Cómo se hizo la novela “Perdimos la luz…” (3). Qué es real y qué no

Cómo se hizo Perdimos la luz 3

Creo que fue Vargas Llosa en su Cartas a un joven novelista el que dijo que la realidad puede ser un buen principio para una historia, pero nunca puede ser su final. Hemingway también era partidario, como táctica para vencer a la hoja en blanco, de empezar con una frase cierta, con una cosa que fuera real. A partir de ahí, ya se podía construir algo, porque era una base sólida y tangible sobre la que edificar una historia, por fantástica que acabe siendo.

De un modo inevitable, cierta gente que me lee y también me conoce, examina los párrafos intentando ver qué hay de real en lo que escribo, quién es el héroe y el malvado, quién la chica y quién el asesino.

Yo, como creo que hacen todos los que escriben, uso pequeñas cuñas de realidad que inserto en la fantasía de una historia que escribo. Esas cuñas, hechas del mismo material que la verdad, dan solidez, dan consistencia a una historia, le otorgan esa cualidad tangible que ha de tener. Pero también es cierto que construir toda la torre con realidades la dejaría sin alma y sin fantasía.

Además, creo que el buen contador de historias no plasma la realidad como es. Siempre la moldea, sube o baja el volumen de situaciones o aspectos reales hasta distorsionarlos. En definitiva, los modifica, les añade detalles inventados y los convierte en otra cosa. Pero sí, creo que siempre hay un pequeño porcentaje de realidad en las historias escritas. Un pedazo de diálogo aquí, una anécdota allá, una reacción allí al fondo a la derecha. Alterados y moldeados para que tomen la forma que quieres, pero con esencia real.

La cuestión de la “pareidolia”

El problema está en que, si la historia es buena, cuando un lector intenta apuntar desde fuera a lo que puede ser real, casi siempre falla. O así debería ser. Los humanos tendemos a ver lo que queremos en las cosas, estén ahí o no, y nadie, ni siquiera la verdad, nos convencerá de que estamos equivocados.

Vemos patrones en todo, vemos formas en las nubes, quienes estudian esas cosas lo llaman pareidolia. Tenemos que figurarnos un sentido hasta para aquello que no lo tiene, porque es una necesidad vital. Le tenemos que otorgar un motivo oculto a lo que sucede, porque reconocer que es sólo azar nos hace sentir demasiado indefensos y pequeños.

Así que yo ya no discuto cuando, intentando crear a un perdedor total para Perdimos la luz de los viejos días, viene alguien y te dice: ”te veo en cada página” (en serio que ya no discuto, clavo otra aguja candente en su muñeco vudú y sigo a lo mío). No pasa nada, es un error común, otros vienen y te dicen que te ven en el cabrón (cabrones) de la novela, o en otros personajes de otras historias, sin ningún parecido entre ellos ni conmigo.

Pero a lo que iba, que sí es verdad que hay ciertas cosas “inspiradas en hechos reales” dentro de Perdimos la luz de los viejos días. Y voy a comentar brevemente alguna.

Las “metahistorias”

Siempre me han gustado las metahistorias, las historias dentro de las historias, con bromas internas y referencias que sólo entiendo yo y sólo me hacen gracia a mí. Son muy pocas en conjunto, pero siempre hay alguna. Desvelar todo me reventaría la broma conmigo mismo, pero he aquí algunas cosas reales en las que me inspiré.

Ojo, leves spoilers de la novela de aquí en adelante, no chafarán la historia ni mucho menos, pero darán alguna pista de lo que contiene. Si no quieres saber nada, mejor deja esto para cuando acabes de leer el libro.

El tipo de las rendijas

Aunque parezca increíble, ese personaje de la historia es real. Y además, real, real, porque lo que se cuenta que hizo por las rendijas es cierto y no sólo eso. No conozco personalmente al angelito, pero eso no es impedimento para una cierta venganza. Al fin y al cabo ni él lo leerá, ni nadie sabrá quién es aunque lo lea y quizá eso sea una pena.

