Relato: Diccionario

Este fue mi primer relato hiperbreve, publicado en la “Microantología del Microrrelato II”.

Aunque siempre se dice que es muy difícil elegir qué cosas tuyas son las que prefieres (“porque a todas las quieres como hijos” y chorradas similares que se dicen en esas situaciones), yo reconozco que este es uno de mis hijos predilectos.

Sin más he aquí el microrrelato.

* * * * *

Lo encontré en el buzón, un diccionario de tapas negras, copiado a mano y dejado anónimamente.

“Una vez me ocurrió lo mismo que a ti te está pasando ahora”. Así comenzaba la nota que cayó de entre sus páginas cuando lo abrí para ver qué era.

“Sé que ha caído en buenas manos, así que úsalo, rompe el hechizo”, así terminaba.

Había docenas de palabras en las páginas de aquel diccionario, todas explicadas en su verdadero significado en vez del habitual que usamos siempre al hablarlas. Leer cada una de ellas, y lo que realmente querían decir, era como un hipnotizador chasqueando los dedos ante mí, despertándome de un letargo que no sabía que me apresaba y sintiendo otra pieza encajar en su sitio.

Ahora comprendo, dije, hace mucho alguien cambió las palabras y lo que significaban realmente, pero en las páginas de este diccionario está su verdadero sentido, lo que quieren decir de verdad.

“Mañana quiere decir Nunca”.

Allí estaban las claves del verdadero lenguaje y alguien me las había regalado trayéndolas a mi buzón. El verbo original revelado tal y como era cuando se creó por primera vez, cuando tenía poder verdadero.

“Miedo quiere decir Brújula, también Camino, más bien una mezcla de ambos y cuya palabra real se ha perdido”.

En el diccionario también había una lección de historia, al parecer no bastó hace mucho tiempo con tergiversar el significado real de las palabras y cambiarlo por otro, algo que hicieron los llamados “Cuidadores”, también hubo otro periodo llamado la “época negra” y que se ha olvidado como un sueño extraño del que ya no queda rastro. Los “Cuidadores” ya no existían entonces, pero había otros, “los Rectos” (que así los llamaba el diccionario). Éstos ya no podían alterar significados, pero inventaron muchas nuevas palabras, que nada tenían que ver con la fuente del lenguaje original, que no habían salido del mismo manantial poderoso y que, al contrario que las palabras primordiales, no tenía la función de crear, sino la de dominar.

“Seguridad. Moral. Otros. Ellos. Contra. Correcto…”

Muchos términos se hacinaban en esa sección del diccionario, y todos y cada uno de ellos tenían el mismo significado real anotado al lado.

“Cadena. Cadena. Cadena. Cadena. Cadena. Cadena…”

Ojos rojos, lágrimas que me caen, pero no por pena sino por no dormir, una semana después de encontrar el diccionario en mi buzón yo estoy más sucio, más flaco y quizá más loco, pero sonrío, porque ahora sé hablar de verdad.

“Loco significa Cierto”

“Risa significa Todo”

Y precisamente todo el lenguaje original que creó cada cosa que existe en este mundo se resume en una palabra, aquella con la que empieza y acaba el diccionario, la más poderosa de todas.

“Ahora”.

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