Cuándo se da uno cuenta de que lo que escribe es “publicable”

Como saber cuándo algo es publicable

No voy a ser yo el que niegue que a veces mi tendencia a la obsesión con cosas que cruzan por delante me puede y me atrapa. Hace un par de días alguien me preguntó lo siguiente en un comentario de la web:

Yo también escribo, o eso intento. Mezclando situaciones reales con mis pensamientos más profundos. Mi pregunta para ti es…
¿Cuándo te diste cuenta que tus relatos eran publicables?
Y no me digas que cuando tu gente cercana te lo comenta.
Gracias y enhorabuena.

No soy quién para responder a esa pregunta, pero quizá por la dicha obsesión, porque me hace pensar o porque la chica se llamaba como mi sobrina, ahí estuve dos días escribiendo y borrando, escribiendo y borrando. Al final hice lo que hago, hablar sin decir demasiado y al final decidir detenerme en un punto, el que fuera, porque si no todo es una rueda de hámster.

Y me quedó esta respuesta que expongo aquí, más larga de lo que pensaba y a la que hice marchar con su hatillo hacia ninguna parte, muy a tono con lo que escribo últimamente. Leer todo

Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz…” (3). Qué es real y qué no

Cómo se hizo Perdimos la luz 3

Creo que fue Vargas Llosa en su Cartas a un joven novelista el que dijo que la realidad puede ser un buen principio para una historia, pero nunca puede ser su final. Hemingway también era partidario, como táctica para vencer a la hoja en blanco, de empezar con una frase cierta, con una cosa que fuera real. A partir de ahí, ya se podía construir algo, porque era una base sólida y tangible sobre la que edificar una historia, por fantástica que acabe siendo.

De un modo inevitable, cierta gente que me lee y también me conoce, examina los párrafos intentando ver qué hay de real en lo que escribo, quién es el héroe y el malvado, quién la chica y quién el asesino.

Yo, como creo que hacen todos los que escriben, uso pequeñas cuñas de realidad que inserto en la fantasía de una historia que escribo. Esas cuñas, hechas del mismo material que la verdad, dan solidez, dan consistencia a una historia, le otorgan esa cualidad tangible que ha de tener. Pero también es cierto que construir toda la torre con realidades la dejaría sin alma y sin fantasía.

Además, creo que el buen contador de historias no plasma la realidad como es. Siempre la moldea, sube o baja el volumen de situaciones o aspectos reales hasta distorsionarlos. En definitiva, los modifica, les añade detalles inventados y los convierte en otra cosa. Pero sí, creo que siempre hay un pequeño porcentaje de realidad en las historias escritas. Un pedazo de diálogo aquí, una anécdota allá, una reacción allí al fondo a la derecha. Alterados y moldeados para que tomen la forma que quieres, pero con esencia real. Leer todo

Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz de los viejos días” (2). El proceso de escribir

El proceso de escribir

Sigo esta serie de artículos, que son una especie de remedo de ”Cómo se hizo” la novela Perdimos la luz de los viejos días. Había un montón de cosas que quería tocar hoy: desde la inspiración, hasta los géneros, pasando por herramientas de escritura y lo que ocurre después de terminar la historia. Pero al final todo eso son anotaciones a pie de página de lo importante, que es escribir. Es cierto que al final esa parte de la creación de la novela se podía resumir en lo que dije: te sientas y escribes. Pero supongo que eso no es hacer toda la justicia al proceso en sí y por eso voy a hablar más (léase divagar) sobre ello.

Esto no va de teorías sobre el héroe, el conflicto, el nudo, el estilo o el desenlace, es sobre lo que supone escribir.

