Cómo ser un gran escritor

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No creo que nadie quiera ser un buen escritor. Lo que creo es que todo el mundo quiere ser un gran escritor. O algunos quieren ser un escritor superventas, pero ese es otro tema, que nada tiene que ver con lo importante ni con la escritura.

Pienso que todo escritor quiere estar en compañía de los que admira, quedarse a vivir con ellos cuando muera y que, compartiendo la estantería, no le miren mal, sino como a uno más. Supongo que, al final, buscamos una vez más pertenecer y que nos acepten. Los que escribimos lo hacemos de la única forma que conocemos y querer ser un gran escritor quizá se reduzca a eso.

Pero esta noción dice poco sobre qué hace grande a un escritor y cómo definirlo.

¿El Nobel y los premios prestigiosos convierten a un escritor en grande? Nunca lo creí demasiado y cada vez menos. ¿El reconocimiento de los que consideramos grandes a su vez? Meh. ¿Las ventas de nuevo? No voy a volver a sacar eso aquí.

Supongo que Stephanie Smith lo define mucho mejor que yo cuando escribe que ser grande, probablemente, signifique ser bueno repetidamente.

No creo que sea la única característica de la grandeza, pero sí una de las más importantes, porque todos tenemos suerte alguna vez, pero tenerla constantemente y producir algo bueno de manera regular se parece mucho a ser grande.

Todo el mundo puede escribir un buen párrafo o componer una buena frase, pero lo difícil es crear una buena historia. La consistencia es difícil, todo lo que merece la pena es difícil y por eso, en vez de tratar de buscar atajos, deberíamos coger las escaleras siempre. Al menos si queremos ser buenos (y quizá, grandes).

No niego que la definición es tramposa, porque, ¿qué significa ser bueno? Tampoco tengo una respuesta adecuada. Todos más o menos podemos saber o comprender qué es un buen escritor, pero cuando tratamos de definirlo con palabras, se nos cae la noción a trozos.

El reconocimiento es necesario para que se sepa que eres bueno, pero no para que seas bueno. El tiempo es quizá la mejor prueba para la buena escritura, pero una y otra vez nos vamos a tirar los trastos a la cabeza con lo que es bueno o no a la hora de escribir. Yo mismo he reconocido que muchos libros que he leído estaban muy bien escritos, magníficamente incluso, que había un algo ahí y a la vez no me habían gustado absolutamente nada. Una cosa no tiene que ver con la otra y creo que hay que ser capaces de mantener nociones contrarias dentro de nosotros, porque los que no lo hacen ya dominan bastante las conversaciones y el mundo. Pero me desvío.

El tema hoy es que Smith tiene razón y la consistencia es, sin duda, un ingrediente fundamental de lo que hace grande a alguien en lo que sea, escritura incluida. Por eso insisto tanto en la rutina y la perseverancia, porque, para mí, es importante.

Muchos no creen que nuestro arte sea duro o difícil, así que puedes ser bueno dedicando lo que sobra, a tenor de que todo el mundo cree que ya sabe escribir o puede aprender en poco tiempo, quizá leyendo un par de trucos en un blog o copiando en el papel su serie o película favorita. Pero la consistencia siempre es difícil, porque la consistencia exige un esfuerzo constante. Igual que el violinista o el deportista que no practica, escribir se pierde cuando no te dedicas lo suficiente a ello o cuando no practicas adecuadamente y sólo te dedicas a sumar tiempo y palabras de la manera errónea. Y es muy difícil porque, además, para ser consistente en crear algo bueno tienes que crear mucho malo, algo que desmoraliza al más motivado.

O, al menos, debes empezar por mucho malo que, a fuerza de un trabajo constante de tallar la madera, conviertas en decente. Eso no es divertido, pero creo que para ser grande uno debe tener también la capacidad de hacer lo que los demás no hacen. Al fin y al cabo, Rusell Baker ya decía que cuando la escritura resultaba divertida no resultaba muy buena.

A veces recorres la red y ves ese tuit o ese párrafo increíblemente ingenioso, esa frase, ese «comienzo para una historia» que alguien tiene y dice que te regala porque se le ha ocurrido y es genial. Y a veces (muy pocas) es verdad. Pero, por sí solo, hasta el pedazo más genial tiene un valor muy limitado, ya que incluso un reloj parado da bien la hora dos veces al día.

Dar bien la hora casi siempre es la clave de un buen reloj y de un buen escritor, de uno grande quizá.

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6 comentarios en “Cómo ser un gran escritor”

  1. Hola, Isaac.

    Estoy de acuerdo contigo, salvo en que todo el mundo puede crear una buena frase o un buen párrafo. Te aseguro que mucha gente no sería capaz de juntar ni dos palabras que sonasen mínimamente bien.

    La grandeza puede ser reconocida por la crítica, el público, los premios y las ventas o no. Para mí ser grande es escribir libros que tengan una calidad literaria alta o excelente. Un grande es un maestro; ha alcanzado ese nivel del que nadie puede apearlo, excepto él mismo. Un grande viste la complejidad con el traje de la sencillez. Un grande escribe historias que son atemporales independientemente de la época en la que transcurre la acción. Un grande, tal vez, nunca se crea su propia grandeza.

    Un saludo literario. Desde Oviedo.

    1. Hola, Ana.
      Exacto, debería ser cuestión de trabajo o esfuerzo (como quieras decirlo). Es más, uno puede ser un escritor enorme, grande, sin tener un ápice de suerte (véase el caso de Alberto Méndez, el autor de «Los girasoles ciegos», aunque quizás sea exagerado decir que por solo ese libro es un gran autor).
      Un saludo literario desde Oviedo.

  2. Hola de nuevo, Isaac.
    En el suplemento «Cultura» de LA NUEVA ESPAÑA de ayer, jueves, 13 de febrero, un periódico de Asturias, aparecen una semblanza y una crítica sobre Annie Dillard y su último libro: «La abundancia», traducción de Ignacio Villaro Gumpert, Editorial Malpaso, 2020, 230 páginas, 22 euros. Atento a lo que escribe el periodista, Luis M. Alonso: «Dillard le sugiere al escritor que empiece por preguntarse sobre todo lo que le resulte interesante y que no haya leído en ningún lado para empezar a escribir de ello. Que le dé voz a su propio asombro desde la postura exclusivamente literaria, no sintiéndose obligado a estudiar el mundo. Le pide que escriba sobre el invierno en verano; que describa Noruega como Ibsen lo hizo, desde un escritorio en Italia; Dublín como lo engendró Joyce, en París; o que narre las praderas como Willa Cather, desde Nueva York; o Huckleberry Finn a la distancia de Hartford, Connecticut, igual que Mark Twain. Verne y Walt Whitman, en este último caso como recuerda que hace poco se descubrió, no salían de su habitación». ¿Qué opinas?
    Un saludo literario desde Oviedo.

  3. PD: «Premio Pulitzer, aspirante al Nobel y, en 2015, recibió de Barack Obama la Medalla de las Artes y las Humanidades, el galardón cultural de mayor prestigio en Estados Unidos» (Luis M. Alonso).

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