.
  • Ahora llega mi parte, en la que tengo que entregar el manuscrito en un periodo de un mes más o menos. No pasa nada, lo tengo todo controlado, desde aquí veo la soga de horca en el comedor, y una magnífica escopeta de W. & C. Scott & Son permanece cargada a mi lado.

Y poco más, que debería escribiendo y escribiendo estoy, pero obviamente no lo que debo.

Otro clavo en el ataúd del talento

No es que quiera, especialmente, matar al mito del talento, o encadenar a las musas y vengarme de ellas (bueno, a lo mejor eso sí). Personalmente, quiero saber la verdad de las cosas, si es que eso es posible de alguna manera, que pronto comprueba uno que no.

Me interesa todo lo relacionado con la creatividad, al fin y al cabo hay que conocer al enemigo o a la presa, si es que quieres tener alguna posibilidad.

Hace poco leía cierto artículo en favor, de nuevo, del talento innato, de que sí que había algo en el momento en que naces que te marca de un modo diferente al resto. Todo eso suena tan bonito, que hay seres especiales, elegidos y todo eso. Es algo que siempre hemos querido creer aunque la realidad sea otra y no sé por qué algunos se resisten a aceptar que especial no hay nada. A mí me parece una noción liberadora. Leer todo

Pedazos a ninguna parte

La cantidad de pedazos sueltos de escritura que acumulo por todas partes me supera. Siempre me digo que tengo que volver sobre ellos, al menos sobre algunos, pero también digo eso de toda mi colección de música y ahí está sin tocar. Cada día que pasa todo crece y hace más imposible la tarea. Es como un Diógenes de palabras tiradas por ahí y música que se me olvida.

Escribo cada día y la mayoría de eso es malo, como debe ser. Escribo pedazos hacia ninguna parte, sin poseer el principio-nudo-desenlace que te enseñan pronto en la escuela. Nunca verán la luz y están desperdigados por libretas de papel, discos duros, llaves usb, viejos ordenadores al fondo del armario y diversas aplicaciones online. En muchas de ellas ya no entro y aunque recordara cuáles son, no recordaría la contraseña para acceder.

La mayoría de lo escrito son destellos, pedazos de cosas sin terminar, que me miran desmembradas como las creaciones de un científico loco que no las quiso suficiente como para acabarlas. No es eso en realidad lo que sucede, pero lo parece.

En honor de todos los que nunca verán la luz, he aquí uno de esos pedazos de nada que he encontrado y que a veces escribo porque, simplemente, es lo único que hago todos los días. Recuerdo que todo vale en esto, que aunque lo que escriba sea malo, al final de esa escritura yo seré un poco mejor. Creo que algo así dijo Ed Wood y le llamaron el peor director de la historia del cine. La gente no tiene ni idea.

Este pedazo no tiene título, igual que no tiene sentido, principio o final, es simplemente un momento de escritura y ya.


Hoy un puñado de niños ocupaba, con su ruido y su jolgorio, parte de la biblioteca a la que a veces voy, no sé qué hacen, en ocasiones vienen una hora y creo que les leen cuentos o algo. Eso me ha empujado a la sección de los periódicos y revistas, donde nunca me había sentado. Los asientos de esa parte estaban más sucios, pero he pensado: parecen más cómodos, están acolchados. Al principio estaba solo y me han empezado a rodear personas viejas, los últimos lectores de periódicos. Se han sentado delante, a izquierda y derecha, como si intentaran acorralarme, detrás no, porque soy como los tahúres tramposos, yo me pongo de manera que tras de mí sólo pueda haber una pared y no un disparo a traición. Una señora escondía mal la falta de ducha bajo colonia rancia y ese olor parece ser común en este territorio nuevo. No es dejadez, es el olor del miedo. La señora parece sola, nadie la ha acompañado a la biblioteca a leer el periódico. Cuando llega el tiempo en que tienes que hacer eso, todo se vuelve difícil y la ducha se vuelve un enemigo terrible. Un pequeño resbalón y allí te quedas, desnuda cuando ya nadie ha de verte más así, sin poder pedir ayuda y esperando a que llegue la muerte o algo peor, porque no te puedes mover y duele demasiado. Al final te mueres, helada y habiendo visto amanecer y anochecer un par de veces y lo que es más terrible, lo haces aún más indefensa y más desnuda que cuando naciste. La mujer vino y se fue sin que llegara a importar, me aislé con los auriculares y la música. Después, el hombre mayor de al lado que la sustituye lee el periódico y éste tiembla, porque la mano con la que lo coge tiembla. Todo son viejos en la sección de los periódicos y también hay un sin hogar y los asientos están sucios y huele un poco mal allí. Huele a rancio y pre-muerte y yo siempre he sido un tiquismiquis con los olores. Huele como huele el pasado, que lo metiste en el armario pensando que ya te lo pondrías y se echó a perder.