El “abogado”

Que no es abogado, ya lo sé. Durante una época de mi vida digamos que toqué de lleno mundillos repletos de gente donde su mucho dinero era multiplicador de su mucha gilipollez. El ”abogado” es mi monstruo de Frankenstein particular, hecho de compañeros en viejos trabajos, un jefe que tuve, un banquero idiota, un cliente que siempre creía tener la razón y un empresario que cada día aparecía con un coche distinto. Los palés con fajos de dinero y los animales salvajes de narcotraficante también son algo real.

Maat

¿Ocurrió realmente lo que se fabula en el libro? A veces pienso que sí.

Siempre me han gustado las estrellas y en cierta ocasión, hace bastante tiempo, estaba leyendo sobre el astronauta español Pedro Duque. Ya retirado, hablaba de que no nos tomábamos en serio las amenazas de que algo chocara contra la Tierra. Luego dijo que un asteroide llamado “Apophis”, y que tiene una órbita cercana, es posible que acabe con bastantes de nuestras miserias cuando nos dé entre las piernas en 2029 (ya pasó no muy lejos el año pasado).

A continuación dijo que nuestro país tenía una oportunidad única de encabezar una misión para evitarlo y mi imaginación me regaló un apocalipsis de fuego bajo bandera española. Aquella noticia me hizo cierta gracia y me infundió terror, no por “Apophis”, pobre, sino por si hacíamos caso a Duque tomando cartas en el asunto. Así que sí, uno de los personajes, “Maat”, está inspirado en “Apophis”.

Las playas de Lajolla

Están en California, pues Lajolla es un suburbio adinerado de San Diego, cuna de surferos (que eso me da igual). Allí el sol se esconde por el Pacífico cada tarde. No sabría apuntar un porqué exacto, pero ese sitio siempre me gustó y el Café Mission II existe y está en el paseo marítimo, desde su terraza puedes ver el crepúsculo cada tarde.

El día en que me vaya a vivir allí a mi casa de cristal, será cuando la falla de San Andrés se trague media California, pero hey, siempre quise ir, así que esa ilusión extraña se la presté al protagonista, pero ya me la ha devuelto.

La tienda multiprecio

En cierta ocasión conocí a una persona que quería montar la mejor librería de su ciudad y se puso a ello. No estoy muy seguro de por qué mecanismo acabó siendo una tienda multiprecio en franquicia y que resultó un desastre.

De veras que aún me estoy intentando explicar cómo puede uno organizar semejante viaje a la playa y acabar en el Polo, pero me pareció curioso y es otra de esas cuñas reales que inserté en la historia.

Y yay unas cuantas más. Hay un vestido de marinerita y hay sueños extraños, pero con esas cosas concretas soy egoísta, las quiero todas y no las comparto.

6 responses

  1. Con lo que has contado me quedo satisfecha. Estoy completamente de acuerdo en que las historias buenas son inventadas pero tienen detalles reales, y eso es lo que las hace especiales, que lo que ha vivido, visto o tocado de refilón el autor en algún momento de su vida se refleje de alguna manera en la obra. Cuando termine volveré al principio y miraré que decía la primera frase. Por cierto, nunca te ven en el personaje bueno? xddd! Biquiños!

  2. Yo también escribo, o eso intento. Mezclando situaciones reales con mis pensamientos más profundos. Mi pregunta para ti es..
    Cuándo te diste cuenta que tus relatos eran publicables?
    Y no me digas que cuando tu gente cercana te lo comenta.
    Gracias y enhorabuena.

    • Hola, Carla:

      Me has hecho una pregunta extremadamente difícil y he borrado un montón de respuestas porque ninguna me convencía. Esta tampoco lo hace y no te aclarará nada, pero la voy a dejar, porque si no, me quedaré para siempre atrapado aquí.

      Que algo sea “publicable” es necesariamente un proceso externo a uno, con lo que es difícil darse cuenta uno mismo de si algo lo es. Es decir, “publicable” es un concepto que implica que una tercera persona lo lee y le gusta lo suficiente como para creer que puede editarlo y que otros lo leerán y les gustará. Pero supongo que te refieres a reconocer en ti misma una calidad similar a esos escritores que te gustan, así que comentaré algo sobre eso.

      A mí me han publicado cosas que luego he pensado que mejor dejar en un cajón y tengo en un cajón cosas que pienso que son mucho mejores. Así que “publicable” es un concepto que uno mismo difícilmente puede abarcar.

