Cuándo se da uno cuenta de que lo que escribe es “publicable”

Como saber cuándo algo es publicable

No voy a ser yo el que niegue que a veces mi tendencia a la obsesión con cosas que cruzan por delante me puede y me atrapa. Hace un par de días alguien me preguntó lo siguiente en un comentario de la web:

Yo también escribo, o eso intento. Mezclando situaciones reales con mis pensamientos más profundos. Mi pregunta para ti es…
¿Cuándo te diste cuenta que tus relatos eran publicables?
Y no me digas que cuando tu gente cercana te lo comenta.
Gracias y enhorabuena.

No soy quién para responder a esa pregunta, pero quizá por la dicha obsesión, porque me hace pensar o porque la chica se llamaba como mi sobrina, ahí estuve dos días escribiendo y borrando, escribiendo y borrando. Al final hice lo que hago, hablar sin decir demasiado y al final decidir detenerme en un punto, el que fuera, porque si no todo es una rueda de hámster.

Y me quedó esta respuesta que expongo aquí, más larga de lo que pensaba y a la que hice marchar con su hatillo hacia ninguna parte, muy a tono con lo que escribo últimamente.

* * * * *

Hola, Carla:

Me has hecho una pregunta extremadamente difícil y he borrado un montón de respuestas porque ninguna me convencía. Esta tampoco lo hace y no te aclarará nada, pero la voy a dejar, porque si no, me quedaré para siempre atrapado aquí.

Que algo sea “publicable” es necesariamente un proceso externo a uno, con lo que es difícil darse cuenta uno mismo de si algo lo es. Es decir, “publicable” es un concepto que implica que una tercera persona lo lee y le gusta lo suficiente como para creer que puede editarlo y que otros lo leerán y les gustará. Pero supongo que te refieres a reconocer en ti misma una calidad similar a esos escritores que te gustan, así que comentaré algo sobre eso.

A mí me han publicado cosas que luego he pensado que mejor dejar en un cajón y tengo en un cajón cosas que pienso que son mucho mejores. Así que “publicable” es un concepto que uno mismo difícilmente puede abarcar.

Es cierto que hoy día, con la autopublicación, eso ha cambiado y al final, te publiques tú u otros, lo que preguntas no deja de ser un acto de fe por parte de uno mismo: creer que lo que escribes es bastante bueno como para enseñarlo a las personas adecuadas y que haga en ellos lo que hacen los buenos libros.

Así que, si uno tiene coraje suficiente (y hace falta bastante) lo expones y, tarde o temprano, llega el juicio de los demás y eso tampoco es una buena medida de si algo es bueno o no, pues la mayoría de libros inmortales hoy fueron vapuleados ayer y mucho de lo que se publica y vende no tiene mucho mérito si lo miras como arte.

Es muy difícil (por no decir imposible) saber uno mismo si algo es lo bastante bueno como para que lo vean otros ojos, que es lo que también entiendo por “publicable”. Uno nunca puede ser objetivo consigo mismo y la literatura tampoco es una ciencia objetiva. Te digo más, si uno es realmente bueno escribiendo (o haciendo lo que sea), dudará constantemente de la calidad de lo que hace. Sólo los ilusos y los incompetentes creen que son los mejores sin vacilar.

A mí me publicaron mis primeros relatos hace ya casi 8 años y ahora miro algunas cosas que acabaron impresas y pienso: “qué vergüenza”. Es muy posible que dentro de un par de años mire lo escrito ahora y de nuevo piense lo mismo.

Igualmente y en otro orden de cosas, “publicable” significa “vendible”, no nos engañemos. Uno puede comprobarlo echando un vistazo a las listas de ventas y cómo salen clones de muchas editoriales que intentan imitar a lo que sea más pujante en el momento. En realidad siempre ha sido así y una editorial es una empresa y lo que busca es algo que se pueda vender. No todas son iguales, pero todas necesitan vender para vivir y es eso lo que buscarán esencialmente.

