Cierra la puerta

Cierra la puerta si quieres escribir bien

Hace algo más de dos años, hablé de Cal Newport, de seguir tu pasión y otras tonterías por el estilo que encuentras escritas en tazas. Vuelvo sobre él tanto tiempo después (yo creía que habían pasado unos pocos meses, pero esa es la naturaleza de la bestia).

En un escrito de su blog, poco antes del verano, hablaba de una entrevista al cómico Jerry Seinfeld, cuya serie, escrita a cuatro manos con Larry David, ha pasado a la historia de le televisión y la comedia.

En esa entrevista, Alec Baldwin le pregunta a Jerry que a qué cree que se debió el hecho de que dicha serie acabara siendo leyenda. La respuesta fue esta:

Déjame decirte por qué mis series de televisión en los 90 eran tan buenas, además de por una excesiva cantidad de pura y simple buena suerte. En muchas series de televisión, el 50% del tiempo se emplea trabajando en el show, el otro 50% se gasta en lidiar con los temas de ego, políticos y jerárquicos que hay alrededor de crear algo. Nosotros empleábamos el 99% del tiempo escribiendo. Larry y yo. Los dos solos. La puerta estaba cerrada. Estaba cerrada. Alguien llama, no cogemos la llamada. Vamos a hacer esto gracioso. Por eso el show era tan bueno.

Dos cosas destacan sobre todas las demás.

La primera es el reconocimiento, por parte de Seinfeld, del enorme papel que juega la suerte en el éxito y el reconocimiento de cualquier cosa. Eso le honra, en vez de creerse, como la mayoría, que se debe a su genio y su talento. Y lo que es peor, de querer forrarse explicando cuentos de hadas en libros sobre cómo conseguir el mismo éxito.

Es así de simple, si la suerte no te mira, no tienes nada.

En segundo lugar, está el hecho de cerrar la puerta. Esto es algo necesario en sentido literal y metafórico. Y es algo que no se suele estar dispuesto a hacer. ¿Por qué no? Las razones son «sencillas».

La primera es que es difícil y siempre evitamos lo difícil, lo escondemos tras un montón de excusas tontas. Sentarte a trabajar y cerrar la puerta es no hacer lo que quieres, no responder al verano afuera que te toca en la ventana, no cogerle el teléfono a la playa, ni a la cerveza helada en las terrazas.

Es obvio que todo el que quiere conseguir algo, como crear una buena historia, debe hacer justo lo que no quiere y lo que los demás evitan. El escritor, activamente, busca lo que los demás rehuyen, sentarse y escribir, cuando es justo lo que menos apetece. De hecho, al contrario de lo que piensan muchos amateurs, la clave está en ponerse cuando no se tienen ganas o inspiración.

De hecho, hacer lo que los demás evitan es una característica habitual de quien consigue algo que merece la pena en cualquier campo, incluyendo la escritura.

En segundo lugar, ocurren cosas malas cuando cierras la puerta.

En serio, es así y me repito a mí mismo, pero de nuevo es la naturaleza de esta bestia. ¿No coges la llamada? Te van a echar el puro o les va a sentar mal. ¿Dices que no a lo que te proponen? Van a dejar de proponerte cosas. ¿No estás pendiente de algo porque tienes que escribir y esa hora es sagrada? Es posible que tu jefe se cabree, tu pareja se cabree, la comida se queme o quizá lo haga el salón, pero está bien, porque las cortinas son horribles.

Nos cuesta un mundo dejar que las necesarias cosas malas sucedan, a mí el primero, no es cuestión de ser (demasiado) hipócrita. Pero que ocurran esas cosas malas es imprescindible para que puedan suceder las buenas.

Es así, si amas más a la escritura que a otras cosas, esas otras cosas se van rebelar, poner celosas o marchitar, porque no las riegas o lo haces menos que a tus renglones. Es el precio a pagar porque a lo mejor puedes tener lo que quieras, pero no todo. Y, en muchas ocasiones, simplemente no estamos dispuestos a pagar el precio.

No pasa nada tampoco, es sólo escritura, muchas veces le damos un halo de misticismo que no necesita.

Cerrar la puerta es necesario para escribir bien, pero no es gratis. Mucha gente dice que escribir es su pasión y su vocación, pero mienten, sobre todo a ellos mismos. Y además no son muy diestros tampoco con el lenguaje, que supongo que ese es el mayor pecado. Esa gente no ama la escritura, no sienten pasión y no tienen voluntad. Como mucho, experimentan un deseo vago con el que gusta fantasear en el sofá (sin escribir una letra). Así debería definirse, porque realmente es así en la práctica.

Pero es que, además, ni siquiera es un deseo vago por la escritura, sino por esa fama, prestigio o admiración que muchas veces (me río por no llorar) rodea a la fantasía de la escritura, tan distinta de la realidad.