      Es cierto que hoy día, con la autopublicación, eso ha cambiado y al final, te publiques tú u otros, lo que preguntas no deja de ser un acto de fe por parte de uno mismo: creer que lo que escribes es bastante bueno como para enseñarlo a las personas adecuadas y que haga en ellos lo que hacen los buenos libros.

      Así que, si uno tiene coraje suficiente (y hace falta bastante) lo expones y, tarde o temprano, llega el juicio de los demás y eso tampoco es una buena medida de si algo es bueno o no, pues la mayoría de libros inmortales hoy fueron vapuleados ayer y mucho de lo que se publica y vende no tiene mucho mérito si lo miras como arte.

      Es muy difícil (por no decir imposible) saber uno mismo si algo es lo bastante bueno como para que lo vean otros ojos, que es lo que también entiendo por “publicable”. Uno nunca puede ser objetivo consigo mismo y la literatura tampoco es una ciencia objetiva. Te digo más, si uno es realmente bueno escribiendo (o haciendo lo que sea), dudará constantemente de la calidad de lo que hace. Sólo los ilusos y los incompetentes creen que son los mejores sin vacilar.

      A mí me publicaron mis primeros relatos hace ya casi 8 años y ahora miro algunas cosas que acabaron impresas y pienso: “qué vergüenza”. Es muy posible que dentro de un par de años mire lo escrito ahora y de nuevo piense lo mismo.

      Igualmente y en otro orden de cosas, “publicable” significa “vendible”, no nos engañemos. Uno puede comprobarlo echando un vistazo a las listas de ventas y cómo salen clones de muchas editoriales que intentan imitar a lo que sea más pujante en el momento. En realidad siempre ha sido así y una editorial es una empresa y lo que busca es algo que se pueda vender. No todas son iguales, pero todas necesitan vender para vivir y es eso lo que buscarán esencialmente.

      Las personas cercanas, como bien apuntas, no son un baremo fiable. Son personas que nos quieren más o menos, con lo que sus críticas no irán encaminadas a decir si creen algo tiene calidad suficiente o no, sino a animarnos y ahorrarnos daño, como tiene que ser. Por eso es bueno enseñarlo, escuchar lo que digan y luego no hacer caso.

      Así pues y volviendo a la pregunta, porque siempre divago, ¿cuándo me di cuenta de que mis historias eran “publicables”? Si uno escribe mucho (muchísimo) y lee mucho (muchísimo) y bueno, tarde o temprano se van produciendo ciertos “clics” internos, ciertos momentos escasos y valiosos en los que te das cuenta de que has alcanzado un nivel más alto que el que tenías. El camino de la maestría está compuesto por llanuras interminables donde parece que no mejoras ni avanzas, pero si perseveras (muchísimo), aparecen picos en los que “subes de nivel” (y luego prosigues por otra llanura interminable, pero algo más elevada, en la que también pareces no tener un avance apreciable durante mucho tiempo). Y a veces, cuando llegas esos picos, lo notas y crees en ello lo suficiente como para mostrarlo a los demás.

      Veo que dudas de lo que escribes, lo cual es una buena señal porque los buenos siempre dudan. Cuando uno ha leído mucho y escrito mucho, nunca sabe si lo que hace es bueno, pero sí sabe en su fuero interno cuándo es una total porquería. Es decir, que uno aprende antes a identificar la basura que lo bueno, y eso es un paso que sí sirve en la práctica.

      Cuando ya tiene más o menos claro que lo que hace no es una total basura, pero tampoco sabe si es bueno, empieza a ser el momento en que quizá, sólo quizá, sea hora de exponerlo a otros.

      La duda siempre va a estar ahí. Y darse cuenta uno mismo de si algo tiene calidad o no siempre va a ser un salto de fe y no hay manera de evitar eso.

      El otro tema que juega en nuestra contra es que los escritores siempre estamos intentando leer la mente de los demás y saber qué quieren cuando hablamos de “publicable”, y eso es imposible. No se puede leer una mente y mucho menos leer muchas como intentamos nosotros.

