Creo en Elena Ferrante

Elena Ferrante

Supongo que a la mayoría no le pasa, pero hay una dicotomía irreconciliable en mí, la de escribir y mostrarlo, para luego esconderme yo detrás.

Yo no importo, por una vez no lo digo segándome la hierba bajo los pies.

Canales de Youtube, promoción constante, el nombre más grande que el título y las ansias de la fama. El escritor como feriante es la manera de entenderlo que veo por todos lados.

Hoy día te repiten que no hay otra manera, que las cosas son así y no tienes más remedio. Exposición, exposición y exposición, aprendió el loro. Aprende tú a hacer malabares antes que a escribir. Una consigna más sin datos que la respalden, pero así son siempre.

Hay algo para lo que creo que sirve esa obsesión por la exposición, para menoscabar el tiempo que tendrías que dedicar a no torcer los renglones.

Eso es algo que la autora Elena Ferrante ha verbalizado mucho mejor que yo, así que para qué ir a buscar palabras cuando no van a ser mejores.

Estoy todavía muy interesada en testificar contra la auto-promoción impuesta obsesivamente por los medios. Esta demanda de auto-promoción empequeñece a la obra de arte, cualquiera que sea, y se ha convertido en universal… La persona individual es, por supuesto, necesaria, pero no estoy hablando del individuo, sino de una imagen manufacturada.

O marca personal, otra moto que no arranca y dos palabras para volver blancos los ojos.

Hoy día, con la obsesión de la fama y la notoriedad, con la necesidad de tapar la falta de capacidad con otras cosas, Ferrante dijo esto a, paradójicamente, Vanity Fair.

Simplemente decidí, de una vez por todas, hace más de 20 años, liberarme de la ansiedad de la notoriedad, de la urgencia de formar parte de un grupo de personas de éxito, que creen que han conseguido quién-sabe-qué. Este fue un paso importante para mí. Hoy siento que, gracias a aquella decisión, he ganado un espacio propio, un espacio que es libre, donde me siento activa y presente. Renunciar a él sería muy doloroso.

Y entonces, igual que de pronto viene una historia que lo cambia todo, en muchas ocasiones viene un imbécil que lo cambia todo.

En 2016, un «periodista de investigación» descubrió la identidad de Elena Ferrante. Su «trabajo» apareció en varios periódicos y en el New York Book Review. Supongo que otro caso más de ocultar una falta de capacidad para hacer algo propio que fuera reseñable.

Contra los deseos de esa mujer, sabiendo que sería muy doloroso, a pesar de haber resistido las presiones de su propia editora porque los lectores «necesitaban saber quién era» (¿para qué? ¿No bailaba el mono a gusto del público?), el periodista siguió adelante.

En fin, personas pequeñas, que se tienen que subir a otras para parecer un poco más altas, aunque las pisen.

Creo en todo lo que dice Elena Ferrante, en el empequeñecimiento del arte, en el respeto de los deseos, en que a veces, en este contexto de primates gritando mírame a cada segundo por el móvil, alguien puede querer lo contrario.

Obviamente, no se puede tolerar.

Los bienintencionados que asfaltan el infierno te dirán que así no conseguirás nada, que los tiempos han cambiado, que estás matando tu sueño (¿qué sabrán de los sueños y de si es mejor matarlos o venderlos?), te repiten todas las cosas que les han repetido a ellos, sin pararse a pensar si hay algo real que sustente eso.

Y si, por un caso, demuestras que es posible otra cosa, como hizo Elena Ferrante (y en realidad la mayoría de buenos, que no se pusieron con malabares delante de las frases), entonces vendrán a tirarte lo que te has construido, como a ella.

Hay un suministro inagotable de idiotas para eso.

He aquí la analogía de la caja de cangrejos, seguramente un mito como todo lo que suena demasiado bien. «Mete a un cangrejo en una caja e intentará salir por todos los medios. Mete a varios y, cuando uno intente salir, los demás tirarán de él hacia dentro».

No sé por qué fueron a buscar cangrejos para la fábula, hay una especie claramente más adecuada.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

Comparte si te ha gustado

7 respuestas

  1. Y precisamente ese misterio, hace que sea aún más interesante. Su maestría con la pluma y ese “no querer” que se sepa quién hay detrás, es tan brillante y envidiable como su prosa. Sin querer o queriendo (tampoco se sabe), ha captado todas las miradas y atenciones… e incluso, la excelente y perfecta estrategia de marketing. Curiosa como siempre la vida, -cuando no se tiene prisa, se llega antes-.

  2. Otro excelente artículo. Es cierto. De alguna manera, ya escribiste en tu blog acerca de esto cuando te referías a las motivaciones que llevan a a alguien a escribir y querer publicar. Es un tema complicado el de la autopromoción. Lo que sí veo es que, no solo en este asunto, estamos profundamente dirigidos y únicamente los grandes sin capaces de escapar de la manipulación. Un saludo y, por favor, sigue con este inspirador reto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *