El arte de dejar que sucedan las cosas malas

El arte de dejar que las cosas malas sucedan

Vayamos al meollo.

Una de las mejores cosas que uno puede hacer es cultivar el arte perdido de dejar que ocurran cosas malas.

Ya comenté este concepto de pasada cuando hablé de la necesidad de cerrar la puerta para escribir bien. Cuando echas el cerrojo, hay consecuencias. Te pierdes cosas y enfadarás a alguien que, en realidad, no importa. Pero también permite terminar las cosas buenas, algo imposible de otra manera.

Tengo una especie de relación bipolar con Tim Ferriss, pero hace muchos (muchos) años, cuando Twitter permitía contactar con gente interesante (antes de ser altavoz de bulos, filonazis e idiotas empoderados) Ferriss me dio permiso para traducir y usar un texto suyo, siempre que lo divulgara sin pedir nada a cambio.

Y lo cierto es que, hace ya todos esos años, él definió «el arte de dejar que ocurran las cosas malas» mucho mejor que yo, así que recupero unos pedazos de aquel texto. A partir de ahora, es Ferriss quien habla:


Acabo de aterrizar de vuelta en California después de un mini-retiro largamente esperado a través de Londres, Escocia, Cerdeña, Eslovaquia, Austria, Amsterdam y Japón.

Me esperaban algunas sorpresas desagradables al mirar el malvado buzón de correo electrónico. ¿Por qué? Dejé que ocurrieran. Siempre lo hago.

Estas son algunas de las cosas que me esperaban esta vez:

Una de nuestras empresas de logística había cerrado debido a la muerte del presidente, causando una pérdida de más del 20% en los pedidos mensuales y requiriendo un cambio de emergencia de todo el diseño web y el procesamiento de compras.

He perdido la oportunidad de hacer apariciones en radio y revistas y he enfadado a los entrevistadores.

Más de una docena de oportunidades perdidas de alianzas con otras empresas.

No es que me esfuerce por irritar a la gente, al contrario, pero reconozco un hecho crítico: a menudo, para hacer las grandes cosas, hay que dejar que sucedan las pequeñas cosas malas.

Esta es una habilidad que queremos cultivar.

¿Qué obtuve a cambio de ponerme temporalmente anteojeras y recibir algunos golpes?

Seguí la Copa del Mundo de Rugby en Europa y pude ver a los All Blacks de Nueva Zelanda en directo, un sueño que he tenido durante los últimos 5 años.

[…]

Pude filmar un episodio piloto de una serie de televisión en Japón, un sueño de toda la vida y lo más divertido que he hecho en meses, si no años.

Me reuní con mi editor japonés, Seishisha y tuve entrevistas con medios de comunicación en Tokio, donde mi libro es ahora número 1 en varias de las tiendas más grandes.

Hice un «ayuno de noticias» durante 10 días y me sentí como si hubiera tenido 2 años de vacaciones.

Asistí al Festival Internacional de Cine de Tokio y salí con uno de mis héroes, el productor de la serie de televisión Planeta Tierra.

Una vez que te das cuenta de que puedes apagar el ruido sin que se acabe el mundo, te liberas de una manera que pocas personas conocen.

Recuerda: si no tienes atención, no tienes tiempo.

¿Tuve tiempo para revisar el correo electrónico y el buzón de voz? Claro que sí. Me hubiera llevado 10 minutos. ¿Tenía la atención como para arriesgarme a pescar una crisis en esos 10 minutos? No, en absoluto.

Por muy tentador que sea «comprobar el correo electrónico un minuto», no lo hice. Sé por experiencia que cualquier problema que se encuentre en la bandeja de entrada permanecerá en el cerebro durante horas, o días, después de apagar el ordenador, haciendo que el «tiempo libre» se vuelva inútil por la preocupación.

Es el peor de los estados, donde no se experimenta relajación ni productividad. Concéntrate en el trabajo o en otra cosa, pero nunca en el medio de ambos.

El tiempo sin atención no vale nada, así que hay que valorar la atención por encima del tiempo.

[…]

Desarrolla el hábito de dejar que sucedan pequeñas cosas malas. Si no lo haces, nunca encontrarás tiempo para las grandes cosas que te cambiarán la vida, ya sean tareas importantes o las mejores experiencias (o escribir, añado yo y con esto me callo de nuevo).

[…]

¿Sucederán cosas «malas»? Claro, surgirán pequeños problemas. Algunas personas se quejarán y lo superarán rápidamente. PERO, si miras con perspectiva la imagen completa, verás que son minucias, inconvenientes reparables. Haz de este oficio un hábito.

Deja que las pequeñas cosas malas sucedan y haz que las grandes cosas buenas ocurran.


Y hasta aquí Ferriss.

Pienso que es una excelente explicación de que nada es gratis, de que hay que perder para ganar. De cómo es la vida y su inherente complejidad.

En otro orden de cosas, y como esto es Internet, termino con la foto de un gato (cómo no) y de Todas Ellas. Es de una chica que ama el chocolate y vive en Atlanta. Ese libro, y ese gato, se encuentran a 7.241 kilómetros de donde estoy ahora. No está mal.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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5 respuestas

  1. Excelente consejo, al menos empezar a aplicarlo los fines de semana, aunque siempre está presente esa tentación y curiosidad por saber de los demás. Al final, es lo que hay que superar junto con la expectativa única y permanente de las cosas buenas.

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