El efecto de licencia moral

El efecto de licencia moral

Todo lo que no sea escribir no es escribir.

Leer estas líneas no es escribir, fantasear sobre tu novela no es escribir, ver vídeos de escritores o motivacionales no es escribir…

Es más, seguramente es todo lo contrario: impedirán que escribas.

Puede que creas que todas esas cosas que se parecen a escribir cuentan como trabajo pero, en realidad, no lo es y probablemente están saboteando la única tarea importante, sentarte y terminar de una vez la maldita historia que se te lleva atragantando 3 años…

La culpa es del «Efecto de licencia moral».

Este efecto psicológico fue acuñado a raíz de los estudios que demostraban que hacer cosas parecidas a algo, pero que no son ese algo, no sólo no ayudaban en la tarea, sino que podían ser contraproducentes.

Me explico.

En el momento en el que uno ha de ponerse a escribir, o a realizar cualquier otra tarea importante, vienen todas y cada una de las tentaciones llamando a la puerta. No importa si son estúpidas o incluso desagradables. Puede que, frente a la hoja en blanco, por fin sientas la irremediable necesidad de limpiar el baño que lleva una semana en espera.

O puede que notes la necesidad de aprender más sobre escritura, leer artículos y consejos, «documentarte» un poco más o cualquier otra cosa similar. Eso tiene que contar como tiempo dedicado a tu arte, ¿no?

Pues no. Todo lo contrario.

En esos, casos, nuestro cerebro se comporta de una manera muy peculiar. Toma ese acto como señal de que ya ha hecho suficiente, ya se ha movido en la dirección correcta, así que desmotiva del acto real, que es escribir. O como se suele definir el fenómeno:

«Cuando uno hace algo positivo, puede sentir que eso ya le da el derecho a detener su esfuerzo ahí».

Es decir, que lees sobre escritura o te «documentas» y tu cabeza ya lo justifica y lo cuenta como trabajo.

Pero no lo es.

Cuando se experimenta para analizar el efecto, se comprueba que, cuando a alguien se le da una pequeña tarea y la hace, siente que ya ha cumplido la obligación y es menos proclive a hacer el trabajo de verdad.

Por eso también, cuando estamos muy ocupados, empezamos a contestar emails y hacer tareas que son más sencillas, y nuestra cabeza justifica con eso que hemos pasado el día trabajando.

Pero en realidad, lo importante sigue sin hacer.

El efecto de licencia moral se ha visto también en campos como el activismo online, que no queda nada bien retratado cuando se estudian sus verdaderos efectos, poco más que un placebo y la excusa de muchos para ganar atención adictiva y un poder muy tonto sobre una audiencia que acabará devorándole.

Cuando uno da un like o retuitea, ya siente que ha hecho algo, aunque en realidad no ha hecho nada relevante. Sin embargo, esa acción del like desincentiva de realizar la tarea real que provocaría un cambio fehaciente en la situación injusta.

Por eso, el activismo online y todos los predicadores que se creen que están haciendo algo, no sólo no hacen nada casi nunca, sino que contribuyen a que se desincentive la acción real. Se justifican todos con que están haciendo una gran tarea, pero en realidad es la de impedir lo que se supone que pretenden cambiar.

Lo mismo ocurre con el tema de compartir públicamente los objetivos.

Para determinados tipos de personalidad medio rota, como la mía, ponerse en el punto de mira y alcanzar un compromiso público de que vas a hacer algo incentiva a hacerlo. Pero eso no suele funcionar en muchos otros.

¿Por qué?

Porque compartir algo y decir que vas a hacer ejercicio de una vez o ponerte con la novela, parece un paso en esa dirección. En realidad no te has movido, pero tu cabeza ya lo justifica con el efecto de licencia moral y, de manera sibilina, te hace pensar que por hoy ya has hecho bastante, así que ya seguirás el día de mañana.

Ese que nunca llega.

Por eso hay tantos escritores en la red que dicen que se van a poner al fin con la novela, pero hacer eso contribuye un poco más a que no se pongan. De hecho, ese fenómeno concreto es tan común, que hace tiempo se editó un libro con los comentarios de la gente que decía que se iba a poner con su libro, y así pasaban los años.

Termino como empecé: todo lo que no es escribir no es escribir, sino todo lo contrario.

Todo lo que se parezca a escribir, como «aprender» o «documentarse» no es más que dejar para luego y, seguramente, un impedimento para la tarea real.

Porque nuestra cabeza es experta en engañarnos con tal de no hacer nada, y usará el efecto de licencia moral en contra del verdadero trabajo.

Conclusión: deja de leerme.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

Comparte si te ha gustado

4 respuestas

  1. No has fallado aún a tu mes, te leo cuando tengo tiempo, me ha llamado mucho la atención este artículo, y es que tengo tantas cosas pendientes… Para que te hagas una idea, publiqué una aplicación hace un mes, llevaba pendiente desde 2012 haha ¡Felicidades! Nos seguimos leyendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *