El camino de la cabeza a la mano

cabeza a mano

El camino más difícil de recorrer para el escritor suele tener menos de un metro de distancia, pero es el más temido, está lleno de obstáculos y desmoraliza. Tanto que la mayoría de ocasiones no lo emprendemos.

Es el camino que va desde la cabeza hasta la mano.

En él, todas las ilusiones de esa cabeza se quedan atrapadas en las zarzas del brazo, se hunden en el barro o se pierden por las bifurcaciones, de modo que no llegan hasta la mano.

En ese camino, cuando lo recorres, muere toda esa fantasía de escribir de la que estamos enamorados, porque lo que parece tan sencillo y perfecto en la mente no se traduce sobre el papel.

La mano se niega a moverse y, cuando lo hace, no se parece en nada a lo que pensábamos. ¿Quién ha escrito esto y por qué es tan distinto de los buenos libros?

El camino que va de la cabeza a la mano es tortuoso, pero has de recorrerlo, y no sólo una vez, sino miles.

Y no, si quieres seguir escribiendo cada vez mejor, no se vuelve más fácil, aunque sí más familiar. Sigue siendo escarpado, pero al menos te has acostumbrado.

La cuestión es que no puedes evitar pasar por ese camino, no hay atajos y no hay alternativas.

En ese camino, la fantasía de escribir de la que todos estamos enamorados se hace realidad, y ya se sabe qué pasa con las fantasías, que pocas veces cumplen las expectativas.

Esto no es exclusivo de la escritura, ocurre siempre con casi todo lo importante.

Uno aprende música, los acordes, examina vídeos, lee libros, se pone a la guitarra y los dedos duelen, nada sale, de pronto una nota horrible se escapa y te cansas (otra de esas cosas que no existía en la fantasía). Adiós a los estadios llenos y a los fans gritando.

Pronto te das cuenta de que un mes o dos de practicar cada día no te facultan ni para que te acepten en el parvulario de la música.

Lo mismo le ocurre al boxeador que ve cada combate de sus ídolos, se imagina en ellos, aprende de los libros e incluso practica ante el saco imaginando que es el rival (es solo un saco, es jugar a boxear) y sigue las instrucciones de su entrenador.

Pero se sube al ring en la hora de la prueba y se da cuenta que se ha olvidado de todo bajo presión. ¿Dónde estaba la teoría, todo eso que ensayó en su cabeza? Perdido también entre el camino que va de la cabeza al puño.

Más de una vez he hablado de que, en realidad, muchos escritores no están enamorados de la escritura, sino de una fantasía perfecta de la escritura. Sólo vive en sus cabezas y allí todo es sencillo. Es más, muchas veces esa fantasía ni siquiera incluye el acto de escribir, sino que se imaginan firmando en El Corte Inglés, adorados por fans, mirando el producto acabado y brillante en forma de libro, pero no durante el proceso.

Y cuando sí lo incluyen en su imaginación, este siempre es limpio, cae la nieva afuera, humea el té adentro, el gato ronronea y el tac tac del teclado es imparable. Arroyos en primavera, que se han deshelado y fluyen cuesta abajo cerca de la pradera.

Es la misma fantasía que unos venden a otros para vender de paso otras cosas, porque la realidad de la escritura es muy diferente.

Porque cuando te pones a recorrer el camino de la cabeza a la mano, muchas veces está embarrado, cosas también del deshielo en primavera.

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2 respuestas

  1. Hola, Isaac.

    Es cierto. Totalmente. ¿Acaso existe algo realmente valioso que no implique sangre, sudor y lágrimas? No. Y muchas veces olvidamos que cuando conseguimos un objetivo que ha requerido un gran esfuerzo la satisfacción o alegría obtenida es mayor.

    Un saludo literario desde Oviedo.

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