El cuento de J.K. Rowling

En el goteo de correos que me llegan, a menudo hay un tema recurrente: publicar. Saber cómo funcionan esas cosas, qué puede hacer uno, si ha de promocionarse o no… En realidad, no va de publicar, sino de esa irreductible fantasía de éxito y fama que sale a pasear de vez en cuando.

Yo no tengo ni idea porque, obviamente, de haberme hecho rico y célebre estaría sin Internet en una isla remota, encendiendo puros con billetes aunque no fume.

Pero como estoy aquí, respondo de la manera en que aprendí muchas cosas: con cuentos.

Si uno quiere saber cómo funciona el éxito editorial y los entresijos de la industria y qué es necesario para «conseguirlo», el cuento de J.K. Rowling de hace seis años lo ilustra a la perfección.

No hablo de uno que escribió ella (pues confesaré que no he leído nada suyo) sino del que fue la protagonista.

Rowling escribió un thriller de acción, o como quiera denominarse, bajo el seudónimo de Robert Galbraith, un nuevo autor, con un pasado en los cuerpos especiales y que, por tanto, sabía de lo que hablaba a la hora de contar historias de espías, complots y similares.

La novela obtuvo buenas críticas y vendió unos 1.500 ejemplares. Poco tiempo después, se descubrió que tras el seudónimo estaba realmente la famosa autora de las novelas de Harry Potter.

El cuento no destaca por sus giros inesperados, la verdad, la novela se convirtió, automáticamente tras la revelación, en la más vendida de Amazon. Más de 17.000 ejemplares en la primera semana, número 3 de la lista global de ventas…

Así que, ¿quieres saber cómo funciona? Así es como funciona.

La propia Rowling dijo que el experimento de Robert Galbraith fue para saber de nuevo qué se sentía escribiendo en libertad, desde el anonimato, lo que significaba empezar de nuevo.

Empezar de nuevo, eso sí, con el mismo agente y la misma editorial que publicaba a Rowling. En gran parte, la situación de anonimato duró poco porque, al parecer, algún periodista, que también sabía cómo funciona todo esto, se preguntó cómo era posible que un autor novel compartiera agente y editorial con la famosa autora.

¿Y cómo llegó Rowling a esa situación en la que, escribas lo que escribas se va a vender?

El éxito inicial de Harry Potter se debió, básicamente, a la más pura casualidad. Como suele suceder con lo importante, lo queramos reconocer o no.

Triste pero real, un buen puñado de editoriales rechazaron la novela, mostrando que no son capaces de distinguir a priori un éxito de un fracaso, por muchos años de experiencia y muchas fórmulas que empleen. Por supuesto, la historia de publicación de Harry Potter se convirtió en su propio cuento de hadas, con la hija pequeña de un editor que leyó el manuscrito e insistió a su padre, o algo así, en que tenía que publicarlo. Algo a lo que, al parecer, era reacio.

La mitología cambia según el que la cuente, pero supongo que no importa y sólo es algo muy adornado para contribuir a esa magia de la novela.

No obstante, revela otra realidad, no sé si cruel, pero sí ciega, de cómo funcionan las cosas en el mundillo. Básicamente, es una mezcla de suerte con suerte. También de trabajo, pero ese ingrediente es una condición que nunca resulta suficiente y tampoco es ya realmente necesaria, a tenor de algunos libros que ves publicados por ahí.

Así que, quien se esté preguntando cómo funciona esto, pues así funciona y es obvio que poco puedo aportar a quien me pregunta.

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