Perdimos la luz de los viejos días no fue demasiado diferente del resto de mis historias. Si acaso, al ser más breve y quererla sencilla, me causó menos problemas, pero me los causó, porque si no, no hubiera merecido la pena. Leer todo

Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz de los viejos días” (1). Comienzos y caos

el norte lee Perdimos la luz

Soy un “voyeur”. Me gusta indagar en otros escritores y en cómo lo hacen o lo hacían. Leo sobre sus vidas, leo en las entrelíneas de esas vidas cómo trabajaban y, a cambio, soy muy celoso con la intimidad de lo que escribo. A veces patológico. Muchos que me conocen no saben que escribo y como es un acto solitario e íntimo, prácticamente nunca hablo de ello. No le digo a nadie si estoy escribiendo algo o el qué y, si alguien me sorprende haciéndolo y me pregunta qué escribo, la respuesta suele ser: “nada” o “una carta de amor”.

Pero por una vez y sin que sirva de precedente, decidí que levantaría un poco la cortina sobre la novela Perdimos la luz de los viejos días, que acaba de editarse. Así que en varios artículos (no sé si dos, tres o veinte, porque como se verá apenas planifico al escribir), hablaré de la creación de la novela entre bambalinas.

Por comparar con algo, sería una especie de caótico “Cómo se hizo…”. Hablaré brevemente de cómo escribo, dónde, con qué herramientas, cuánto tiempo duró todo… También de qué cosas son reales y figuradas en la historia (algunos me preguntan por esto y otros hacen asunciones, siempre erróneas, al respecto). En general hablaré de todo un poco lo que hay detrás de la historia, para que por una vez no haga falta leer las entrelíneas que a mí me gustan en otros. Leer todo

Por qué somos incapaces de ver nuestras erratas al escribir

Por qué no podemos ver las erratas

Quien escriba con asiduidad algo con más que un par de párrafos ya sabe cómo va esto y ya sabe cómo lo odia. Las malditas erratas, que se esconden tras las palabras y tú que miras cien veces y crees que está bien, pero no.

Llega el momento, alguien lee lo que has escrito y esa emoción que querías rozarle como no lo habían hecho nunca otros se resume en un: “aquí hay una errata”. Y por un segundo nada más importa y te preguntas si estás ciego o eres tonto y además es que no puede ser, que lo leíste cien veces y, como eres un obsesivo, lo leíste cien más y todo estaba bien, todo era perfecto, las palabras que moverían un mundo.

“También has escrito esto otro mal”.

Y así siempre. Leer todo

Relato breve. “Toda la verdad”

Libro gratis. La pregunta que importa.

Este relato inédito forma parte de La pregunta que importa y otros relatos, que se puede descargar gratis desde la salida de la novela Perdimos la luz de los viejos días. Pongo el relato aquí porque es el más breve de todos los que contiene el volumen y, además y curiosamente, es posible que quienes lean la novela hagan una sutil conexión y les suene algo.

Siempre he tenido la costumbre de escribir, prácticamente todo, en un mismo mundo entrelazado, con referencias y bromas internas que sólo entiendo yo. Pero es que a veces me atrae ese arquetipo de payaso malvado, que busca hacerse gracia antes de hacer gracia a los demás. Ese que siempre tiene ese gesto de pillar una broma que nadie más entiende. Nunca he conocido nada más enervante (o inquietante) que esa clase de payaso.

Y aquí está “Toda la verdad”, es muy breve, no llega a dos minutos de lectura. Leer todo

5 consejos de autores legendarios para escribir mejor (que sí funcionan)

Cada vez que veo un artículo sobre “cómo escribir mejor”, con consejos y técnicas, encojo el ceño y niego con la cabeza.

Muchos de los consejos, en éste y en cualquier ámbito, sufren de lo que se llama el “sesgo del superviviente”. El concepto es pesado de explicar a fondo, pero básicamente viene a significar que cualquier consejo bienintencionado que le funcionó a alguien, lo hizo porque era lo adecuado para ese momento y lugar exactos, para su carácter y para su situación concreta, compuesta de miles de matices que cambian cuando se refieren a otra persona. Por eso, cuando se trasladan muchos esos consejos a otras personas y situaciones, simplemente no funcionan, causan confusión y, muchas veces, hacen más mal que bien. Leer todo

Relato. “Debería retirarme”

Debería retirarme

El tiempo y yo no nos llevamos bien, quizá porque él tiene las de ganar y juega sucio. Utiliza esa combinación de días que a veces se arrastran lentos y de meses que siempre pasan rápido. Todo esto viene a que se me ocurrió mirar la fecha de este libro de la fotografía, que yo databa en, como mucho, dos años. Pues bien, dentro de unos meses hará cuatro que se publicó.

