Cómo se hizo “Perdimos la luz de los viejos días” (IV). Al terminar de escribir.

Cómo se hizo Perdimos la luz. Reescribir.

Ah, los gozos de tener más de dos mil palabras escritas sobre esto y perderlas todas. Sobrevivió lo que decía sobre géneros literarios y el resto, el resto se perdió, en el mismo limbo de los héroes que no lo consiguieron o los calcetines que entran en la lavadora y ya no salen. A mí eso nunca me ha pasado porque soy raro y mi lavadora también, pero me lo han contado mucho. En fin, que perder un buen rato de escritura es una experiencia muy recomendable.

El caso es que mi magnífica memoria hace que no recuerde nada de lo que escribí entonces y tampoco qué he comido hoy. Así que he aquí una cuarta parte de este cómo se hizo y, probablemente, última.

Escribir también tiene que ver con ese extraño momento de después de hacerlo. Cuando pones las tres letras de FIN y yo las pongo, sientes un extraño alivio y luego la sensación de que, en realidad, queda todo por hacer y ya volcaste todo lo que tenías. Leer todo

Escritor y mercenario

Escritor y mercenario

Nunca he negado que con las palabras soy un mercenario, escribo para mí y para otros. He escrito ciertas cosas que no puedo revelar y serían difíciles de imaginar, de hecho. Pero entre lo que sí puedo, he querido recopilar algunos escritos que han aparecido en otros sitios que no son éste.

Uno de mis lugares favoritos para garabatear es el fenomenal blog “La piedra de Sísifo”. La dedicación incansable de su creador, Alejandro Gamero, me llena de envidia y no de la sana, esa no existe. Si no visitas ese sitio a menudo, no sé qué estás haciendo por Internet, la verdad (y no quiero saberlo, pero me lo imagino, así que ve antes de que te quedes ciego).

Allí hablo sobre todo de libros y de quienes los escriben, buscando la parte que suele haber entre las líneas. En esta página están todos los artículos que he escrito. Leer todo

Tiempo de reseñas para Perdimos la luz de los viejos días

Reseña para Perdimos la luz de los viejos días

No voy a decir que me encante que reseñen lo que escribo. Sea bueno o malo lo que digan siempre lo leo un poco en diagonal y por encima. Una vez he hecho algo y hecho está, no me gusta remirarlo, así que, como curiosidad, tampoco releo nada mío que ya no pueda cambiar. ¿Ese libro impreso que me envió la editorial no hace mucho? No sé, no lo he abierto, igual son fotos de gatos.

Pero el tiempo de reseñas llega y las primeras para Perdimos la luz de los viejos días ya están aquí. De momento soy afortunado pues lo han tratado bastante más que bien. Supongo que de todo habrá en el futuro, pero por el momento es muy bueno así que, como dijo una antigua profesora de literatura, es de bien nacido ser agradecido.

He aquí los enlaces a las reseñas y algunos extractos de las mismas. Cuando tenga tiempo (que en realidad siempre significó “cuando venza a la pereza”), pondré esta información también en la web de la novela. Leer todo

Muerte al género literario

Géneros literarios

Hoy iba a escribir la cuarta parte de ”Cómo se hizo Perdimos la luz de los viejos días”, una parte que ya se sale de la mera creación de la novela y empieza a meter el pie en otras aguas. Las que hay tras el fin de una historia.

Pero como ya iba por mil seiscientas palabras y subiendo, he decidido parar, cortar y cambiar de tercio.

Así que hoy hablo por separado de uno de los temas que iban incluidos en ese otro escrito. El tema de los géneros literarios, un tema que me “““encanta”””, y por si no hay comillas suficientes, sí, es ironía. Leer todo

Cuándo se da uno cuenta de que lo que escribe es “publicable”

Como saber cuándo algo es publicable

No voy a ser yo el que niegue que a veces mi tendencia a la obsesión con cosas que cruzan por delante me puede y me atrapa. Hace un par de días alguien me preguntó lo siguiente en un comentario de la web:

Yo también escribo, o eso intento. Mezclando situaciones reales con mis pensamientos más profundos. Mi pregunta para ti es…
¿Cuándo te diste cuenta que tus relatos eran publicables?
Y no me digas que cuando tu gente cercana te lo comenta.
Gracias y enhorabuena.

No soy quién para responder a esa pregunta, pero quizá por la dicha obsesión, porque me hace pensar o porque la chica se llamaba como mi sobrina, ahí estuve dos días escribiendo y borrando, escribiendo y borrando. Al final hice lo que hago, hablar sin decir demasiado y al final decidir detenerme en un punto, el que fuera, porque si no todo es una rueda de hámster.

Y me quedó esta respuesta que expongo aquí, más larga de lo que pensaba y a la que hice marchar con su hatillo hacia ninguna parte, muy a tono con lo que escribo últimamente. Leer todo

Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz…” (3). Qué es real y qué no

Cómo se hizo Perdimos la luz 3

Creo que fue Vargas Llosa en su Cartas a un joven novelista el que dijo que la realidad puede ser un buen principio para una historia, pero nunca puede ser su final. Hemingway también era partidario, como táctica para vencer a la hoja en blanco, de empezar con una frase cierta, con una cosa que fuera real. A partir de ahí, ya se podía construir algo, porque era una base sólida y tangible sobre la que edificar una historia, por fantástica que acabe siendo.

