Cisnes negros

Un cisne negro, obviamente

Me gusta Nassim Nicholas Taleb, me parece un pensador profundo al que leo para comprender cómo son las cosas de verdad y también para aprender a pensar mejor. Y es que pensar es algo costoso, pero ese es otro tema.

También me gusta porque no suele tener reparo en expresar sus opiniones de manera tajante. Casi todas, por no decir todas esas opiniones, son contrarias a lo que piensa la mayoría. Sólo por ese hecho acierta mucho más de lo que falla y me gusta hasta cuando exagera, me pongo a su favor aunque sepa que lo que dice hace aguas. ¿Por qué? Porque siempre he sido así y porque oigo tantas veces las mismas cosas (tonterías), que sólo por escuchar algo distinto ya me parece valioso.

Nassim es “famoso” por su libro El cisne negro, donde desarrolla el concepto del mismo nombre que introdujo por primera vez en su obra Engañados por la aleatoriedad.

Un cisne negro es un hecho imprevisto y súbito que produce grandes consecuencias que lo cambian todo. Una de las conclusiones del libro es la de que casi todos los grandes descubrimientos científicos, eventos históricos y logros artísticos se deben a cisnes negros, hechos que nadie previó, igual que nadie previó sus consecuencias.

Es decir, que el mundo tal y como lo conocemos se debe sobre todo a felices coincidencias o a catástrofes imprevistas. Creemos que somos héroes en ruta hacia las estrellas y se parece más a avanzar como borrachos, intentando no tropezar mucho con los muebles.

Ejemplos de cisnes negros son el inesperado crecimiento de Internet (gente como Bill Gates dijo en su día que no sería relevante), los atentados del 11-S que cambiaron lo que pasa hoy en medio mundo o la disolución casi repentina de la Unión Soviética. Y eso por sólo citar unos pocos.

Y es que si uno mira la historia puede ver cisnes negros por todas partes. La penicilina se descubrió por casualidad, los Corn Flakes también.

No todo es así. Hemos hecho algunas cosas que cuajaron y esa era la intención, pero es irrefutable que la mayoría de hechos que nos han cambiado totalmente se han dado por causas imprevistas y repentinas.

Para que un acontecimiento sea considerado un cisne negro deben darse tres cosas. Una es que sea algo extraordinario, algo a lo que no podíamos apuntar que ocurriría si mirábamos el pasado. Segundo es que cause un impacto extremo. Tercero, y esto me parece lo más interesante, es que a pesar del punto uno, la naturaleza humana y sus inevitables sesgos cognitivos nos hacen construir explicaciones para el hecho. O como diría mi madre, “a toro pasado, todos toreros”. Esas explicaciones no explican nada en realidad, sólo sirven para darnos tranquilidad de mente, como casi todas las racionalizaciones e introspecciones que hacemos sobre la mayoría de cosas.

Necesitamos esas explicaciones para recuperar poder (imaginario) sobre lo que nos rodea. Es un mecanismo de defensa emocional, para alejar la idea de que en el gran esquema de las cosas somos mucho más insignificantes de lo que nos creemos.

Hace unos 70.000 años apenas quedaron entre 3.000 y 10.000 humanos sobre la faz de la tierra. En serio, el tamaño de un pueblo en todo el planeta. Casi nadie lo cuenta, pero estuvimos a punto de extinguirnos completamente. ¿El motivo? Que de pronto un volcán enorme entró en erupción en Indonesia y la gente murió en todas partes, cortesía de un invierno que duró unos 10 años.

Lo curioso es, con todo lo que hemos avanzado, si eso ocurre de nuevo nos pondría en una situación similar o peor.

Pero creamos explicaciones, decimos que el destino está en nuestras manos y empequeñecemos los cisnes negros, porque asumirlos es aterrador. Es darnos cuenta de que somos muchos más frágiles de lo que pensamos. Tanto tiempo nos han dicho que somos los reyes de la creación, que no podemos soltar esa noción y da miedo hacerlo.

Así que nuestra cabeza se defiende y crea teorías, resta importancia a los imprevistos, asigna motivos falsos para explicar sucesos y cree que muchos de esos imprevistos no se van a repetir, porque hemos aprendido.

Aunque eso fuera así y pudiéramos predecir cisnes negros mirando nuestro pasado, daría igual. Hegel tenía razón cuando dijo que “lo único que aprendemos de la historia es que no aprendemos de la historia”. Véase la crisis actual, que no es un cisne negro, con un buen libro de dicha historia puede verse que lleva repitiéndose desde que los bancos son bancos y los humanos, humanos. Y que lo hará de nuevo.

Nassim Nicholas Taleb explica las cosas mejor. Aunque parezca imposible lo hace de manera más vehemente y arrogante que yo y recomiendo leerle porque, las veces que lleva razón y las que no las lleva, te hace pensar mejor, más profundo. O al menos no retuerce las cosas para que encajen en las explicaciones fáciles o las que suenen bien.

2 responses

  1. Gracias, Isaac. No conocía a Nassim Nicholas Taleb ni su libro “El cisne negro”, pero me ha parecido interesante lo que cuentas acerca de su teoría, así que me lo apunto. Prometo hojearlo, pero te aventuro ya que, tras su lectura, aún será infinitamente más interesante tu reflexión que cualquiera de las que el magnífico científico pueda expresar en su obra, lo sé, porque una cosa es lo que uno sabe o cree que sabe y otra, expresarlo como tú lo haces (lo veo difícil). Gracias. Un saludo.

    • Nassim lo explica mejor que yo, créeme. Además no es aburrido porque a los cinco minutos piensas: no me puedo creer que haya alguien tan pagado de sí mismo y lo que cree.

      Me cae bien ese tipo, que o te interesa o no lo soportas. Con él no suele haber términos medios, lo cual me resulta interesante.

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