Las personas cercanas, como bien apuntas, no son un baremo fiable. Son personas que nos quieren más o menos, con lo que sus críticas no irán encaminadas a decir si creen algo tiene calidad suficiente o no, sino a animarnos y ahorrarnos daño, como tiene que ser. Por eso es bueno enseñarlo, escuchar lo que digan y luego no hacer caso.

Así pues y volviendo a la pregunta, porque siempre divago, ¿cuándo me di cuenta de que mis historias eran “publicables”? Si uno escribe mucho (muchísimo) y lee mucho (muchísimo) y bueno, tarde o temprano se van produciendo ciertos “clics” internos, ciertos momentos escasos y valiosos en los que te das cuenta de que has alcanzado un nivel más alto que el que tenías. El camino de la maestría está compuesto por llanuras interminables donde parece que no mejoras ni avanzas, pero si perseveras (muchísimo), aparecen picos en los que “subes de nivel” (y luego prosigues por otra llanura interminable, pero algo más elevada, en la que también pareces no tener un avance apreciable durante mucho tiempo). Y a veces, cuando llegas esos picos, lo notas y crees en ello lo suficiente como para mostrarlo a los demás.

Veo que dudas de lo que escribes, lo cual es una buena señal porque los buenos siempre dudan. Cuando uno ha leído mucho y escrito mucho, nunca sabe si lo que hace es bueno, pero sí sabe en su fuero interno cuándo es una total porquería. Es decir, que uno aprende antes a identificar la basura que lo bueno, y eso es un paso que sí sirve en la práctica.

Cuando ya tiene más o menos claro que lo que hace no es una total basura, pero tampoco sabe si es bueno, empieza a ser el momento en que quizá, sólo quizá, sea hora de exponerlo a otros.

La duda siempre va a estar ahí. Y darse cuenta uno mismo de si algo tiene calidad o no siempre va a ser un salto de fe y no hay manera de evitar eso.

El otro tema que juega en nuestra contra es que los escritores siempre estamos intentando leer la mente de los demás y saber qué quieren cuando hablamos de “publicable”, y eso es imposible. No se puede leer una mente y mucho menos leer muchas como intentamos nosotros.

Mira, yo he escrito cosas que he pensado que no valían para nada y no iban a gustar ni a mi pobre madre, pero en un momento de locura las he expuesto y resulta que le han encantado a mucha gente. Y las sigo mirando con perplejidad y pensando: “¿pero cómo es posible? No me lo puedo creer”. Mientras, otras que atesoro muy cerca de donde se supone que tengo el corazón, las he mostrado y me han hecho saber (a veces de muy malos modos) que eso es incomprensible o un bodrio para ellos. Así que al final uno nunca sabe realmente y todo es un terrible juego de darle muchas vueltas a la cabeza, algo innato en los que escriben.

Por eso, para escribir, por si no fuera suficiente la infinita práctica y el pelín de talento, también hace falta coraje para dar ese salto de fe. Al final, todo se resume en eso, en lanzarse por el precipicio de mostrarlo una vez sabes que lo que escribes ya no es pura basura. Y quizá en el fondo del precipicio haya agua o quizá haya rocas.

En resumen porque te habrás dormido:

  • Antes que aprender a reconocer lo publicable, uno suele aprender a reconocer si algo suyo es “basura” o no, y eso ya es un paso. Cuando ya no crees que sea una “basura”, tienes un comienzo.
  • Lleva muchos años de práctica escribir bien (o quizá es que soy muy lento), y es un camino con épocas de llanura interminable en las que no pareces avanzar y luego surgen esos picos, esos cambios de elevación en los que subes de nivel. Y con suerte los reconoces.
  • Nunca sabes qué gustará a los demás, (que es lo que implica “publicable” en sí). Leer mentes es imposible y el trabajo más frustrante del mundo. Si te dejas llevar por ese juego imposible de ganar, no escribirás apenas y dudarás demasiado de todo lo que escribas.
  • Al final, gran parte de todo esto se reduce a reunir suficiente coraje como para tener ese salto de fe y mostrar lo que escribes a quienes no nos quieren ni odian especialmente, a esos otros que desean que te lean. Hoy día es posible sin editorial. Y a partir de ahí, esperar el juicio para saber si enviarlo o no a esas editoriales y no tomar demasiado en serio nada de lo que digan, ni en lo positivo ni en lo negativo. Sólo seguir escribiendo hasta el siguiente paso de nivel.