      Mira, yo he escrito cosas que he pensado que no valían para nada y no iban a gustar ni a mi pobre madre, pero en un momento de locura las he expuesto y resulta que le han encantado a mucha gente. Y las sigo mirando con perplejidad y pensando: “¿pero cómo es posible? No me lo puedo creer”. Mientras, otras que atesoro muy cerca de donde se supone que tengo el corazón, las he mostrado y me han hecho saber (a veces de muy malos modos) que eso es incomprensible o un bodrio para ellos. Así que al final uno nunca sabe realmente y todo es un terrible juego de darle muchas vueltas a la cabeza, algo innato en los que escriben.

      Por eso, para escribir, por si no fuera suficiente la infinita práctica y el pelín de talento, también hace falta coraje para dar ese salto de fe. Al final, todo se resume en eso, en lanzarse por el precipicio de mostrarlo una vez sabes que lo que escribes ya no es pura basura. Y quizá en el fondo del precipicio haya agua o quizá haya rocas.

      En resumen porque te habrás dormido:

      • Antes que aprender a reconocer lo publicable, uno suele aprender a reconocer si algo suyo es “basura” o no, y eso ya es un paso. Cuando ya no crees que sea una “basura”, tienes un comienzo.
      • Lleva muchos años de práctica escribir bien (o quizá es que soy muy lento), y es un camino con épocas de llanura interminable en las que no pareces avanzar y luego surgen esos picos, esos cambios de elevación en los que subes de nivel. Y con suerte los reconoces.
      • Nunca sabes qué gustará a los demás, (que es lo que implica “publicable” en sí). Leer mentes es imposible y el trabajo más frustrante del mundo. Si te dejas llevar por ese juego imposible de ganar, no escribirás apenas y dudarás demasiado de todo lo que escribas.
      • Al final, gran parte de todo esto se reduce a reunir suficiente coraje como para tener ese salto de fe y mostrar lo que escribes a quienes no nos quieren ni odian especialmente, a esos otros que desean que te lean. Hoy día es posible sin editorial. Y a partir de ahí, esperar el juicio para saber si enviarlo o no a esas editoriales y no tomar demasiado en serio nada de lo que digan, ni en lo positivo ni en lo negativo. Sólo seguir escribiendo hasta el siguiente paso de nivel.

      Sí, lo sé, Carla, a mí también me gustaría encontrar una respuesta mejor a lo que me preguntas, pero me temo que no la tengo.

      Y yo huiría de quién te diga que la tiene.

  3. Dicen que un toque de realidad da verosimilitud a la narración, ¿no es así? Y es que lo importante al relatar es esa verosimilitud, la coherencia aunque sea la historia más fantástica urdida, a pesar del surrealismo, del onirismo, del subjetivismo más lírico. Si es incongruente, apaga y vámonos.

    Si te soy sincera, yo no me he parado a pensar qué partes de tu realidad se entretejían en la urdimbre de la trama. Doy por sentado de que hay algo tuyo, sea lo que sea, dando a la historia las patitas sólidas en que se sostiene. No sé el qué y, si me permites decírtelo, no me importa… Lo que creo es que está tan bien tejido el hilo que no merece la pena tirar de él, aunque encuentres el cabo. Aunque fueras un hombre triste (que lo dudo), aunque fueras un perdedor (que tampoco) o un verdadero cabrón (que… quién sabe), es la forma en que lo combinas con el resto de la arquitectura la que cuenta. Porque por haber unos mimbres de experiencia (o sentimiento) real no se obtiene la redondez en la narración: si no está bien hilado, ni lo real ni lo imaginado tienen mucho que hacer.

    Y después de esta tesis (he estado tentada de borrarla, pero así te voy adelantando mi impresión general de tu libro antes de mi debido comentario a primeros del mes próximo), te dejo que me mandes a paseo por enrollarme como la petarda que soy.

    Hasta más ver, caballero
    (y gracias por su novela, que he disfrutado mucho).

    • Pues muchas gracias por tan amables comentarios.

      En efecto, al final, la realidad y la fantasía y los temas que aquí se tratan deben ser anécdota y curiosidad. Un añadido a pie de página para los que, como yo, a veces gustan de saber si hay alguna historia tras la historia. No obstante, cuando eso adquiere una importancia y un primer plano, algo malo pasa, porque efectivamente y como bien dices, lo principal debe ser la historia y todo lo que comentas sobre ella.

      Nos veremos pues, aquí o en otros lares.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *