Grandes comienzos

Cómo comienza la buena escritura… de no ficción

Hace un tiempo leí un análisis que trataba de averiguar cómo comenzaban los artículos que más se leían, compartían y comentaban.

Era curioso, una gesta particular para descubrir qué conseguía capturar la atención y la imaginación de los lectores, secuestradas hoy en un sótano por un montón de tonterías.

Su pregunta era, exactamente:

«¿Cómo empieza la gran escritura?».

Al menos la que no es de ficción.

Para ello, analizó 95 artículos de publicaciones como el New York Times o The Atlantic, entre otras. En ellos, identificó 13 maneras distintas de empezar.

¿Cuál resultaba la más efectiva para que no te marcharas con otro?

Supongo que, a quien lleve un tiempo por aquí, no le va a extrañar la mejor respuesta que obtuvo a su pregunta:

Comenzar con una historia.

De veras que no imaginamos el poder que tenemos entre manos si nos molestamos en cultivarlo.

Pero claro, de nada sirve la respuesta de las historias si no dominamos el arte de contarlas.

En muchas películas hemos visto el cliché del personaje que tiene que hablar en público y le dicen que lo mejor es que empiece con un chiste. El resultado siempre es nefasto, porque no tiene ni idea de cómo hacerlo.

Con las historias pasa lo mismo. De hecho, en mi experiencia, es un recurso del que se abusa demasiado hoy por culpa de análisis como este, que alguien lee y trata de imitar, sin pagar el peaje ni el respeto debido al arte del cuentacuentos.

Muchas veces, empiezo a leer algo con una premisa interesante y, cómo no, comienza con una historia, pero como los del chiste al principio del discurso, a la segunda línea es un descarrilamiento.

Así que supongo que la verdadera respuesta es: comienza con una historia bien contada.

Como curiosidad, en segundo lugar empataban:

  • El hecho de comenzar con la descripción de un evento más el contexto de lo que implica ese hecho.
  • Realizar una afirmación inesperada.

En tercer lugar, empatada con otros tipos de comienzo, se encontraba: «Una narración en primera persona por parte del autor de algo que le había ocurrido». Es decir, de nuevo la historia, reafirmando su superioridad sobre todas las cosas.

Supongo que el autor del análisis le hizo un hueco propio a este tipo de principio en primera persona, al ver que era un patrón que se repetía en casi el 10% de los artículos que cotejó.

Para completar estos datos curiosos, la mayoría de esos artículos que habían causado impacto, y habían comenzado con una historia, trataban sobre una idea (una tendencia, un concepto, una moda…), en vez de sobre una entidad (una persona, una empresa, un suceso concreto…).

¿La implicación práctica de todo esto?

No estoy seguro, pero sí tengo claro la que no es: coger esto como una especie de mandamiento escrito en piedra, comenzar con historias y provocar un descarrilamiento en dos frases.

Lo que no quita que la capacidad de contar buenas historias, una y otra vez, surja como la habilidad que reina suprema… Para todo.

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