Sí, lo sé, Carla, a mí también me gustaría encontrar una respuesta mejor a lo que me preguntas, pero me temo que no la tengo.

Y yo huiría de quién te diga que la tiene.

5 responses

  1. Buenas tardes…

    Yo no voy a estar esperando a Carla, que lo mismo se ha ido de vacaciones a celebrar el verdadero “Halloween” y no vuelve hasta pasado un mes… Creo que es una respuesta magnífica (yo me he sentido como una cobarde incapaz de publicar nada, pero me ha encantado la respuesta). Bueno, yo sólo he venido a leer la respuesta y ya… Un saludo (Ah, y gracias).

  2. Pensé que te habías olvidado de mí o que no querías resolver mi gran duda. Con tu respuesta veo que optaste por la segunda o opción..
    Es broma!!
    Gracias por hacerme una pequeña gran aclaración. Llevo tiempo escribiendo y no dejo que nadie lea lo que cuento en los cuadernos. Es muy raro, lo sé. Y coraje me falta o lo perdí hace años. Pero llevo tiempo dándole vueltas al asunto de publicar algún que otro relato gratuito y bajo un seudónimo.
    Sé que puede parecer cobarde a vuestros ojos, pero bajo mi perspectiva sería la mejor opción de conocer críticas sobre mis escritos sin salir muy mal parada.
    Perdón por lo extensa de mi respuesta a la tuya. Y gracias por las molestias que te tomas para alegrarme un poco el día.

  3. Creo que las personas tenemos un botón que nos regocija, cada uno tiene algo que lo recrea y activa en momento inpensado.

    El escribir, el componer música, el pintar, etc, es activar ese botón y no está condicionado a si les va a gustar a los demás, salvo que sea de modo profesional y forme parte de modus vivendi.

    El profesional recorre un camino, se prepara, se forma y se prueba, haciendo de ello algo que tiene una aceptación razonable y valora si le será rentable.

    En mi caso con la aparición de redes sociales me atrevo a comentar, emitir algunos juicios y de repente me documento de ciertos temas que me son de interés y quedan plasmados para mis contactos, quienes aceptan o rechazan, pero de que es mi gusto, ni dudarlo.

    Tu eres un profesional y te criticas severamente, por lo que tu satisfacción puede ser más escasa. Saludos…

  4. Primero decirte que gracias por tus entradas, me resultan muy útiles.
    Segundo, quería destacar una cosa: lo de que a la gente le gusta es a veces demasiado random (y más de las que debería, malo, o lo que a mi me parece peor). Pasa un poco como con la música: la moda, lo comercial, lo que aparece en la publicidad… a mi me parece malo. Pero como siempre prima el ‘sobre gustos…’. Por ello que sí me gustaría probar algo práctico a colación de lo que has dicho. Leer un par de textos tuyos (a priori breves): uno de esos ‘malos’ que te han publicado y otro de esos ‘buenos’ que tienes en el cajón muriéndose de asco. Si decirme cuál es cuál, of course. A ver qué lectura hago (me veo capa<z de decirte cuál de los está es el que está más cerca de tu corazón :p).

    • Lo malo de bueno y malo es que son conceptos personales, juicios de valor donde no hay reglas a partir de un punto determinado. Eso sí, creo que debería haber un consenso sobre lo básico y lo nocivo que son el Reggaetón, los Greys y otro thriller más ambientado en el Vaticano. La iglesia debería financiarse con esos derechos de imagen y le sobraría.

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