best-seller

El código best-seller

Hace más de cuatro años hablaba de cómo escribir un best-seller. En mi experiencia, la manera más probable de conseguirlo era la de escribir un libro sobre cómo crear un best-seller, para que un buen puñado de escritores, que siempre estamos dispuestos a tragar sin masticar una historia que nos atraiga, lo compren.

Al fin y al cabo, la mejor manera de hacerse millonario es escribir un libro sobre cómo hacerse millonario.

Hace no mucho, sin embargo, eché un vistazo a un libro llamado The best-seller code. Este trataba de identificar, usando el poderoso algoritmo (otro de esos conceptos de moda que se usan sin comprender), para identificar los elementos de un libro superventas y tratar de dilucidar si los libros que pasaban a través de dicho algoritmo había sido éxitos o no.

En eso último, el programa era capaz de acertar, un 80% de las veces, si el libro que analizaba había conseguido meterse en la lista de los más vendidos del New York Times.

Al fin y al cabo, en el campo de la música, esa clase de análisis han resultado exitosos. Descompuesta en esencia, la música es bastante matemática y hay incluso empresas y programas que te venden canciones con progresiones y acordes que garantizan que serán un éxito pegadizo, con la suficiente exposición, claro.

Sin embargo, la literatura no es música ni las palabras matemáticas. Así que el libro, al final, tratando de explicar qué convierte a un libro en superventas resulta un puñado de obviedades que no dan respuesta a nada.

O mejor dicho, la dan, pero de una manera tan vaga y poco precisa, que realmente no hacía falta un complicado algoritmo para llegar a esas conclusiones. Según los autores, la influencia de las reseñas, las portadas, las fajas y el marketing no influían. Lo importante estaba en el texto.

Y dentro de ese texto, los libros que mejor se venden se caracterizan, entre otras cosas, por:

  • Frases cortas, estilo coloquial y verbos activos. Pocos signos de exclamación, eso sí.
  • Protagonista que actúa con decisión y hace que ocurran las cosas en un argumento rítmico que se mueve rápido.
  • Pocos temas centrales, que sean familiares. O como los autores dicen, temas que tengan «cercanía humana y conexión humana».

En definitiva, perogrulladas.

Buena suerte intentando conseguir un superventas con eso, porque la clave no está ahí. Cientos de libros, sino miles, siguen esa estructura, de hecho, las editoriales lanzan constantemente esos clones al mar, con la esperanza de que uno de ellos salga nadando.

En mi opinión, lo que hace que un clon nade y diez idénticos se hundan suele ser la suerte, la casualidad, el azar o como queramos llamarlo, algo que a un algoritmo le va a costar entender y asumir, igual que a nosotros nos cuesta también entender y asumir.

Pero bueno, yo ya he revelado la supuesta fórmula maestra, que no se diga que, de vez en cuando, no hablo sobre algo «útil».

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

4 Comments

  • Alberto

    Hola, Isaac.

    Me has dejado alucinado con lo de que hay empresas y programas que te sirven la fórmula de una canción que va a ser exitosa. No tenía ni idea. Una forma, coma otra cualquiera, de devaluar el arte musical. No me extraña que suene tanto lo que se escucha por ahí.

    Por otro lado, es cierto que el factor suerte influye (yo creo que en un porcentaje muy alto aunque, quién sabe, ese porcentaje no sea tan grande).

    Desde siempre ha habido esa rivalidad, si se puede decir así, entre la alta literatura o literatura de calidad y los best-sellers. Son, ahora que lo pienso, como la Primera División y la Segunda División del fútbol. Los autores que juegan en Segunda quieren ascender (no siempre) y que se les considere escritores de peso, serios, importantes, mientras que los que bregan en Primera verían horrorizados el descenso al Averno literario y de hecho ellos nunca bajan a Segunda (que yo sepa). Sería indigno para ellos, una vergüenza.

    Un saludo desde Oviedo.

    • Isaac Belmar

      Los autores de novela literaria miran con envidia las ventas de los libros de género. Cuando Hemingway y Fitzgerald eran amigos en el París de los 20 y los 30, Scott tenía envidia de la consideración que tenía Hemingway en los círculos literarios y este estaba celoso de los éxitos de venta de Fitzgerald.

      Inevitable, me temo.

      Un saludo.

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