Feliz cumpleaños, Hemingway

Feliz cumpleaños, Hemingway

Hoy, Ernest Miller Hemingway cumple 115 años, celebrándolo donde las leyendas viven y espero que aún se puedan emborrachar.

Siempre recuerdo el 21 de julio. “Papa” sobrevivió a metralla de mortero, un balazo en la pierna, anthrax, malaria, neumonía, disentería, cáncer de piel, hepatitis, diabetes, cuatro accidentes de coche y dos de avión. Supongo que al final sólo Hemingway podía acabar con el propio Hemingway, después de que la vida lo intentó cien veces y lo consiguió ninguna.

Hoy calmamos la adicción a la adrenalina con deportes de riesgo que no lo tienen y vacaciones de aventura prefabricada. Ya no son los tiempos (y si lo fueran no lo haríamos) de echar a un león de un bar porque se cagaba o de arrancarse la insignia de no combatiente en una guerra y que ese corresponsal, de manera poco explicable, tuviera una unidad propia de combate, con el doble de alcohol y armas que el resto.

Ese era Hemingway, ese y el que escribió:

“Cuando llegaba la primavera, incluso si era una primavera falsa, la única cuestión era encontrar el lugar donde uno pudiera ser más feliz. Lo único que podía arruinarte el día era la gente, y si podías evitar los compromisos, el día no tenía límites. La gente era lo que te limitaba la felicidad excepto por los muy pocos que eran tan buenos como la primavera misma”.

[...]

“Comimos bien y barato y bebimos bien y barato y dormimos bien y cálidos juntos y nos amamos”.

Relato. Página 115

Relato - Página 115

No soy fan del pasado y la nostalgia me aburre enseguida, pero a veces visito a ambos. A veces veo textos viejos y en general me horrorizo. Luego veo otros y encuentro cualidades redentoras más allá de que fueran un mal necesario.

A veces también los retoco como el artesano al cuco. Nunca me olvidé de este relato que hoy vuelve de nuevo, pero sí olvidé los muchos años que hace que lo escribí. Diría seis, pero apostaría a siete u ocho.

No importa, cumple muchos años igual que su protagonista, pero ahora vive un poco otra vez. Leer todo

Cisnes negros

Un cisne negro, obviamente

Me gusta Nassim Nicholas Taleb, me parece un pensador profundo al que leo para comprender cómo son las cosas de verdad y también para aprender a pensar mejor. Y es que pensar es algo costoso, pero ese es otro tema.

También me gusta porque no suele tener reparo en expresar sus opiniones de manera tajante. Casi todas, por no decir todas esas opiniones, son contrarias a lo que piensa la mayoría. Sólo por ese hecho acierta mucho más de lo que falla y me gusta hasta cuando exagera, me pongo a su favor aunque sepa que lo que dice hace aguas. ¿Por qué? Porque siempre he sido así y porque oigo tantas veces las mismas cosas (tonterías), que sólo por escuchar algo distinto ya me parece valioso.

Nassim es “famoso” por su libro El cisne negro, donde desarrolla el concepto del mismo nombre que introdujo por primera vez en su obra Engañados por la aleatoriedad. Leer todo

El cañón de la escopeta de Hemingway

Ernest Hemingway

Un 2 de julio Ernest Hemingway cogió su escopeta y se descerrajó un tiro para acabar con su vida. En las últimas horas de un 5 de julio yo me pongo a escribir sobre él, en vez de hacerlo en el aniversario como casi todos. Supongo que no uso el avatar del Sombrerero Loco porque sí, así que no me voy a poner a celebrar los aniversarios cuando toquen.

¿Y qué voy a decir sobre Hemingway que no se haya dicho ya? O mejor dicho, ¿qué voy a decir que no haya dicho él mismo mucho mejor que yo y que nadie? Pues nada, así que sólo se me ocurren tres cosas y que sea él quien las cuente. Leer todo

El poder de la vergüenza

demostenes

Buscamos el poder en sitios equivocados. Creemos que se nos va a conceder con un resplandor de gloria, haciendo cosas espectaculares en sitios exóticos. Igual que en las películas, todo acabará en una epifanía con la que nos convertimos en un héroe nuevo, en una mejor versión de nosotros.

Pero lo cierto es que el verdadero poder es lento y se adquiere a través de las cosas aburridas y feas. No hay grandes momentos en los que cambiamos de repente de gusano a mariposa. Si hemos puesto suficiente trabajo, un día, sin darnos cuenta y sin un aparente porqué, descubrimos que somos algo más pacientes, algo más valientes, extraemos mejores acordes o no da asco cómo escribimos o hablamos. Y miramos hacia adelante y todavía queda mucho.

