Cómo son los escritores realmente creativos

creativos y locura

Hace poco hablaba en Médium de cómo, para escribir buenos personajes, uno tiene que saber cómo es realmente una persona, qué le mueve, partes oscuras e inconscientes incluidas.

La cuestión es, no sólo ese pararse a mirar más detenidamente las cosas es necesario, es que es un rasgo de los mejores escritores, de la gente creativa en general.

Allá vamos con otra historia que sólo me interesa a mí

Frank Barron se propuso en los años 60 saber cómo funcionaban las mentes de esas personas más creativas. Para ello diseñó una serie de experimentos y, al parecer, tenía también una jugosa agenda, pues reunió a autores como Truman Capote, William Carlos Williams o Frank O’Connor, así como a reputados arquitectos, científicos, matemáticos, etcétera.

Recluidos en un edificio del Campus de Berkeley, fueron observados en su convivencia, también analizados mediante experimentos y evaluaciones destinadas a buscar signos de enfermedad mental y pensamiento creativo.

La primera conclusión fue algo que, quizá, hoy día ya no sorprenda tanto: la creatividad no estaba explicada solamente por el cociente intelectual.

De hecho, estaba propiciada más por un totum revolutum de características emocionales, motivacionales y morales, según Barron.

Los rasgos comunes que mostraban eran:

  • Una apertura a su vida interior.
  • Una preferencia por lo que es complejo y ambiguo.
  • Una muy alta tolerancia al caos y el desorden.
  • La habilidad de extraer un orden de ese caos.
  • Independencia de los demás y el resto del mundo.
  • No ser nada convencionales y no ser dados a aceptar las convenciones de la mayoría.
  • Una inclinación a tomar riesgos.

Así es como resumió Barron la personalidad creativa:

Son a la vez más primitivos y más cultos que el resto, más destructivos y constructivos, ocasionalmente más locos y, sin embargo, inflexiblemente más cuerdos que la persona media.

En definitiva, caminaban por la fina línea que separa una cosa y otra, cogiendo de un lugar y otro y capaces de mantener ideas completamente contrarias sin morir en el intento.

Esas contradicciones son escasas hoy. Mantener alguna idea de algo ya es una tarea titánica, con que, como mucho, regurgitamos al telediario, tuitero, político, periódico o youtuber de turno, no sea que nos dé por pensar críticamente y una embolia de paso.

Todos los escritores están locos

Ya hablé en la Piedra de Sísifo (hace más de dos años y yo creía que haría un par de meses) sobre si los artistas, los buenos, estaban locos o qué. Porque algo parecía haber.

Los estudios de Barron reflejaron por primera vez un hecho que ya se sospechaba, los escritores (y los demás creativos de otros campos, pero por comodidad me voy a ceñir sólo a los escritores, que es de lo que va esto) pisan constantemente por donde la locura. Sin embargo, se dio cuenta de que, contrariamente a lo que podía parecer, aunque la tocaban más que el resto, no les afectaba más que al resto y, de hecho, eran más cuerdos y equilibrados que dicho resto.

Interesado por esto, Barron realizó estudios posteriores y descubrió que el escritor medio estaba en el 15% superior de la población general en todas las medidas de psicopatología.

En cristiano, eso viene a decir que el escritor medio estaba como una cabra, pero en realidad no, porque los creativos puntuaban extremadamente alto en todas las medidas de salud psicológica. ¿Tenían todos los rasgos de la locura y sin embargo no parecían dominarles más que a fontaneros o contables?

La conclusión es que el escritor, básicamente, se pasaba gran parte de la vida en su mundo interior, lo que producía mayor autoconciencia y una familiaridad con las partes más oscuras e incómodas de sí mismos.

Al final, en esta vida, y mal que les pese a los que siguen creyendo en cuentos de hadas, es la práctica la que produce los mejores resultados. Así que, como veteranos de una guerra, los arquetipos más creativos se han acostumbrado a esas partes incómodas a fuerza de «verlas» a menudo.

En vez de huir de sí mismos, los más creativos están acostumbrados por la práctica a convivir con su silencio, con lo que tienen dentro, incluyendo eso más oscuro. Como el veterano de guerra, ya no se inmuta mucho como al principio de los ruidos y el humo de la guerra. Han desarrollado una familiaridad con esos rasgos más oscuros lo que, según Barron, les hacía más propensos a ser conscientes y centrados.