Un montón de niños han ocupado mi lugar, me han empujado al de los viejos. Muy premonitorio todo.

Hoy la literatura ha muerto y ya ni la vida se esfuerza en emplear metáforas sutiles. Para qué, si no consiguen hacerse entender o que la chica sonría o que importen algo, que marquen una diferencia.

El extraño alivio de matar lo que escribes

El extraño alivio de matar lo que escribes

Hay algo en destruir, una atracción irresistible por reducir a escombro y, sobre eso, a lo mejor crear algo nuevo. La seducción del lienzo en blanco, los nuevos comienzos y tal. Al fin y al cabo, mi abuela decía que las cenizas eran buen abono y ciertamente es así, a lo mejor es que la vida sabe mucho mejor que nosotros lo que estamos haciendo y por eso funciona de esa manera, que para crear has de destruir primero.

Todo esto para comentar que hoy he matado el principio de Tres Reinas Crueles, y no sólo el principio, sino también varias tramas y el posible final y en realidad casi todo. Ya que me ponía a disparar en la nuca, no he parado hasta vaciar el cargador. Vamos, que he tirado todo menos pedazos sueltos y esto es una vuelta a empezar, porque aunque el argumento principal no ha cambiado, muchas otras cosas sí. Leer todo

¿Es necesario el dolor para crear algo bueno?

Es necesario el dolor para crear algo bueno

Oliver Burkeman es un hombre inteligente, cada semana o así escribe una columna en el diario The Guardian. “Esta columna cambiará su vida”, promete el título de la sección, aunque no es realmente cierto la mayoría de las veces, ni para la mayoría de personas. El otro día estaba releyendo una entrada antigua, de hace unos dos años, en la que hablaba de Joshua Kendall, un libro suyo y los argumentos que contenía.

Volveré a ellos, porque conectan con una pregunta que a veces pasa por delante de mí pavoneándose y, aunque no parezca importante para que el mundo siga girando, a mí me parece interesante. El hecho de que me resulte así ya me hace sospechar que es algo que a la mayoría le importa un comino, y lo digo con esos términos por no ser grosero a estas horas. Es lo que hay y lo asumo, cancelan las series que me gustan, quitan de las estanterías los productos que compro, las cosas que me parecen una mierda son vistas por millones y las alaban como al puto traje nuevo del emperador (vaya, parece que sí es la hora de la grosería después de todo). Pero me acostumbro, cuando algo me toca en algún sitio más allá de la superficie, empiezo a sospechar que debe ser una de esas cosas que casi todos mirarán con extrañeza.

En este caso la pregunta es vieja y de refilón tiene que ver con musas, otra vez. “¿Cuál es la verdadera madre de la buena creación, la alegría o la tristeza?” Leer todo

Los cuatro motivos por los que un escritor escribe, según George Orwell

Este es orwell lo parezca o no

Las mentes afiladas, tanto como para cortar la niebla que hay alrededor, me fascinan, me dejan atrapado, indefenso y, faltaría más, envidioso hasta el punto del puñetazo en la mesa. Eric Arthur Blair poseía una de esas mentes, A Eric se le conoce más por George Orwell y escribió 1984 o Rebelión en la granja.

Una de las facetas que más me atraen sobre estos escritores en cuando se ponen a razonar y pensar sobre la vida y sus cosas, cosas como la escritura. Orwell se planteó, como muchos, por qué escribir, un acto que es casi antinatural desde un punto de vista neurológico y biológico.

Probablemente lo resumió bien en esta frase:

“Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el fondo de sus motivos se encierra un misterio”. Leer todo

La musa atada a una máquina

la musa encadenada

Aviso de que éste es uno de esos escritos sobre particulares obsesiones, llenos de citas a sesudos científicos que se empeñan en coger los mitos y encadenarlos a máquinas. Con eso, muchos de ellos mueren, pero a cambio obtenemos un conocimiento práctico sobre qué eran y cómo funcionaban. Las autopsias siempre fueron una de las maneras en las que se averigua más.

A mí me vale matar musas, como a la gallina de los huevos de oro, si con eso consigo los huevos siempre que quiero. Al fin y al cabo las musas son crueles, que las atrapemos a ellas y a su magia me parece un trato justo tras tanto tiempo jugando ellas con nosotros.

Porque de eso hablo aquí, de la musa, la creatividad, los mitos alrededor de ellas y cómo apoderarse de su magia a voluntad. O dicho de otro modo sin poesía, de cómo se puede ser más creativo; palabra de la ciencia. Leer todo

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.