Consejos para ser un buen (y famoso) escritor

bola de cristal

Olvida todo lo que enseñan en cualquier otra parte que no sea esta. Un buen escritor solamente necesita ser experto en dos cosas:

  1. Contar una buena historia.
  2. El autosabotaje.

Y me voy a dar coba por una vez, pero creo que a una de esas dos le paso el paño cada día y brilla hasta arrancarle destellos al sol.

Por eso, echemos un vistazo a algunos consejos (pues ahora soy de esos) para ser un escritor «como Dios manda».

Cuando un editor proponga que los escritores que miran al Mediterráneo os juntéis, os conozcáis y os ayudéis, primero quédate parado (porque los editores se guían por el movimiento) y luego di que no, pero sólo con las excusas más estúpidas y peregrinas.

Creatividad para tramas no, pero para eso, la imaginación desbordante de los seis años.

A continuación comprueba cómo, algo más de una década después, uno de ellos está en Planeta y otro en Destino.

Cuando una editora te llame para hablar de tu libro y quedar, porque viene a la ciudad que la cultura no pisó en 25 años, di que estás muy ocupado ese día («imposible, el trabajo»). Después procede a pasarte la tarde en el bar preguntando al aire: «¿Qué es más infinito, el universo o la estupidez?».

Cuando otro editor te llame y te diga que le ha gustado lo que has hecho, te va a dar un premio y te va a publicar, no digas gracias. La mejor respuesta es: «¿En serio? ¿Por qué? A mí me parece una mierda».

Cuando la chica tras las que has ido tanto tiempo pare su coche a tu lado a las tantas de un sábado, abra la puerta y te diga que está pensando en ir a la discoteca X, responde que ese sitio no te gusta y espera a que sacuda la cabeza, cierre y arranque. Procede a darte cuenta del significado de la palabra «subtexto» el miércoles siguiente a las doce y diez del mediodía, en medio de una reunión de trabajo.

Esto no es literatura, pero un poco sí.

Cuando alguien alabe lo que hayas escrito, señala que lo importante es que hay una errata en la página 43.

Cuando te presenten a una señora amabilísima que coordina talleres de escritura, y te diga que quizá podrías compartir algo de lo aprendido, responde que en realidad no crees que puedas enseñar nada a nadie. O que en realidad, ahora que sale el tema, no crees que nadie pueda enseñar a escribir bien a otro.

Cuando te contacten de podcasts, blogs y demás, por si quieres hablar de tu libro, hacer una entrevista o que te conozcan un poco, responde que no, gracias, pues no crees que puedas aportar nada de interés a su audiencia, más de lo que ya se dice en los libros que has escrito.

Y por supuesto, procede también a escribir cómo crees que una de las claves del éxito de Hemingway (y del éxito en general) fue su capacidad para introducirse y moverse por círculos de influencia que le ayudaran.

Porque sabotaje e hipocresía no tienen por qué estar reñidos.

Ya paro. La vida me llama si levanto la cabeza y, de todas formas, es difícil ver el final de esta fila de consejos.

Porque cuando el programa La Bola de Cristal te diga: «Solo no puedes, con amigos, sí», procede a ignorar semejante paparrucha.

(Al menos, como premio de consolación, tómate como mandamiento aquello otro que también decía: «Si no quieres ser como ellos, lee»).

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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2 respuestas

  1. Acabo de llegar del Congreso de escritores en Buenos Aires (vivo en el interior de la provincia) y es tan real lo que comentás. Gracias! Continúo valorando mi soledad en empatía.
    Por favor, tu libro “Perdimos la luz de los viejos días” lo puedo conseguir en Argentina?
    Saludos

    • Hola, Marisa: un congreso de escritores, creo que no te envidio.

      La editorial de Perdimos… creo que llegó a poner ejemplares en México, pero dudo que a Argentina, es pequeña y humilde :-/

      Un saludo y disfruta el evento.

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