El cuestionario de Yeats

William Butler Yeats

Un día, hace unos años, vi que en Dublín homenajeaban a William Butler Yeats, poeta, Nobel de literatura en el 23. Vi que la exposición mostraba pertenencias suyas nunca antes vistas y que terminaba en unos días. Me fui hasta allí, saqué esta foto demostrando que tengo pulso de anciano.

El cuestionario de Yeats

El cuestionario de Yeats

Es de un cuestionario sobre su arte y su modo de trabajar. Siempre he sido un fisgón silencioso de lo que hacen otros que escriben. Las primeras preguntas se refieren a algo de lo que he hablado aquí mil veces y hablaré otras mil. La dedicación a su arte que presentan todos los que hicieron algo bueno, diaria y obsesiva.

b) ¿Trabaja sistemáticamente, independientemente de la inclinación a hacerlo? Respuesta: siempre.

c) ¿Considera su trabajo de b) como perteneciente al orden más alto del valor creativo? (uno no puede sino echar de menos cómo se hablaba antes). Respuesta: siempre.

Por desgracia, Yeats deja sin responder una de las preguntas más interesantes:

¿Siente insatisfacción, a veces rayando el disgusto, con su trabajo después de que lo haya terminado?

Voy a apostar unos peniques y pensar que no contestó, pero la pluma estuvo rozando el siempre y el normalmente.

La siguiente pregunta es muy peculiar, pero es algo muy de escritores y artistas.

¿Siente que algún poder y no usted está intentando buscar expresión a través suyo? Es decir, ¿tiene una sensación de impersonalidad respecto a su trabajo? Respuesta: normalmente.

Los artistas y los escritores, siempre creyendo que son mensajeros de lo trascendente, ángeles de la musa que es una deidad, menor, pero deidad. En todas las épocas, los escritores (los artistas en general) siempre han sido así de modestos. No escribo yo, traigo a este mundo material algo que vivía en el de los dioses.

Me resulta curioso que esa noción se niegue a morir del todo, aunque supongo que es que necesitamos agarrarnos a la trascendencia para no ver que las personas somos muy pequeñas cuando miras el cuadro completo de las cosas. La cuestión más curiosa es que estos ya no son los tiempos de Homero, que invocaba a la musa antes de escribir. Steven Pressfield es el autor de varias famosas novelas, también de un libro titulado The war of art, recomendable para todo escritor. Dos terceras partes del libro hablan de cómo convertirse de una vez en lo que él llama un profesional, la última, que me dejó más frío, aborda su visión de esta cuestión trascendente que no parece despegarse del oficio de escritor.

Él cree, y no es el único en este 2015, que lo que expresa viene de un cierto genio interior, que ese genio, al menos en parte, reside en algo que no es este mundo material donde el interruptor de mi baño se cae a pedazos y en general todo muere. Yo no sé qué pensar y sé que eso es un acto de atrevimiento hoy día, donde uno tiene opinión de todo. A mí cada dos por tres me hablan de musas, que cómo están, que si me inspiran. Apenas miro de reojo ya, a mí las musas me enseñaron que mejor no creer en ellas.

Pero es curioso, es una noción que se niega a morir. Necesitamos musas, musos y similares, necesitamos darle un toque trascendente a lo que hacemos, necesitamos pensar que ese estado de flujo que a veces te invade al contar historias, viene desde un lugar mejor que éste. O que escritores y artistas, además de alcohólicos y obsesivos, también tendemos a ser supersticiosos.

En serio que no tengo opinión (clara) respecto a esto. Si hubiera rellenado el cuestionario de Yeats, habría cambiado su respuesta de sitio. La que hace referencia a lo trascendente la habría dejado en blanco, en la que dejó sin responder habría puesto ese “normalmente” que él dedicó a la musa.

One response

  1. Esa incesante búsqueda de perfección que se alimenta de tanta angustia, convierte al escritor en un creador insatisfecho, una deidad que no necesita de ninguna inspiración divina ajena a él, a la obra que la propia mente construye dentro de su cabeza. No confíes en la musa, ella sólo fisga en tu interior y luego pretende que le rindas pleitesía.

    Hasta que se demuestre lo contrario, la inspiración es una brillante y diminuta chispa que trae a la memoria un recuerdo que creíamos ya olvidado y que, al ser evocado, se va entremezclando con pensamientos y sentimientos nuevos, creando nuestro cerebro asociaciones de imágenes e ideas que le dan un aspecto de originalidad tal que terminamos por considerar que quizá surgió en otro mundo, de algún sueño, del país de las musas.

    Gracias. Un saludo.

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