La inevitable relación entre escritura y soledad

Escritura y soledad

Siempre me ha fascinado que muchas cosas importantes parecen estar unidas a otras muy distintas, con una relación sutil e inesperada en los matices. No me voy a poner filosófico con ejemplos, ya que no he bebido suficiente pintura hoy. Me voy a remitir sólo a una cosa, la relación indisoluble entre escritura y soledad.

Escribir se hace solo y, de hecho, los demás son un obstáculo para conseguirlo.

No soy el primero ni el mejor que habla de esto. Muchos que escribían bien ya notaron que una cosa y la otra estaban entrelazadas de una forma inevitable, con una relación de amor-odio entretejida ahí. “La soledad hace nacer a lo original en nosotros, a una belleza no familiar y peligrosa – a la poesía. Pero también nace lo opuesto: lo perverso, lo ilícito, lo absurdo”, decía Mann. Otros como Faulkner eran pragmáticos: “El único entorno que un artista necesita es cualquier paz, cualquier soledad y cualquier placer que pueda obtener a un coste no demasiado alto”. Pero quizá Patricia Higsmith fue la más directa y sencilla: “mi imaginación funciona mucho mejor cuando no tengo que hablar con gente”. Así podría pasarme estas líneas, copiando las de otros mejores y lo cierto es que no es mala forma.

La cuestión con la escritura y la soledad es que la una no puede existir sin la otra. Y como la primera es exigente, demanda todo lo que tengas y no promete nada a cambio, escribir es estar solo mucho tiempo.

Y he aquí que no estamos hechos para estar solos. Somos prácticamente idénticos a como éramos en la cueva y nuestra biología no entiende mucho de nuestras ideologías, filosofías y construcciones modernas con las que intentamos fingir que no bajamos del árbol ayer. Como se ve a menudo, 48 horas sin agua o luz son la delgada línea que nos separa de mostrar lo que llevamos grabado en un sitio primitivo y poderoso. Ahí, entre otras cosas, se encuentra también la incapacidad de estar solos.

A tal punto llegamos intentando evitarlo que la gente prefiere darse descargas eléctricas antes que quedarse a solas con sus pensamientos. Dos de cada tres hombres lo hizo en el estudio enlazado (hurra por nosotros), una de cada cuatro mujeres también y hubo un campeón que pulsó el botón 190 veces en los quince minutos. No formaba parte del experimento y asombró a los que lo realizaban. Curiosamente, en un momento anterior de dicho estudio, los mismos que se dieron la descarga por puro “hacer algo”, habían llegado a pagar para ahorrársela antes. Pero llegado el momento de enfrentarse a la soledad, muchos prefirieron suministrarse dolor físico, que siempre es el más sencillo. Otra de las conclusiones de ese estudio fue que, en general, el hecho de quedarnos quince minutos a solas con nuestra cabeza es una experiencia desagradable para la enorme mayoría.

No suelo ver nociones románticas ni heroicas en las cosas. El que corre hacia el fuego cuando los demás huyen puede ser el bombero, pero en general es el loco. Si escribes tienes que correr a la soledad, sentarte en medio de ella y hacer justo lo contrario que el resto. A lo mejor no es distinto de darte descargas, si lo miras bien.

No sé si la soledad puede ser amiga de alguien, imagino que no por el propio significado de la palabra, así que no es una relación de amantes. Sentarte a escribir en medio de la soledad es la gran burla que le haces. Vas hasta ella, te mira con extrañeza porque entras donde nadie lo hace, te acomodas justo en el centro y no sólo muestras que te da igual, sino que encima, cuando te levantas, te vas de allí con algo. Muchas veces es una mierda que no vivirá mucho, pero en otras ocasiones, quizá, merece la pena aunque sólo sea desde la perspectiva del loco.

A lo mejor resulta que como no estamos hechos para la soledad, no estamos hechos para escribir. Pero aún así nos sentamos y lo hacemos yendo en contra de la naturaleza que tenemos grabada en ese sitio hondo y primitivo. Bajamos del árbol ayer y no somos nadie, pero sí esos capaces de cualquier cosa, hasta escribir, con tal de perseguir quimeras.

El lobo es cazado por todos y está tan solo como el artista

El lobo es cazado por todos y está tan solo como el artista

20 preguntas sobre libros

20 preguntas sobre libros

No hace mucho me llegó un correo en el que me retaban a responder a un test literario. Le eché un vistazo sin esperar mucho y al final me pareció curioso. 20 preguntas sobre libros, lecturas y similares.

Me decidí a hacerlo finalmente y este es el resultado de mi test literario. Leer todo

Relato. La carretera y la musa

Relato. La carretera y la musa.

Casi siempre empieza de la misma manera, queriendo algo sencillo.

“Voy a poner un relato en la web hoy”, me digo, porque hace tiempo del último. Luego veo que tiene unas 2.600 palabras y pienso, “es un poco largo para ponerlo tal cual”. Entonces se me ocurre que mejor una versión para libro electrónico, pero en realidad tienen que ser dos, una para Kindle y otra para el resto. Luego viene el hecho de que no lo voy a dejar huérfano de portada, debería, porque es un pequeño relato y no importa, pero soy un blando. Así que una portada, aunque sea sencilla. Será sólo un momento.

