Cómo escribir bien persiguiendo lo que menos esperas

Una de las cosas que un escritor aprende pronto en su andadura es que la gente no lee. Incluso cuando lee, no lee. Siempre he dicho que no se puede enseñar cómo escribir bien, pero con un poco de suerte y mucho trabajo en la dirección correcta, puedes aprenderlo.

He dedicado dos libros completos a escribir bien y escribir mejor a pesar de que no se pueda enseñar. Todavía hoy, me siguen preguntando cosas sobre el tema y lo cierto es que yo sigo buscando eso mismo, los dos libros son, simplemente, mi narración del camino.

Pero he aquí algo que no he dicho en ninguno de ellos y es importante.

Si quieres escribir bien, has de ir tras lo aburrido. Que es muy diferente a ser aburrido.

Perseguir lo aburrido es exactamente lo contrario de lo que desea todo escritor que empieza. Estamos dominados por esa atracción hacia la novedad y lo complejo, nos vemos fascinados por los supuestos secretos y las técnicas avanzadas. Pero lo cierto es que escribir bien es imposible sin perseguir justo lo contrario.

Lo aburrido es la fundación que te hará bueno, la que permitirá, de vez en cuando, intentar algo nuevo o avanzado y que no sea un completo desastre.

¿Y qué es lo aburrido?

En general, todo aquello que no queramos hacer y evitemos es una buena señal de que es lo que deberíamos estar haciendo. El aburrimiento es la brújula y, dentro del juego de la escritura, he aquí algunas de esas cosas aburridas que deberíamos perseguir antes de denominarnos, siquiera, como escritores aficionados.

  • Adquirir una disciplina de trabajo. Porque no me importa lo colorido, aparentemente borracho o carismático que sea tu autor favorito, todo escritor de verdad tenía una ética del trabajo indestructible.
  • Centrarse en la gramática y la ortografía. Parece mentira que esté diciendo esto, pero es cada vez más común. Las erratas son inevitables, la vergüenza ajena al leerte, no. Si uno no tiene respeto por las piezas básicas, la escritura y los demás tampoco le tendrán respeto a él, porque no lo merece. No puedes construir una fortaleza si no te has molestado en aprender a hacer ladrillos y cómo ponerlos.
  • Centrarse en la historia y un lenguaje claro antes que en las virguerías. Especialmente las estilísticas. Picasso rompió todas las reglas porque era capaz de dominarlas con una sola mano.
  • Centrarse en reescribir, porque escribir es básicamente eso.
  • Lee, lee y lee. Lee cada día y elige bien. Me parece increíble la cantidad de escritores que no leen mucho o leen siempre lo mismo. Leer es la materia prima de escribir y el maestro más importante. Un buen libro es mucho mejor que el mejor curso.

Es imposible hacerse bueno sin perseguir lo aburrido. Que en realidad no lo es, pero lo parece. Entre ese barro de lo aburrido surgen los destellos que puedes lavar y guardar en la bolsa de los tesoros.

No suelo creer en verdades irrefutables, pero siempre hay una excepción. Esta es la excepción.

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1 comentario en “Cómo escribir bien persiguiendo lo que menos esperas”

  1. Hola, Isaac.

    Así es, tienes toda la razón en tus consejos.

    Yo también me doy cuenta de que cada vez más algunos periodistas (esos primos lejanos, o cercanos, de los escritores) escriben peor: errores de concordancia, comas que sobran o faltan, frases mal construidas… incluso me sorprende detectar esos fallos en gente conocida y culta.

    Algunos de los puntos que destacas nos los comentó el poeta que nos impartía el taller de escritura creativa al que asistí durante varios cursos consecutivos (en concreto, cuidar «la carpintería» como decía él (los puntos, comas, etc., es decir, la ortografía y la gramática) y leer (no se explicaba cómo podía haber escritores que no leyesen).

    En definitiva, aquello que merece la pena jamás es fácil y para conseguirlo hay que transitar por un camino duro, serpenteante, lleno de baches y de piedras. El truco: lograr disfrutar de esas dificultades como vi en un vídeo (aunque parezca absurdo, pero no lo es y tiene su lógica).

    Un saludo literario desde Oviedo, buen miércoles y suerte (que nunca está de más y, con frecuencia, está de menos).

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