concursos literarios

El curioso mundo de los concursos literarios

No he hablado prácticamente nada de los concursos literarios en estos años. Supongo que el motivo principal es que es un terreno que siempre me ha resultado algo ajeno.

He participado a veces e incluso he rozado algo, pero la realidad es que, como suele ser otra una relación fracasada, nunca me he implicado. Y es que es todo un mundo de aguas más hondas de lo que parecen que, al menos para mí, poseía unas cuestiones totalmente desconocidas, que apenas llegué a rascar allá por 2017, sobre todo.

Ese fue el año de los 113 rechazos, entre los que incluyo la presentación a certámenes de todo tipo.

Y es que durante 2017 me propuse organizarlo todo un poco mejor, ser un poco más serio con el tema, más que nada porque los concursos también me proporcionaban estructura, y disciplina, para escribir y fingir que hacía algo por una carrera literaria siempre cerca de la línea plana y el pitido final.

Fue entonces cuando, viendo que lanzar piedras a tejados aquí y allá cuando se me figuraba no daba frutos, procuré conocer más a fondo el «juego» interno de los concursos, sus reglas no escritas y qué hacían los ganadores habituales de esos certámenes.

Porque ese fue uno de mis descubrimientos, hay habituales, casi desconocidos en el panorama literario, que han profesionalizado su dedicación a los concursos.

No nos adelantemos sin embargo. Decía que me preocupé de conocer un poco más el terreno de juego y descubrí unas cuantas cosas que ignoraba, aunque no me extrañaría que para muchos que lean esto sean conocimiento básico.

Siempre he sido un inocente para lo importante, uno de esos críos metido en su mundo que no las veía venir y que creció para convertirse en un hombre que sigue sin enterarse.

Así que, para risa de algunos, estas son algunas de las cosas que descubrí ese 2017 sobre los concursos.

Los de gran dotación económica y renombre están ya concedidos de antemano

Planetas, Primaveras, Nadales, etc. Esto, en realidad, ya lo sabía desde mucho antes de 2017, porque soy un inocentón que no se entera, pero no tanto.

Tampoco creo que descubra a nadie con esto que los reyes son los padres.

Hay verdaderos profesionales de los concursos que viven (más o menos) de esto

Y me refiero a nombres que, al menos a mí, no me suenan de estanterías, pero que ganan un sueldo anual, en algunos casos generoso, a base de ganar concursos.

Son unos pocos elegidos, claro, muy pocos, pero han hecho de este arte su profesión y se han especializado en vencer a menudo.

Esto es algo que me pareció fascinante y me pregunté cómo era posible. La respuesta, aunque no la tengo clara ni mucho menos, tiene que ver con que son muy buenos escritores, han profesionalizado la actividad y también tuvieron, mucho antes que yo, otros descubrimientos a los que me refiero luego.

Hay foros de escritores dedicados a concursos y son aún peores que los foros habituales de escritores

Cuando pienso en una reunión de escritores, imagino dos horas de avispero entre las piernas. He tenido poco contacto con colegas, lo reconozco. Al principio, allá por el dos mil y muy poco y por aquello del crío inocente, gocé mínimamente la compañía de otros juntaletras y salí espantado.

Curiosamente hay foros de concursos, concurridos por esos escritores profesionales o semi-profesionales del tema (que dedican sus días a escribir, imprimir y enviar). Me bastaron 20 minutos para salir despavorido de un par.

Por supuesto, cualquier mensaje anunciando un fallo de certamen era recibido por escritores que parecían habituales con desdén (en caso de no haber ganado ellos, claro). En ocasiones, dejaban caer por tierra al ganador, alegando que «ese quién es», como si fuera un invasor en su tierra y con nociones veladas mucho peores a las que no voy a dar bombo. En otras hablaban de que ya estaba Fulanito ganando otra vez… Casos de plagio, autoplagio y otras trampas… De todo. Que seguro que hay mucho bueno en el mundillo, pero como en el resto de temas, lo que aflora en la red es lo que es.

Hay escritores MUY profesionalizados en el envío a concursos

Contacté con uno, que es una rareza porque debe ser la mejor persona que no he conocido, para consultarle un par de cosas a la vista de que aquel mundo era mucho más hondo, complejo y desconocido de lo que pensaba al principio.

Generoso como es, me envío una hoja de cálculo donde tenía todo perfectamente detallado: convocatorias, envíos, fechas de fallo, cuantías de premios, los ganados y los perdidos…

Aquello me pareció increíble, una obra de ingeniería egipcia, pero él le quitó mérito diciendo que era un mero aficionado al lado de los verdaderos profesionales.

Los concursos con más de 300-500 euros de premio están colapsados

En ocasiones, puede que envíes un relato a una convocatoria y, a veces, te responda un sistema mecanizado. En los más profesionales, incluso puede venir con una especie de número de recibo.

Ahí puedes ver cómo tu cuento es el número mil y pico…

Dicho número depende de la cuantía del premio (si se puede enviar el relato por email, se multiplica la competición). Para los que conceden mención, publicación, lotes de libros o cero euros, la competencia es radicalmente más baja y, si lo que quieres es un poco de reconocimiento (quién no) dado que dinero ya tienes claro que no obtendrás, con esos tienes oportunidad con una prosa decente. Como me recomendó el escritor del que hablaba, mejor centrarse en los de menos de 100 euros para no desmoralizarse demasiado.

