Dos cabos sueltos y una posdata

Hoy venía a hablar de algo completamente distinto, pero el perro se comió los deberes, que es lo mismo que decir que me he dejado lo de hoy en otro ordenador, y ahora no voy a recorrer los kilómetros que me separan de él. Y sí, sé lo que es la nube.

Así que hoy toca batiburrillo de un par de cosas sueltas y breves que me han llamado la atención estos días.

Una ha sido José Carlos Ryoki de Alpoim Inoue, más conocido como Ryoki Inoue, el escritor vivo más prolífico del mundo. No va ni a rozar a Corín Tellado, pero buen intento. Cuando el Guinness de los récords lo certificó por primera vez en 1991, él ya había escrito 16 libros más entre lo que tardaron en contar y en hacer oficial las cifras. En total, casi 1.100 libros y unos 39 seudónimos a petición de sus editores, incapaces de seguir el ritmo.

Casi toda la producción de Inoue son novelas del oeste, historias de espías, aventura y papel pulp. Un periodista del Wall Street Journal, incrédulo, se desplazó en 1996 hasta la residencia de Inoue para comprobar si, como él decía, podía escribir una novela en un solo día.

Inoue comenzó a escribir a las 22:00 horas, recuerda el periodista, con un puñado de facturas apiladas al lado como motivación. A las 5:30 de la madrugada, los ojos rojos, el café y el tabaco casi terminados, finalizó una historia de 198 páginas de héroes casuales y femme fatale misteriosa.

En los 90 calmó un poco su hambre, prefiriendo escribir: «Un libro cada tres días, en vez de tres en un día».

¿Sus consejos para escribir tanto?

  • El argumento debe ser dictado por el gusto de los lectores y la necesidad del mercado.
  • Escribe a partir de la primera inspiración que venga a la mente, sin importar si es el comienzo, el capítulo veinte o dónde encaja.
  • No escribir sobre política, porque la realidad supera a la ficción.
  • Escribe varias cosas a la vez.
  • Cuando surja un problema en el argumento, lo destruyes. Mata personajes, vuela edificios, haz lo que sea necesario para seguir moviendo la historia hacia adelante.
  • No escribas sobre opresiones e injusticias, porque nadie quiere identificarse con la miseria.

Cambio de tercio. Como soy lento y acumulo artículos que me interesan desde ni se sabe cuándo, estuve leyendo hace poco uno de The Guardian, datado de hace unos cuatro años.

En él se recogen los consejos y experiencias de escritores / maestros en cursos de escritura. Me declaro fan de Jeannete Winterson, que en ese artículo deja caer perlas de sabiduría como bombas de racimo.

Tres ejemplos:

Me importa una mierda lo que haya en tu cabeza. Con eso quiero decir que, si no está en la página, no existe. La conexión entre tu mente y la del lector es el lenguaje. Leer no es telepatía.

Escribir es un romance, no un placer solitario. Puedes escribir sobre cualquier cosa que desees, pero debe haber una conexión entre el material y tú.

(Esta de la conexión es demasiado importante y la mayoría no parece entenderlo, no voy a ser yo el que lo explique si no se capta la esencia).

No aceptes consejos sobre «cómo escribir» de nadie que no haya escrito y publicado una cantidad significativa de trabajo (Ezra Pound tenía razón).

Por último, porque no hay dos sin tres, creo que hay que decir más a menudo «no lo sé», porque las cosas, la vida, son demasiado complejas. Pero no lo aceptamos, y rellenamos demasiados huecos con respuestas simples, o pura ideología que no es más que paja mental.

Una reflexión en voz alta, simplemente.

P.D. He aquí, como curiosidad, la portada del libro de relatos que pudo ser, pero finalmente no fue, por cauces editoriales. De veras que mi plan es que, como ya no puedo meter de nuevo el genio en la lámpara, vea la luz pronto de todas maneras.

portada libro de relatos todas ellas

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12 respuestas

  1. Pues, no sé, lo primero de todo (si quieres) es preguntarte para qué escribes. Es cierto, hay una parte técnica. También, parece casi ridículo mencionarlo, la gente te entiende por lo que lee, y por tanto, expresarte adecuadamente es importante. Hay que reducir el “ruido” entre tu mente y la del otro. Pero creo que hay más. Si escribes para lectores lovecraftianos, un “horror indescriptible y corrupto” siempre tendrá sentido. No solo debes saber escribir, expresarte, sino compartir o tener claro qué sabe el lector y que no sabe, qué necesita saber y qué no. Eso hace a lo que escribes temporal en cierta forma, tribal en otra. Y por eso es tan importante la primera pregunta ¿para qué escribes? Si lo haces por ser un Ken Follet, una Corin Tellado, un Salinger o un señor que ha ganado 1700 premios literarios en España ( https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/mundo-premios-literarios-pura-anarquia_0_452954712.html ) o porque sí. ¿Es por el dinero, por el arte, por la fama, por qué tienes que hacerlo? Algunos dicen que esta pregunta solo se la hacen los que no se comen una rosca XD
    Y te he colonizado el blog como una rémora… (creo que al menos el artículo del link es curioso :D)
    Gracias por la reflexión.

  2. Me quedo con la pregunta que hace un lector, hay que definir para qué escribe uno. Libros sobran en el mundo y cada año uno la tiene más difícil en seguir el ritmo de toda la ficción que se escribe. Es un artículo de la piedra de Sísifo que me hizo reflexionar. Buen post. Y espero que el perro no se haya comido tu ordenador… una bromita para no estar tan serios.

  3. Me ha llegado al alma la frase de “si no está en la página, no existe”. Y en prueba de mi gratitud, me asomo aquí para darte las gracias. Porque si no lo escribo, no existe. Y me apetecía agradecer un buen post. Saluditos 🙂

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