Dos cosas que aprendí de un libro

Y que desde luego no fue escribir buenos títulos…

No suelo leer demasiados libros sobre escritura y, mucho menos que eso, artículos sobre el tema. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de estos últimos no sirven para nada, ni dejan huella alguna que vayas a aplicar. Pero por culpa de 5 minutos ociosos y el maldito clickbait he pinchado en uno y se ponía a dar consejos a George R. R. Martin sobre cómo debería hacer las cosas.

Ahí es nada como ambición, para alguien en sus veinte que no conocía de nada. Pero no se lo puedo reprochar, pues yo a los veinte también creía que lo sabía todo.

Por fortuna, no había redes sociales entonces, y los blogs eran algo esotérico, con lo que nadie tenía que escuchar mis idioteces resabiadas y tampoco me tuve que pasar los siguientes 20 años borrando por vergüenza lo que dije en los primeros 20.

La cuestión es que, al igual que con los artículos, también hay honrosas excepciones en los libros sobre escritura y, una de ellas es el clásico de Anne Lamott Bird by Bird.

Personalmente, valoro un libro de no ficción si me deja solamente una idea plantada en la cabeza para que germine. Si son dos, bailo un zapateado y lo considero una más que excelente inversión.

Bird by Bird es un libro del 95 que leí hace bastante tiempo. Una de sus premisas fundamentales: «Escribe primeros borradores de mierda», me dio permiso y validación para hacerlo, porque a pesar de que en mis 20 lo sabía todo y luego lo olvidé, también vivía capturado por esa noción irreal de que los libros de las estanterías fueron cosas hechas a la primera por genios.

Sin embargo, hay otra noción mucho más sutil en ese libro. De hecho, con el tiempo me pareció aún más importante, como pasa con esas cosas que parece que no mojan, pero en realidad calan.

Se trata de que lo que escribes se revela a sí mismo cuando lo escribes. Y sólo así.

¿Qué significa eso?

Que conforme escribes vas descubriendo lo que realmente quieres decir, se van desvelando cosas que eran imposibles de anticipar en una planificación. Trama, personajes e historia completa, se van revelando conforme escribes.

Toman vida propia, derroteros que no esperabas, los personajes desvelan cosas de sí mismo que no preveías al escribirlos en ciertas situaciones. Igual que las personas.

No escribo histórica, no escribo ciencia ficción «dura» ni nada en lo que tenga que documentarme exhaustivamente para no parecer un ignorante. Cuando preciso hacerlo, no me importa, sigo escribiendo hacia adelante, dejando esos detalles sin pulir o en blanco y después, una vez hecho el verdadero trabajo, ya me documento lo que haga falta. Entonces vuelvo y lo edito todo para insertar o pulir lo necesario.

Hacerlo antes es otra eterna excusa para no escribir.

Cuando, para documentarse, un escritor precisaba marchar a una biblioteca o al sitio real del que quería hablar, era otra cosa. Hoy con Internet, 9 de cada 10 casos de documentación lo son realmente de procrastinación, o te encuentras con casos en los que autores televisivos superventas hablan con orgullo de una labor de «documentación por WhatsApp» (literal) para mostrar el extenuante trabajo al respecto.

Así que, como dice Lamott, tienes que escribir para figurarte aquello sobre lo que estás escribiendo.

Hasta que no lo hagas, no ocurrirá.

Eso me pasaba desde que empecé a escribir, pero pensaba que fallaba. Pensaba que esos maestros, que parecían hacer obras maestras a la primera, también sabían todo de antemano, lo que iba a ocurrir, lo que querían decir en cada momento, quiénes eran sus personajes…

Luego vi que, en muchos casos, escribir es saltar y aprender a volar antes de llegar al suelo. Bird by bird me ayudó a hacer las paces con el salto, igual que con los primeros borradores.

Cierto es que muchas veces te estrellas antes, pero eso también forma parte del proceso de escribir, un proceso caótico e imperfecto, un proceso sin misticismos dañinos.

Siempre tendré que agradecer a Lamott su capacidad para ayudarme a pelar esa capa engañosa de la escritura y el hecho de que, como suele suceder, esas dos cosas que me parecieron más útiles sobre el arte de la escritura no te dicen nunca cómo tienes que hacerlo.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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8 respuestas

  1. Tienes la razón Isaac, la escritura planeada se desvanece al momento en que empiezo a escribir.
    La ocurrencia de tramas y personajes al estar sentado frente a la hoja en blanco se hace más amplia y aunque a veces se complica más de esperado, es un ejercicio benéfico, que si lo practicas frecuentemente seguro te hará mucho mejor escritor.

    • Hola JC:

      Efectivamente, igual que pensar lo que quieres escribir es muy fácil, y cuando quieres volcarlo descubres que es todo lo contrario, lo mismo pasa con los planes. La escritura, igual que la vida, tiene como pasatiempo desbaratar planes mientras se ríe.

      Lo que quieres escribir sólo se revela escribiendo, de ahí el carácter insustituible del trabajo en este arte. No se pueden escamotear las horas de trabajo: planificar no es escribir, fantasear no es escribir, documentarse no es escribir, leer sobre escribir no es escribir. No hay sustituto por esa característica de que no puede revelarse de otra manera.

      Un saludo.

  2. A los 20 años se es un auténtico gilipollas. Te das cuenta cuando tienes 30. Pero es que a los 30 también lo eres, y no te das cuenta hasta que tienes 40. Al final, llegas a viejo, y te das cuenta de que has sido un gilipollas toda la vida. Es lo que hay.
    Dicho ésto por alguien que lleva ya unas décadas experimentando esta verdad universal.
    Pura y dura verdad: documentarse antes de escribir es una excusa para no hacerlo. Tengo dos novelas empezadas, y las dos están paradas por ese motivo: “he de documentarme más”.
    Siempre igual, en todo: “aún no sé lo suficiente”, “aún no estoy preparada”.
    Llegará el día del juicio final, y aún me pillará coleccionando cursos…
    Un gran artículo, Isaac, en tu linea: honestidad, al pan, pan, y al vino, vino.
    Por eso me gusta tanto leerte.

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