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14 respuestas

  1. Muy buena reflexión, Isaac. Estoy de acuerdo con las ideas que nos expones con tanta claridad: la suerte como elemento inevitable; el aislamiento que exige el trabajo duro del artista creador y por el que hay que pagar un precio (el refranero popular lo ilustra a la perfección: “No se puede estar en misa y repicando”); las motivaciones erróneas (o conceptos trastocados) de algunos que dicen sentirse escritores de vocación y a los que les falta pasión, voluntad e, incluso, destreza con el lenguaje. Como tú, creo que escribir es un proceso muy duro y rodeado de sacrificios e incomprensión (en especial por parte de los que no tienen ni una mínima veta artística) pero que tiene su mayor recompensa si lo haces por y para el mismo proceso creativo, idea que explicas a la perfección con esa personalización entre la escritura y las “otras cosas”. Y puede que, como efecto colateral, te conviertas en parte de ese mínimo porcentaje que obtiene un plus (ingresos, reconocimiento, etc…), aunque no puede ser lo que buscas cuando “cierras la puerta”. Enhorabuena y espero tu próxima entrada. Un abrazo.

    • Te cito: «tiene su mayor recompensa si lo haces por y para el mismo proceso creativo». Esa es la clave, el proceso, hacerlo por el mero hecho y no por supuestas famas, riquezas o cualquier otra cosa que no sea dar un paso más y disfrutar el mero hecho de hacer. Y ahora, cierro la puerta de momento 😉

      Un saludo y gracias.

  2. Otro torrente de verdades dolorosas!
    Cerrar la puerta tiene un precio, y el precio son las cosas malas, que en mayor o menor cantidad tienen que pasar. Todo en la vida tiene un precio. Cada cual decide si está o no dispuesto a pagarlo. No es decisión fácil…
    Algunos escribimos porque lo necesitamos, porque no conocemos otro modo de conjurar los demonios internos. Probablemente nunca sabremos si somos buenos o no, porque nadie leerá lo que escribimos. No nos sentamos en el sofá a divagar sobre la idea de escribir; escribimos incluso sentados en el sofá. Sobre la ilusión de ser un escritor famoso, reconocido y admirado, quien sueñe con eso, que se haga youtuber o influencer. Algunos, precisamente, vemos eso de la exposición al exterior como un precio demasiado alto que quizás, si fuéramos buenos y publicados, tendríamos que pagar. Nuestras divagaciones van más en el sentido de retirarnos del mundanal ruido, cerrar la puerta y dedicarnos sólo a conjurar demonios juntando letras, mientras una cómoda renta de lo que sea paga esas cosas tan desagradables y vulgares que se llaman facturas. Creo que tú también te apuntarías a eso, y lo sabes…

    Salud!

    • Bien observado Anna:
      “Nuestras divagaciones van más en el sentido de retirarnos del mundanal ruido, cerrar la puerta y dedicarnos sólo a conjurar demonios juntando letras, mientras una cómoda renta de lo que sea paga esas cosas tan desagradables y vulgares que se llaman facturas. Creo que tú también te apuntarías a eso, y lo sabes…”.

      Quien pudiera alargar la vida (en definitiva es poder dedicarle más tiempo) y pasar de momentos a temporadas de paz en las que poder comunicarte contigo mismo y dar salida a esos “demonios”.

      Gracias y un saludo.

    • La cuestión clave para mí no es que ocurran cosas malas en sí. La cuestión clave es que debemos dejar que ocurran cosas malas para que ocurran las buenas. Ese es el precio. A veces debemos romper con algo o alguien necesariamente, y dejar que ocurra eso «malo» para que suceda lo bueno.

      Para los que no somos muy buenos con el conflicto (hablo por mí, y sólo por mí), esa es una lección muy difícil de aprender.

      Salud…

  3. Hola,

    Como es habitual, muy bueno lo que dices. Iba a decirte también que la casualidad de leer esto justo cuando no tengo ganas de ponerme a escribir, en estos días. Pero es que al final siempre hay algo que te “impide” escribir. Y nuestra mayor habilidad es ver ese algo, siempre, “fuera”. Es eso, o aquello, o lo otro.

    Gracias por la entrada.
    Un saludo!

    • La cuestión es que, cuando uno es brutalmente honesto consigo mismo, la realidad es que elige muchas cosas, muchas de ellas totalmente inanes, en vez de la escritura. No pasa nada, pero si hacemos un ejercicio de imaginación y estuviéramos con alguien que siempre elige otra cosa en vez de nosotros, que diga lo que quiera, pero no que nos quiere.

      Lo mismo piensa la escritura.

      Un saludo.

  4. Me encanta, Isaac, tu don para la reflexión, y como observador desde un punto lejano, puesto que escribo un poquito aunque sea sólo para mí, puedo entender esa dificultad de la que, no sólo tú sino todos, habláis, dificultad que no es otra que la de cerrar la puerta, pero, visto desde otro punto de vista, y tomada esta reflexión desde la más pura ignorancia, no logro entender esa dificultad ya que como pasión, pienso, debe de ser fácil entregarse a ella y no al revés y el hecho de concebirla, la escritura, como una acción más dentro del baúl de las acciones exentas de la obligación diaria la convierte en otro pasatiempo que pueda ayudar a colmar nuestra aburrida inactividad, el cual tampoco es quebradero de cabeza, por eso, pero más por mi condición de no iniciado, entiendo pero no entiendo.
    Un saludo.