Y así empieza, queriendo ser sólo una cuestión de 5 minutos, y así acaba, dándome cuenta de que otra vez el reloj me ha adelantado, como la tortuga a la liebre de la fábula. Pero bueno, ya soy bastante viejo como para saber qué peleas tengo perdidas con estas cosas, así que sólo puedo abrazarlas.

El caso es que he aquí un relato para descargar en formato de libro electrónico, tanto Epub como Mobi. Es un relato breve, unos pocos minutos de lectura. Más abajo en esta página también está el texto íntegro, por si alguien no tiene lector o ganas de descargarlo.

Se titula “La carretera y la musa”, porque nunca tuvo título y soy malo sacando algo bueno de la chistera con poco tiempo. Leer todo

Los seis días de furia de Robert L. Stevenson

Doctor Jekyll y Mr Hyde

Muchas películas o series reflejan mal al escritor y su trabajo, pero reflejan muy bien los mitos que nos atraen, porque también son los que venden.

No hace demasiado veía una serie en la que el protagonista, escritor maldito basado sin ningún rubor en Bukowski, se sacaba de la manga una obra maestra tras unas cuantas noches sin dormir. Por supuesto tecleaba en máquina de escribir y una botella de Jack Daniels era compañera fiel.

Aunque eso era ficción, de vez en cuando algunos gustan de perpetuar el mito y viene Jack Kerouac a decirte que él escribió En el camino en tres miserables semanas. Que no comprende por qué te cuesta tanto. Y luego te dice que se convirtió, así como sin querer, en el icono de una época que parecía mejor, como siempre parecen las pasadas. Leer todo

La portada de la próxima novela

Portada de perdimos la luz

Hoy voy a ser breve, para variar un poco. He aquí la portada definitiva de la novela que saldrá este mismo mes de septiembre.

El título es Perdimos la luz de los viejos días. Se trata de una novela corta y en cuanto al género, soy de esos que piensa que cada vez que se habla de géneros en literatura, dios (no sé cuál), mata un gatito.

En cuanto a un par de preguntas que me han hecho, pues estas son las respuestas que tengo.

¿Cuándo sale exactamente? Pues este mes, pero no puedo decir día exacto.

¿En qué formatos? Pues en el papel de toda la vida y en formato digital. En principio y como mínimo creo que estará en Amazon, la tienda Apple y Lektu.

Y poco más porque cuando es sobre mí, soy parco. Aquí abajo está la portada. Leer todo

La carta de Camus a su maestro

Albert Camus y la carta a su maestro

Iba a escribir sobre algo completamente distinto, pero hoy en Twitter pasó por delante un artículo que explicaba (más o menos) lo mismo que iba a decir; así que lo dejé correr con esa sensación de que, en Internet, todo parece que ya lo ha dicho alguien antes. Y seguramente mejor.

Al final escribir siempre encuentra la manera de salir, a veces a través de las palabras de otros. Hace algunas entradas comentaba en esta misma web sobre las cartas, ese pedazo del pasado que, para variar, sí me gusta. Hace tiempo también, leí una carta de Albert Camus y me dije que un día tendría que ponerla en español, para que el que pasara por aquí pudiera leerla. Leer todo

El zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury

El zen en el arte de escribir, de Ray Bradbury

Antes yo era el tipo que siempre llegaba a tiempo, lo que en realidad significa el tipo que siempre tenía que esperar. Alguien me corrompió y ya no suele ser así. Ahora, en ocasiones, no llego a tiempo, pero todas las veces sigo siendo el tipo que siempre tiene que esperar.

Todo a cuento de que tal día como hoy nació Ray Bradbury y quería hablar un poco sobre él e iba a llegar tarde al cumpleaños. Pero no me caía mal ese tipo que era yo y siempre llegaba a tiempo, así que al final esto va a coincidir con el aniversario de Ray. Leer todo

Matadero 5. Así fue.

Matadero 5. Kurt Vonnegut

Anoche terminé el libro Matadero 5 de Kurt Vonnegut. Puedo decir que me gustó. Independientemente de la historia, hay una manera de escribir por parte de los grandes que los diferencia del 90% de libros que ves en El Corte Inglés.

No puedes apuntar exactamente qué es y ese “algo” no se parece de uno a otro y ni siquiera gusta a todos (si lo hace, no es grande). De hecho, puede que ni siquiera te encaje a ti mismo, pero lo reconoces, está ahí. Sabes que, sea buena o mala la historia, hay una manera particular de contarla que atrae por sí misma.

A lo mejor es que el estilo lo es todo, que dijo aquel. Leer todo

La carta de los diecisiete años después

La carta de Bukowski

No me gusta el pasado. No voy a animar en su favor si alguna vez se mete en una pelea. Puedo reconocer su utilidad y todo eso, pero no significa que me guste. Está bien donde está, pero tiene la maldita manía de meter su zarpa en el presente, de dirigir el futuro como si siempre tuviera algo que decir cuando ni siquiera existe. No me gusta esa clase de gente.

A veces me tropiezo con conocidos que vivían en dicho pasado y puede que fuera mejor o peor (hubo pasados que recuerdo buenos) pero no siento nostalgia ni ganas de repetir siquiera los mejores.

Alguna vez me han dicho sobre cenas de compañeros de colegio y cosas así y a mí no me parece que exista infierno peor. He visto a alguna gente que se quedó atorada allí cuando te ven, que sólo te hablan (muy rápido durante el poco tiempo que les das) de cosas lejanas que no recuerdas. Y yo pienso que se han quedado atrapados en un sitio terrible. Leer todo

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.