Mihaly Csíkszentmihályi, otro del que ya hemos hablado, también se pasó 30 años observando a gente creativa y su conclusión fue similar. En una palabra: «la personalidad creativa es compleja». Según él, las personas creativas contenían extremos muy contradictorios y podían presentar uno u otro sin que eso les hiciera explotar la neurona.

El mundo es complejo, todo lo importante lo es, incluyendo escribir bien, por eso no es fácil. No es raro pues que la creatividad también sea compleja.

De hecho, a nivel neurológico (hoy tenemos mejores medios que Barron) se ha visto claramente que, cuando se dispara la creatividad, el cerebro no es lineal, reproducible, ni responde a mitos como el de los hemisferios. La creatividad se parece en las pantallas a un barullo de mil pares de.

La «red neurológica de la imaginación», que incluye a un buen puñado de regiones del cerebro, se ilumina más que nunca cuando ensoñamos, nos embelesamos y nos aburrimos. Sin embargo, no actúa sola, es un caos y no está delimitada por hemisferios ni zonas a la hora de crear.

Por eso es tan difícil acotar la creatividad, porque consiste casi siempre en traer elementos contradictorios, presentados y relacionados de maneras inverosímiles.

Conclusión, los más creativos caminan por la fina línea, de un extremo a otro. Y a lo mejor están locos y quizá sólo sea que disimulan mejor que el resto.

¿Esto tiene alguna moraleja práctica? No todo tiene que tenerla, pero quizá se puedan cultivar esas cualidades. Buena suerte aburriéndote y enfrentándote con esas sombras de las que se huye agarrándose a cualquier estímulo inane. La vas a necesitar.

19 responses

  1. Me ha parecido el texto de lo más interesante, algo que siempre sospechaba tras estudiar a Salvador Dalí y a El Greco. Y claro, uno mismo se da cuenta de ello sumergido en su retiro del mundo, en la soledad de un cuarto. Muy bien expuesto, Isaac

  2. Me gusta pensar que los escritores somos capaces de controlar esa locura que incapacita a otros. Me pregunto cuántos quedaron por el camino sin poder hacerse con ella para forzarla a entrar en esas líneas tan angostas.

    Y si seré uno de los primeros o de los últimos 😛

  3. Me ha encantado, eso me explica mucho jajaja. No, ahora en serio.. Creo que hay mucho de cierto en el estudio, esa instrospección continua, ese inconformismo, esa forma de ver siempre el otro lado de las cosas, la preferencia por los temas complejos y esa soledad interior.. hay muchos rasgos en los que me he visto identificada.

  4. Un escritor desea exteriorizar sus pensamientos, sus inquietudes, sus sueños, para lo cual requiere sistematiza ción, lectura y metodología.

  5. Hola, interesante, explica perfectamente a los creativos. Interesante, para conocernos mejor. A veces creo que vivo tocando la locura, gracias por no sacarme de ese pozo, Saludos.

  6. Decía Lessing que escribir era su manera de sublimar la locura. Entiendo que si hay locura e insight de la misma es cuando se le puede sacar partido, pero reconozcámoslo: entonces es locura de mentirijilla, y entendemos las buenas puntuaciones en salud mental. Por otra parte, todas conocemos más de un par de suicidios célebres…

    • La cuestión con los estudios más interesantes al respecto es que parecían concluir que se camina por la fina línea y que, aunque hay suicidios sonados, tampoco parece que estadísticamente los escritores se suiciden mucho más que la media de otras profesiones.

      No es una cuestión de locura de mentirijilla, algo hay al parecer, otros fascinantes estudios alegan que los artistas, más que locos ellos mismos, tenían a locos certificados en sus familias, algo corría por ellas y en vez de tocarles de lleno, les rozaba o les permitía acceso a ello, con posibilidad de vuelta.

  7. muy interesante, isaac.

    y me he sentido muy identificado. la putada es saber cuándo esa locura “controlada” deja de estarlo (por la propia naturaleza de creativo o por razones externas) y te acaba pasando factura. en cuanto a que los creativos disimulan los trastornos mejor que el resto, espero que sea así y no al revés, y que la gente, en el fondo, te tenga por más loco de lo que te tienes tú ya ^^.

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