Antología del relato negro 3

Dentro de él hay un relato escrito por un servidor y que en su día se tituló “Asesino” (reboso originalidad en los títulos). En aquella Antología, cuando me ofrecieron participar, me comentaron el hecho de que, el tema que unía las historias era dar una vuelta de tuerca diferente al género negro. Que sí, que tratara de asesinos, de gentuza y de esos rincones oscuros, donde están lo peor de las personas y a veces las mejores historias, pero con un algo diferente.

Pues bien, como tras el tiempo recuperé los derechos del relato y era uno al que tengo cariño, dicha historia adquiere una segunda vida y la titulé: “Debería retirarme”. Una de las cosas positivas de la edición digital es poder recuperar esas historias y que se lean de nuevo cuando ya no se pueden encontrar.

Eso he querido hacer con este relato y tres más: uno inédito, uno que vio la luz aquí durante el último día del año pasado y, como cierre, el primer cuento que alguien tuvo la insensatez de publicarme en papel, “Esperar es lo que más odio“. De aquello hará 8 años dentro de unos meses y mejor no vuelvo a hablar mal del tiempo y su velocidad, porque siempre lleva las de ganar.

Al hilo de lo que comentaba ayer con Lektu, una iniciativa que me gusta, esos cuatro relatos están recopilados en una edición digital y están disponibles para descargar gratuitamente en dicha tienda. Y sólo ahí, como apoyo a la iniciativa y también a la novela Perdimos la luz de los viejos días.

Más de una vez algunos me han preguntado dónde o cómo pueden leerme y también alguna vez me han dicho que no hay manera de encontrar mis viejos relatos. Pues bien, he aquí una oportunidad.

Debería retirarme

Debería retirarme

La edición digital en España

La edición digital en España

Cada dos por tres alguien dice que es el final del libro y que estamos condenados. Pero lo cierto es que leer nunca fue algo mayoritario, como lo son la televisión o Internet, así que tampoco lo veo diferente ni los tiempos pasados fueron mejores. Gritamos muchas opiniones disfrazadas de conclusiones y no miramos a nuestro alrededor queriendo entender lo que pasa. La cuestión es que dentro de ese arte minoritario que es leer, hacerlo en dispositivos electrónicos es un pedazo aún más pequeño.

Por eso, hablar de edición digital hoy en España, al menos desde el punto de vista personal de éste que escribe, se puede reducir a una palabra: Amazon. Leer todo

Ya está disponible la novela Perdimos la luz de los viejos días

Novela perdimos la luz de los viejos días

Me temo que voy a ser breve, como casi siempre con estas cosas. Dije septiembre y lo es, aunque sea el último día. La cuestión es que ya está disponible la novela Perdimos la luz de los viejos días, que allá por abril de este año recibió el Accésit del Premio Oscar Wilde de novela breve.

También es cierto que, a la hora de escribir estas líneas, la distribución no es completa y a menos que estés por Madrid, aún quedará una semana aproximadamente (o eso me dicen) para poder encargarla en papel cualquier librería. Las versiones digitales ya están en las tres grandes tiendas (Amazon, Apple y Google) y pronto estarán en más plataformas. De hecho ya estaban desde hace unos días (e incluso alguien las compró y no sé ni quién ni cómo se enteró), pero prefería esperar al papel. Leer todo

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Siempre me gustó recibir cartas, así que, si quieres, escríbeme un mensaje, me alegrarás aunque a veces no lo reconozca. Caigo un poco en el cliché de ermitaño (y odio los clichés), pero procuro responder siempre.