Cuando empieza el dinero, especialmente los 300 euros o así, la competencia es brutal. Yo no sé ni quién se lee más de 1000 relatos ni con qué cerebro puede seguir respirando. Es verdad que se cumple la ley de Sturgeon y el 90% es mierda, pero aún así, quedarían 100 relatos decentes y luego viene que el criterio de cada jurado es el que es, con sus cosas…

Lo cual me llevaba al siguiente interrogante: ¿Cómo pueden ganar habitualmente unos pocos si todo es tan dispar en géneros, jurados y formatos?

Hay ciertos temas y enfoques que tienen más probabilidad de ganar un concurso literario

Yo ya he constatado que los míos, desde luego, no ganan ni son aptos. Y que seré un paquete escribiendo, cosa que también tengo clara. Pero la realidad es que esos que ganan:

  • Estudian a fondo a los relatos vencedores de los años anteriores para ver de qué pie cojea el jurado y adaptar lo suyo.
  • Siguen ciertos temas que son los que resuenan en el momento y están «de moda».

Según la época la novela negra triunfa y el detective borracho y cínico, con barba desarreglada, es el rey. Ya no. Otros tiempos, como los de ahora, son los de personajes femeninos y, en general, dar un fondo de esperanza y vencimiento de la adversidad. La nostalgia tramposa sigue triunfando, cuestiones de género, historias de superación, victoria del/la protagonista y un final más o menos feliz, o sorprendente incluso con giro, era algo que veía a menudo en bastantes relatos ganadores.

Es normal, los relatos y las historias que nos contamos recogen inevitablemente el zeitgeist de la época y resuenan mejor en los jurados. Es cierto que estos pueden ser desde el alcalde de un pueblo, que a lo mejor lee dos libros al año, hasta un escritor fogueado.

Por supuesto, temáticas y enfoques eran atemperados según estos tipos de jurado. Si estás ante uno de escritores, estos pueden ver los hilos con los que mueves el polichinela y detectar el intento de provocar esas emociones nostálgicas o esas historias arquetípicas. En esos casos, te puedes arriesgar con formas de contar y narrativas diferentes, para que no les suene todo a fórmula al estilo película de cine.

Que ojo, esta es mi conclusión totalmente subjetiva de una labor de campo nada científica. Es la impresión que me daba y la esencia que parecía percibir cuando leía y comprobaba. Pero quién soy yo para hacer juicios sumarísimos, que no doy una en el tema.

Estoy seguro de que, incluso si adaptara relatos y forma de contarlos a esas teorías destartaladas que me formé, sólo conseguiría aumentar el ancho de mi fracaso.

No profundicé mucho más, pero la sima de los concursos era honda. Durante aquella etapa he de reconocer que me sorprendieron estas cosas, pero supongo que lo sorprendente para otros es que, a mi edad, no las conociera ya o, al menos, me las imaginara.

Y esto es lo que sé, elucubrar sin apenas base, como siempre.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

5 Comments

  • Nicholas Avedon

    Que curioso. Yo también conocí una vez a una profesional de los concursos. Lo peor no fue que hablara de su excel con más pasión que de su prosa, lo peor fue que lo de escribir ya lo tenía como oficio y la literatura nunca surgió en el tema de conversación. Visto el tema, me parece más honrado dedicarse a vender armas. Al menos las balas son honestas, no como los adjetivos afilados para matar sin herir.

    Maravillosa entrada por cierto.

  • Sergio

    Verdad verdadera… pero qué rico sabe si apareces como finalista en alguno de ellos aunque sea para morir en la orilla.
    Es difícil tener algo de reconocimiento y, mal que bien, esta es una forma de que algún desconocido valore lo que escribes.

    Es un poco como la lotería “¿y si toca?”

  • Román Sanz Mouta

    Conocía varias de las entradas de la lista, pero esta dolorosa verdad no deja de ser un tiro en la sien.

    Aparte, me pregunto:

    Leen todos los textos?

    Gran artículo!

  • Alberto

    Hola de nuevo, Isaac.

    Yo también conocía varias de esas seis cosas que mencionas y que descubriste en 2017. De hecho, hasta hace algunos años, participaba de vez en cuando en concursos literarios. Nunca, que yo recuerde, procuré adaptar mis textos en función del tipo de jurado que pudiese leerlos. Prefiero que no me premien a “prostituirme” de esa manera.

    Por otro lado, respecto a la ingente cantidad de relatos que deben leer, un poeta que dirigía un taller de escritura creativa en Oviedo y al que asistí varios cursos consecutivos me comentó que el jurado no tiene que leer todo ese material, ya que disponen de una serie de personas que realizan una criba inicial y al final dicho jurado sólo valora unos cuantos relatos o poemas. Ahí está el truco.

    Desconocía que el mundo de los concursos literarios fuese tan hondo. Ya ves, no eres el único inocente.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    PD: a mí también me pareció muy sorprendente que haya escritores que viven solamente de participar en certámenes literarios.

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