el estado del arte

El estado del arte

Hace no mucho tuve una conversación con dos músicos sobre el estado del arte y la música, de la industria discográfica en realidad, que es idéntica a la editorial. Por eso, creo que uno puede traducir todo lo musical de lo que voy a hablar a lo literario y, pintándolo así, no se saldrá de las líneas.

Uno de los músicos es guitarra en un grupo que ha cosechado un cierto éxito, uno de esos que, curiosamente, llena más pequeñas salas en Tokio o Los Ángeles que en su propia tierra al lado del Mediterráneo. Además, los he visto en festivales y, en general, están contentos con lo logrado, sobre todo, el año pasado.

El otro es un músico emergente, siempre con grupo nuevo cada dos por tres y talento. Finalista en algún concurso, tiene el desparpajo y la libreta de contactos necesaria en todo artista que quiere ser escuchado, cantando o escribiendo.

Y estas son algunas de las conclusiones de aquella conversación, sin orden ni concierto, sobre el estado del arte, aunque en realidad el arte no tiene nada que ver aquí hoy y es el estado de la industria.

Las agencias de publicidad juegan un papel cada vez más importante

Con suficiente dinero, vendes suficientes entradas de conciertos (el principal modo de financiación en la música hoy), gracias al micro-targeting. Es decir, eso mismo que ayudó al Trump y al Brexit, es usado por agencias especializadas (uno de ellos entró en contacto con una dirigida por un conocido viejo músico de la movida de los 80).

De primeras, nadie te quiere escuchar

Las discográficas, agencias de publicidad o las agencias de representación en general, según uno de ellos, ni te contestan ahora como no vayas con al menos «10k».

Es decir, 10.000 seguidores mínimo en redes, Instagram sobre todo. Es decir, no arriesgan porque no lo necesitan. Lo que sí están dispuestos a hacer es meter más dinero en algo que parece que, por sí solo, ha generado cierto impulso. De esa manera, alimentas una caldera que saben que prende.

Eso ocurrió hace algunos años con escritores autopublicados y Amazon. Sobre todo cierta editorial de una sola letra fue fichando a los que más vendían por sí solos, les impuso contratos draconianos, no metió un euro y, de hecho, sacó nuevas ediciones de ínfima calidad.

Algunos de esos escritores sospecharon que, en realidad, era para sacarles del todopoderoso algoritmo de Amazon que soplaba a favor de ellos y así hacer hueco a la editorial y otros lanzamientos. No me extrañaría, aunque no asigno tanta inteligencia normalmente en esos casos. Simplemente, creo que esperaban no hacer nada y sacar tajada.

Agentes, discográficas y promotores son idénticos en cualquier industria

Mejor tener uno que nada, pero se van a dedicar, casi siempre, a los artistas más rentables. La queja de que la discográfica o el agente no hace ni caso, trasciende sectores al parecer.

Mejor caballo grande

La cierta explosión de popularidad del grupo de uno de estos amigos, el año pasado sobre todo, vino por el fichaje por una discográfica más grande. Más conciertos, más visibilidad, más entrevistas… Eso crea el círculo virtuoso de que te conozcan algo más.

El dinero es determinante en todo

En todo no, no en la calidad del producto inicial del artista, por ejemplo. Pero para todo lo demás, es clave. Si metes dinero, sacas dinero. Más que nunca, el arte es inversión.

Esto es algo que se sabe desde hace milenios. Antes del micro-targeting y las nuevas formas de publicidad (y espionaje de la privacidad) la promoción tradicional siempre ha funcionado.

Una de mis series favoritas, El ala oeste de la Casa Blanca, reflejaba muy bien esto. Dado un presupuesto, y con un historial de datos, se podía prever cuánto dinero era necesario meter en propaganda en cada estado para inclinar la balanza de votos. De esa manera se iban asignando los presupuestos. Era una cuestión de matemáticas y estadística. Una en la que se acertaba más de lo que se fallaba.

Esto también lo sabe la industria editorial desde siempre.

Los comerciales de Planeta y similares siempre se han peleado por espacio en las mesas de El Corte Inglés y en los escaparates de grandes librerías. ¿Por qué? Porque la visibilidad es la que vende. Aunque no esa visibilidad de la que se habla a veces cuando te dicen que tienes que tienes que darte a conocer, etc. La dimensión necesaria para que funcione es mucho mayor y en el sitio adecuado.

Una gran masa de compradores mira esas mesas o las listas de los más vendidos y escoge de ahí, ya sea para regalar o leer algo. De nuevo un círculo virtuoso, donde lo grande se hace más grande. Por eso se compite desde siempre por escaparates y se paga bien por ello. Por eso también esas agencias en Estados Unidos que compran ejemplares el día del lanzamiento, los suficientes para entrar en la lista de ventas del New York Times, y los abandonan en almacenes. Una vez has metido la cabeza ahí, el libro se va impulsando por ventas reales.

Hubo más cosas, pero se fueron diluyendo en la memoria, la importancia y la cerveza. En realidad, nada que no supiera ya por mis propias experiencias o me figurara por las ajenas.

Y no negaré que fue todo muy educativo en cierto modo, como debe ser educativa una colonoscopia explicada mientras te la hacen.

P.D. Este reciente artículo ahonda un poco más en parte de este tema.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

3 Comments

  • Héctor Macías

    Sin duda alguna es muy cierto lo que dices, aunque en la época actual, creo que la autopublicación en todos los medios artísticos va cobrando cada vez más importancia, cuando se sabe hacer bien y el producto es bueno, claro. Quiero decir que he visto a varios músicos y escritores lanzarse en solitario gracias a plataformas gratuitas, y bueno, lo demás se va dando después. Eventualmente, incluso ellos se convierten en un producto más de la mercadotecnia, lo que no siempre es algo malo.

    Es un placer leer tu blog, vengo leyendo desde hace varios días pero es la primera vez que me animo a comentar. Saludos.

  • Alberto

    Hola, Isaac.

    Después de un tiempo sin leer tu blog, vuelvo a la carga e intento ponerme al día respecto a tus artículos.

    Desgraciadamente, es así: ya puedes ser el mejor batería del mundo o el escritor con más talento y capacidad de trabajo que como no te hagas visible no te comes una rosca.

    Y es evidente que las editoriales y discográficas van a apostar sobre seguro, casi siempre, porque no son ONG´s ni las Hermanitas de la Caridad. Este aspecto lo entiendo, pero echo en falta que se apueste más por artistas y escritores desconocidos (será que soy demasiado idealista).

    Respecto a los agentes literarios, puedo dar fe personalmente de que no te hace el menor caso.

    Al final ya lo decía el clásico: “Poderoso caballero es don Dinero”.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    PD: me gusta más este nuevo diseño de la web.

  • Alberto

    PD 2: alucinante lo de las agencias que compran ejemplares el día del lanzamiento de un libro para luego depositarlos en un almacén y lograr que la obra esté en los primeros puestos de la lista de más vendidos del THE NEW YORK TIMES. Seguro que muy poca gente lo sabe (yo lo desconocía).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *