Matadero 5. Así fue.

Matadero 5. Kurt Vonnegut

Anoche terminé el libro Matadero 5 de Kurt Vonnegut. Puedo decir que me gustó. Independientemente de la historia, hay una manera de escribir por parte de los grandes que los diferencia del 90% de libros que ves en El Corte Inglés.

No puedes apuntar exactamente qué es y ese “algo” no se parece de uno a otro y ni siquiera gusta a todos (si lo hace, no es grande). De hecho, puede que ni siquiera te encaje a ti mismo, pero lo reconoces, está ahí. Sabes que, sea buena o mala la historia, hay una manera particular de contarla que atrae por sí misma.

A lo mejor es que el estilo lo es todo, que dijo aquel. Leer todo

La carta de los diecisiete años después

La carta de Bukowski

No me gusta el pasado. No voy a animar en su favor si alguna vez se mete en una pelea. Puedo reconocer su utilidad y todo eso, pero no significa que me guste. Está bien donde está, pero tiene la maldita manía de meter su zarpa en el presente, de dirigir el futuro como si siempre tuviera algo que decir cuando ni siquiera existe. No me gusta esa clase de gente.

A veces me tropiezo con conocidos que vivían en dicho pasado y puede que fuera mejor o peor (hubo pasados que recuerdo buenos) pero no siento nostalgia ni ganas de repetir siquiera los mejores.

Alguna vez me han dicho sobre cenas de compañeros de colegio y cosas así y a mí no me parece que exista infierno peor. He visto a alguna gente que se quedó atorada allí cuando te ven, que sólo te hablan (muy rápido durante el poco tiempo que les das) de cosas lejanas que no recuerdas. Y yo pienso que se han quedado atrapados en un sitio terrible. Leer todo

Días extraños

Días extraños

Ese era el título de una película que quise que me gustara, pero me dejó un poco frío y es que estos siguen siendo días un poco raros y perezosos que van hacia ninguna parte. Para mí eso fueron siempre los veranos desde que ya no recuerdo ser un crío. Pueden ser mejores o peores, se arrastran lentos e Internet se queda desierta. En estos días escribo yo también hacia ninguna parte y de nada en concreto.

Todo el que pasa por aquí sabe que más temprano que tarde se va a encontrar pelos de la barba de Hemingway. Una vez dijo algo que se perpetuó.

“El mundo rompe a todos y después, algunos son más fuertes en esos sitios que se rompieron”.

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Verano en la ciudad

Hot town, summer in the city

Cuando era pequeño me gustaba Joe Cocker, a saber cómo se llama esa tara en psicología. Y aunque no soportaba Unchain my heart, me encantaba Summer in the city. Luego te enteras de que la canción original no es suya, sino algo más antigua (si es que hay algo más antiguo que Cocker) y la crearon los Lovin’ Spoonful. En fin, esas son las decepciones infantiles que me empujaron al barro y no las de los Reyes Magos.

El caso es que éste es un verano en la ciudad igual que el que lo precedió. También iba a ser un verano de escritura igual que aquel, pero lo cierto es que aunque escribo cada día sin fallar, todo son lo que llamo relatos a ninguna parte. Historias cortas que a saber dónde terminarán y que no tengo intención de mover, publicar o dejar que alguien (aparte de la parte que me dice que nos hemos coronado con semejante basura) los lea. ¿Por qué los escribo entonces? Porque tengo que. Leer todo

La carta al hombre que perdió la fe en los hombres

E.B. White carta al hombre que perdió la fe en la humanidad

Cuando el diablo no tiene nada que hacer, lee. Y yo tengo una especial debilidad por las cartas.

No conocía el libro Letters of note de E.B. White, famoso por algunos libros infantiles y por su Elements of style. Se dice de White que era un excelente escritor de cartas.

El 30 de marzo de 1973 un hombre preocupado le escribió, pues había perdido la fe en la humanidad. White siempre creyó que el escritor tenía una responsabilidad de ser todo lo bueno en su arte que pudiera y no interpretar la vida solamente, sino darle forma. También creía en que debían dar esperanza a los demás. Por eso he tenido curiosidad por la respuesta de White a ese hombre, para ver si, a los 74 años y con mucha más vida a sus espaldas que ante él, cumplió el cometido que siempre enarboló.

Que cada uno juzgue con esta traducción informal que he hecho como mejor he podido, porque quien escribe tiene el deber de hacerlo bien. Leer todo

Relato. El sentido de la vida

Relato. El sentido de la vida.

Silvio, que nunca lo buscó y no tuvo el más mínimo interés, conoció el sentido de la existencia cuando vio un billete de 5 euros en el suelo. Se agachó a por él, el pantalón cedió por el culo, se desgarró y a la vez también lo hizo la cortina de ilusión que cubre la realidad. Los dos rotos hicieron el mismo ruido. Silvio pudo ver por la abertura al otro lado de lo que existe y comprendió.

Había un sentido y un propósito, piezas que encajaban en un engranaje imposible, de metal injertado en carne. Éste se elevaba y retorcía en mil direcciones, ocupando todo y moviendo la existencia tras el telón que se había rajado. Infinidad de destellos cegadores y pequeños se afanaban alrededor de la maquinaria, manejándola, manteniéndola, cumpliendo como luciérnagas el esquema de las cosas. Eso y cien imposibles más vio en un segundo por la rendija descosida. Silvio se alzó, se puso la mano en el trasero para taparse el roto y la cortina rasgada se cerró, cosida en un instante por esas luces. Miró su mano y era cinco euros más rico. Su cabeza recordó lo que había visto y se sentó en el suelo allí mismo, bajo muecas raras de los que pasaban y le esquivaban.

Miraba a su billete, miraba a la nada. Silvio descubrió que había un sentido. Lo que millones buscaron y ninguno encontró, él pudo verlo cuando se le rompió el pantalón por detrás y con el pantalón la realidad.

Y luego se hizo un ovillo en la misma acera queriendo llorar y que no le levantaran. “¿Está bien? ¿Le ocurre algo?” Preguntó alguno. ”Que todo encaja”, respondió. Y el alguno que preguntaba se marchaba con el ceño encogido, haciendo gestos a otros que pasaban. ”Está loco”, oyó susurrar. A Silvio le daba igual porque había un propósito, no éramos capricho de un azar destinado a la nada tras un breve suspiro en este mundo.

Pero que hubiera un sentido no significaba que fuera bueno. Porque pudo ver el rostro del titiritero tras el telón y sonreía, con los colmillos manchados de sangre.

En septiembre, novela. Y vuelvo a casa

Novela Perdimos la luz de los viejos días

A lo mejor debería haber escrito esto antes, a lo mejor cuando aún quedara alguien a la luz de los ordenadores y no del sol, pero bueno.

Para septiembre publico nuevo libro. Iba a ser para finales de julio, pero al final no pudo ser y, dado que el mundo editorial camina como si todos los días fueran verano, pues para septiembre. Me parece bien, más tiempo para querer acuchillarnos por correcciones, portadas y demás.

Se trata de una novela corta titulada Perdimos la luz de los viejos días. En abril de este año se falló el Premio Oscar Wilde de novela corta y no gané, pero les gustó la historia y decidieron conceder un accésit, palabra elegante para decir segundo.

Lo de volver a casa es una metáfora perezosa hasta para mí, porque la editorial es la primera que me publicó unos relatos allá por 2007, Ediciones Irreverentes.

Más de 7 años después, a ver quién niega que el tiempo es un cabrón rápido.

Pues ya está, que soy breve y espartano para estas cosas. Sigamos al sol que yo también lo estoy, es el de otro verano en la ciudad escribiendo y repasando. Es una luz algo ingrata y un calor que el Mediterráneo hace pegajoso, pero encierra un cierto algo, masoca y distinto.

Feliz cumpleaños, Hemingway

Feliz cumpleaños, Hemingway

Hoy, Ernest Miller Hemingway cumple 115 años, celebrándolo donde las leyendas viven y espero que aún se puedan emborrachar.

Siempre recuerdo el 21 de julio. “Papa” sobrevivió a metralla de mortero, un balazo en la pierna, anthrax, malaria, neumonía, disentería, cáncer de piel, hepatitis, diabetes, cuatro accidentes de coche y dos de avión. Supongo que al final sólo Hemingway podía acabar con el propio Hemingway, después de que la vida lo intentó cien veces y lo consiguió ninguna.

Hoy calmamos la adicción a la adrenalina con deportes de riesgo que no lo tienen y vacaciones de aventura prefabricada. Ya no son los tiempos (y si lo fueran no lo haríamos) de echar a un león de un bar porque se cagaba o de arrancarse la insignia de no combatiente en una guerra y que ese corresponsal, de manera poco explicable, tuviera una unidad propia de combate, con el doble de alcohol y armas que el resto.

Ese era Hemingway, ese y el que escribió:

“Cuando llegaba la primavera, incluso si era una primavera falsa, la única cuestión era encontrar el lugar donde uno pudiera ser más feliz. Lo único que podía arruinarte el día era la gente, y si podías evitar los compromisos, el día no tenía límites. La gente era lo que te limitaba la felicidad excepto por los muy pocos que eran tan buenos como la primavera misma”.

[...]

“Comimos bien y barato y bebimos bien y barato y dormimos bien y cálidos juntos y nos amamos”.

Relato. Página 115

Relato - Página 115

No soy fan del pasado y la nostalgia me aburre enseguida, pero a veces visito a ambos. A veces veo textos viejos y en general me horrorizo. Luego veo otros y encuentro cualidades redentoras más allá de que fueran un mal necesario.

A veces también los retoco como el artesano al cuco. Nunca me olvidé de este relato que hoy vuelve de nuevo, pero sí olvidé los muchos años que hace que lo escribí. Diría seis, pero apostaría a siete u ocho.

No importa, cumple muchos años igual que su protagonista, pero ahora vive un poco otra vez. Leer todo

Cisnes negros

Un cisne negro, obviamente

Me gusta Nassim Nicholas Taleb, me parece un pensador profundo al que leo para comprender cómo son las cosas de verdad y también para aprender a pensar mejor. Y es que pensar es algo costoso, pero ese es otro tema.

También me gusta porque no suele tener reparo en expresar sus opiniones de manera tajante. Casi todas, por no decir todas esas opiniones, son contrarias a lo que piensa la mayoría. Sólo por ese hecho acierta mucho más de lo que falla y me gusta hasta cuando exagera, me pongo a su favor aunque sepa que lo que dice hace aguas. ¿Por qué? Porque siempre he sido así y porque oigo tantas veces las mismas cosas (tonterías), que sólo por escuchar algo distinto ya me parece valioso.

Nassim es “famoso” por su libro El cisne negro, donde desarrolla el concepto del mismo nombre que introdujo por primera vez en su obra Engañados por la aleatoriedad. Leer todo

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.