Cualquiera que crea que va a cambiar de repente con grandes ritos de iniciación, tras leer el libro del que todos hablan o a través de una gran experiencia mágica y puntual, se está dejando llevar por el mito. Leer todo

El retrato del marqués y el dolor

Lafayette, ya estamos aquí

En 1825, un pintor de cierto renombre fue contratado por la ciudad de Nueva York. Su misión era realizar un retrato del Marqués de Lafayette, principal apoyo francés a los norteamericanos durante su guerra de independencia.

Mientras estaba allí realizando su encargo, un mensajero a caballo trajo una carta de su padre en la que le comentaba que su mujer estaba convaleciente. Al día siguiente otro mensajero trajo otra carta, en ella se le informaba de que su mujer había muerto. En estado de shock, el pintor viajó hasta su casa y al llegar comprobó que ya habían enterrado a la mujer que amaba. Había llegado tarde para el consuelo y también para la despedida. Así que el pintor, destrozado, ya no se detuvo hasta crear su mejor obra. Leer todo

Otra batalla perdida

Es un homenaje, Jack, no te lo tomes a mal

Siempre he querido simplificar, hacerlo todo más sencillo, con menos cosas. Me atrae el minimalismo, pero es una meta imposible, uno de esos ideales frustrantes.

La imagen de arriba es de uno de los programas que uso para escribir, acapara toda la pantalla y sólo puedes hace eso, escribir. Sin distracciones, sin avisos o miles de botones para dar un formato irrelevante. También puede centrarse sólo en la frase con la que estás, difuminando el resto del texto. Lo compré buscando esa simplicidad y sí, hay mucha ironía en esa frase. Leer todo

Nadie tiene ni idea de lo que está haciendo y yo menos

Nadie tiene ni idea y yo menos

Cuando era crío, pensaba que la mayor mascarada de los adultos era la de los Reyes Magos. Cuando crecí, me di cuenta de que en realidad es la de que alguien tiene alguna idea de lo que está haciendo.

Todos vamos por ahí disimulando como podemos, pero nadie sabe nada. Algunos creen que saben, pero es peor. Escuché la eterna promesa de “cuando seas mayor comprenderás las cosas” y me topé con el Mago de Oz sin necesidad de seguir las baldosas amarillas, humo y espejos.

Todo esto a cuento de estar haciendo un artículo mercenario sobre escritura y escritores, sobre consejos y rituales de los grandes. Cuando aprendes sobre ellos pronto ves que uno recomienda una cosa y otros tres la contraria y así todos, hasta que no queda resquicio por contradecir. Unos escriben por la mañana, otros a la luz de las velas, otros desnudos, otros en hoteles. Nadie tiene la fórmula ni el secreto, nadie tiene ni idea, fueron lanzando flechas a la oscuridad a ver que se quedaba clavado y encontraron lo que pudieron.

Y está bien que no haya respuesta, inquietante, pero bien. Cada uno lo hace de la mejor manera que cree e intenta no tropezar con los muebles. Y así, a veces, se llega a sitios. Leer todo

Una simple nota al margen

Ella Wheeler Wilcox

Esta es sólo una breve historia, una nota al margen nacida porque me dedico a hacer casi todo excepto lo que debo.

Estaba pensando cómo resolver algo importante y pasó por Twitter la imagen de un libro, que el escritor comenzaba con una cita y la cita era:

Ríe y el mundo ríe contigo;
Llora, y llorarás solo.

Y como pie de cita le había atribuido la autoría a Old boy, la excelente película coreana. En la película se dicen las frases, pero ese no es el origen, es de la escritora Ella Wheeler Wilcox y no, no me las voy a dar de sabio diciendo que conocía el nombre de Ella, pero sí sabía que no era de la película y lo he buscado. Creo que merece dejar aquí esta nota, por si alguien, algún día, pasa por aquí y siente curiosidad. Leer todo

Por qué escribimos

Por qué escribimos

Toda la (poca) paciencia que tengo es impuesta. Por los demás, por las circunstancias, por cómo funcionan las cosas… Si por mí fuera, lo querría todo y ya.

No puedo hacer las paces con el tiempo, cometo el error de verlo como un enemigo y supongo que, paradójicamente, el propio tiempo curará eso, pero de momento no es así. Soy impaciente y eso me crea problemas, pero no serlo me crearía más, sería más indolente y haría menos, que me conozco. El día en que no me importe el paso del tiempo, sé que lo perderé a manos llenas.

Todo esto como introducción (y excusa) para un pequeño extracto de un artículo escrito para cierta revista cultural con la que colaboro.

No estoy muy seguro de cuando saldrá, les gusta trabajar con tiempo y con método y está bien, es parte de lo que les hace buenos.

El artículo se titula “Por qué escribimos” y he aquí ese breve extracto. Leer todo

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.