De un modo inevitable, cierta gente que me lee y también me conoce, examina los párrafos intentando ver qué hay de real en lo que escribo, quién es el héroe y el malvado, quién la chica y quién el asesino.

Yo, como creo que hacen todos los que escriben, uso pequeñas cuñas de realidad que inserto en la fantasía de una historia que escribo. Esas cuñas, hechas del mismo material que la verdad, dan solidez, dan consistencia a una historia, le otorgan esa cualidad tangible que ha de tener. Pero también es cierto que construir toda la torre con realidades la dejaría sin alma y sin fantasía.

Además, creo que el buen contador de historias no plasma la realidad como es. Siempre la moldea, sube o baja el volumen de situaciones o aspectos reales hasta distorsionarlos. En definitiva, los modifica, les añade detalles inventados y los convierte en otra cosa. Pero sí, creo que siempre hay un pequeño porcentaje de realidad en las historias escritas. Un pedazo de diálogo aquí, una anécdota allá, una reacción allí al fondo a la derecha. Alterados y moldeados para que tomen la forma que quieres, pero con esencia real. Leer todo

Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz de los viejos días” (2). El proceso de escribir

El proceso de escribir

Sigo esta serie de artículos, que son una especie de remedo de ”Cómo se hizo” la novela Perdimos la luz de los viejos días. Había un montón de cosas que quería tocar hoy: desde la inspiración, hasta los géneros, pasando por herramientas de escritura y lo que ocurre después de terminar la historia. Pero al final todo eso son anotaciones a pie de página de lo importante, que es escribir. Es cierto que al final esa parte de la creación de la novela se podía resumir en lo que dije: te sientas y escribes. Pero supongo que eso no es hacer toda la justicia al proceso en sí y por eso voy a hablar más (léase divagar) sobre ello.

Esto no va de teorías sobre el héroe, el conflicto, el nudo, el estilo o el desenlace, es sobre lo que supone escribir.

Perdimos la luz de los viejos días no fue demasiado diferente del resto de mis historias. Si acaso, al ser más breve y quererla sencilla, me causó menos problemas, pero me los causó, porque si no, no hubiera merecido la pena. Leer todo

Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz de los viejos días” (1). Comienzos y caos

el norte lee Perdimos la luz

Soy un “voyeur”. Me gusta indagar en otros escritores y en cómo lo hacen o lo hacían. Leo sobre sus vidas, leo en las entrelíneas de esas vidas cómo trabajaban y, a cambio, soy muy celoso con la intimidad de lo que escribo. A veces patológico. Muchos que me conocen no saben que escribo y como es un acto solitario e íntimo, prácticamente nunca hablo de ello. No le digo a nadie si estoy escribiendo algo o el qué y, si alguien me sorprende haciéndolo y me pregunta qué escribo, la respuesta suele ser: “nada” o “una carta de amor”.

Pero por una vez y sin que sirva de precedente, decidí que levantaría un poco la cortina sobre la novela Perdimos la luz de los viejos días, que acaba de editarse. Así que en varios artículos (no sé si dos, tres o veinte, porque como se verá apenas planifico al escribir), hablaré de la creación de la novela entre bambalinas.

Por comparar con algo, sería una especie de caótico “Cómo se hizo…”. Hablaré brevemente de cómo escribo, dónde, con qué herramientas, cuánto tiempo duró todo… También de qué cosas son reales y figuradas en la historia (algunos me preguntan por esto y otros hacen asunciones, siempre erróneas, al respecto). En general hablaré de todo un poco lo que hay detrás de la historia, para que por una vez no haga falta leer las entrelíneas que a mí me gustan en otros. Leer todo

Por qué somos incapaces de ver nuestras erratas al escribir

Por qué no podemos ver las erratas

Quien escriba con asiduidad algo con más que un par de párrafos ya sabe cómo va esto y ya sabe cómo lo odia. Las malditas erratas, que se esconden tras las palabras y tú que miras cien veces y crees que está bien, pero no.

Llega el momento, alguien lee lo que has escrito y esa emoción que querías rozarle como no lo habían hecho nunca otros se resume en un: “aquí hay una errata”. Y por un segundo nada más importa y te preguntas si estás ciego o eres tonto y además es que no puede ser, que lo leíste cien veces y, como eres un obsesivo, lo leíste cien más y todo estaba bien, todo era perfecto, las palabras que moverían un mundo.

“También has escrito esto otro mal”.

Y así siempre. Leer todo

Relato breve. “Toda la verdad”

Libro gratis. La pregunta que importa.

Este relato inédito forma parte de La pregunta que importa y otros relatos, que se puede descargar gratis desde la salida de la novela Perdimos la luz de los viejos días. Pongo el relato aquí porque es el más breve de todos los que contiene el volumen y, además y curiosamente, es posible que quienes lean la novela hagan una sutil conexión y les suene algo.

Siempre he tenido la costumbre de escribir, prácticamente todo, en un mismo mundo entrelazado, con referencias y bromas internas que sólo entiendo yo. Pero es que a veces me atrae ese arquetipo de payaso malvado, que busca hacerse gracia antes de hacer gracia a los demás. Ese que siempre tiene ese gesto de pillar una broma que nadie más entiende. Nunca he conocido nada más enervante (o inquietante) que esa clase de payaso.

Y aquí está “Toda la verdad”, es muy breve, no llega a dos minutos de lectura. Leer todo

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.