  5. Buena reflexión, Isaac.

    La verdad es que el tema de la suerte es complejo y quizá se base, en realidad, en el tipo de percepción de cada uno; es decir, el carácter o personalidad de cada cual puede moldear la idea que tenemos de «suerte» o cómo interpretamos los hechos.
    Partiendo de ahí, la suerte puede jugar un papel importante en la consecución de objetivos, pero indudablemente el trabajo es el elemento clave para alcanzar lo que nos proponemos. En el ejemplo de Seinfeld no cabe duda de que si no hubieran pasado «el 99% del tiempo escribiendo» no habrían conseguido que la serie fuese el éxito que llegó a ser.

    Si trasladamos esto a la escritura, el «cerrar la puerta» (interpretando esto como dedicación al trabajo) es lo que determina las posibilidades de éxito que se puede tener. (Ojo: de éxito en cuanto a labor de escritura, no a éxito comercial.) La suerte no ayuda a tener una buena idea, o a crear un personaje fabuloso, o a culminar esa trama de forma inesperada y excepcional. Todo eso es fruto de la constancia, la organización y el esfuerzo.

    Por otro lado, el «cerrar la puerta» (ahora sí entendido como renuncia a ciertas cosas o incluso obligaciones) es algo que nos exige un compromiso enorme; y estoy de acuerdo contigo en que es algo sobre lo que muchos no piensan adecuadamente.
    Es inevitable asumir que la «desconexión» es casi obligada para un trabajo como es el de la escritura. Pero también es necesario entender cuál es el precio a pagar por ello. La renuncia, la dejación, el olvido, la desatención… todo ello nos pasará factura, qué duda cabe. Y es cierto, como tú afirmas, que muchos sedicentes escritores no están dispuestos a sobrellevar algo así, aunque crean que sí. La mitología que rodea el acto de escribir, en muchas ocasiones, difumina los aspectos más trabajosos que inexorablemente van unidos a ella.

    Un saludo.

    • Lo malo con el trabajo es que una condición necesaria para conseguir «algo», pero nunca es suficiente, ni mucho menos.

      Muchos geniales escritores se quedan en la oscuridad, a pesar de poner todo el trabajo del mundo. En cuanto a la suerte, es un tema complejo. En general, tiendo a pensar que todo es demasiado aleatorio. De hecho, cuando se ha intentado analizar la relación entre cantidad de trabajo, «calidad» de trabajo y golpes de suerte en diversos campos, no ha habido relación alguna.

      Es decir, que la suerte te mira (o no) y no sabes cuándo lo hará, ni puedes influir para que lo haga.

      Es mi opinión, y mira que he rebuscado hasta lo más oscuro sobre el tema. Sin embargo, las implicaciones son tan sutiles y extensas que no caben en un comentario, tampoco creo que en un artículo y me falta tiempo para un libro.

      Un saludo y gracias por el comentario.

  6. Hola, Isaac.

    Una vez más es la cuestión de siempre o una de ellas: los sacrificios, a menudo enormes, que uno debe hacer si se entrega en cuerpo y alma a una disciplina artística o deportiva. Es evidente que hay que trabajar duro, muy duro, para llegar al éxito y que, sin embargo, esto no es suficiente sin una pizca de suerte. Desconocía que no se hubiese encontrado relación alguna entre cantidad de trabajo, calidad y suerte. La suerte es una dama caprichosa que juega con nosotros y aunque la llamemos a gritos casi siempre se hace la sorda.

    También estoy de acuerdo en que la inmensa mayoría de la gente no está dispuesta a realizar los sacrificios que hay que hacer para escribir de manera digna y eficaz. Esto no es criticable porque aparte de ser humano, comprensible, cada uno tiene su derecho inalienable a decidir.

    Lo ideal sería que no necesitáramos trabajar para cubrir nuestras necesidades básicas y pagar las facturas. Así, aquéllos que tenemos una veta artística podríamos entregarnos en cuerpo y alma a ella (escribo microrrelatos, poemas y haikus y muy de vez en cuando solamente). También sería ideal que el día tuviera más horas. Y también sería “deseable” que no hubiera tantas cosas interesantes para hacer (leer buenos libros y artículos, ver buenas películas y documentales en la tele, pasear con tu perro, ir al cine, quedar con los amigos…). Esto último lo digo por mí porque en mi caso, al sentirme atraído por tantas cosas y al ser muy curioso intelectualmente, me cuesta decidir y organizar mi tiempo (no sé si le ocurre a poca o mucha gente).

    Finalmente, hablabas al principio del post de seguir tu pasión en el sentido de que es una tontería y, sin embargo, a mitad de él, afirmas que mucha gente no tiene voluntad ni siente pasión ni ama la escritura. Me parece una contradicción por tu parte. Es más, pienso que lo de seguir tu pasión no es una estupidez porque es lo que te mueve a actuar, a querer ser cada vez mejor y a ser más feliz (aun reconociendo que sólo con frases motivadoras no se consigue nada si no te mentalizas de verdad y haces).

    Un saludo veraniego y literario desde Oviedo.

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