El lamento del escritor

El lamento y la buena escritura

Hace unos cinco años, la escritora Meghan Tifft se preguntaba cómo una actividad tan íntima y solitaria por naturaleza, como es escribir, se había convertido en algo «insoportablemente social».

Yo también me lo pregunto.

Guste o no, el escritor debe ejercer de feriante. Debe aparecer en las firmas, a pesar de que las presentaciones de libros son una horrible táctica de marketing. Debe estar en las redes sociales, debe conectar y contestar con una sonrisa parecida a los fans y a los que le dicen que es un mierda. Debe formar comunidad y debe incluso impulsarla. Debe exponerse con el vano (muy vano y poco eficaz) objetivo de obtener esa «visibilidad» tan repetida y tan mal entendida por todas partes.

Todo, menos escribir, algo que sólo se puede hacer a solas y en silencio, si es que quieres hacerlo bien.

Hay autores que florecen y brillan en eventos. Encantados con este nuevo paradigma de herramientas que permiten hablar a miles, desean ese contacto y el foco.

Y eso es genial, probablemente hagan mejor la literatura y esas experiencias alimenten a la escritura en su caso. Pero, ¿cuál es el destino de los que no?

¿Qué pasa con aquellos que sólo quieren contar una historia? Se preguntaba Tifft.

Porque lo que es bueno, enriquecedor y deseable para la parte extrovertida del gremio se ha convertido en el estándar para todos, quieras o no.

Así que tienes otra decisión que tomar y la propia Tifft es consciente de que el destino no es benévolo con el escritor recluido.

Es una elección que sólo han podido sostener en su carrera muy pocos y siempre después de haber conseguido un éxito que les permitía esa reclusión y que les dejaran en paz. Y además de que sólo ha funcionado en muy escasas ocasiones, Tifft señala acertadamente que casi todos han sido hombres (Pynchon, Salinger…), mientras que si eres mujer (Dickinson, O’Connor…) esa lotería imposible se vuelve peor. Nada nuevo bajo el sol.

¿Aún crees que con la obra basta? Pregúntale a Elena Ferrante. El escritor ha de ir en el lote, qué importa lo que desee.

Con el advenimiento de las redes sociales, la cosa ha empeorado porque el circo ya no tiene que ir a la ciudad, sino que los payasos tocan a la puerta y tienes que dejar el tac tac para ver qué es ese ruido.

Ahora ya no basta con que el escritor entregue sólo sus historias (y dentro de ellas, si son buenas, una parte íntima y frágil que se expondrá a ojos de todos), ahora el escritor también debe entregarse él mismo a un puñado de extraños.

Lo peor es que el condicionamiento es poderoso, así que las editoriales lo exigen y la gente ya espera eso, ya da por supuesta esa clase de relación. Si no contestas, si no estás de acuerdo con ellos, si no saltas cuando te dicen salta ya que eres de su propiedad (y el euro y pico recibido por el libro que compraron les faculta) se molestan en muchas ocasiones y no lo entienden en prácticamente todas. Aunque no sea nada personal, aunque no tenga nada que ver con ellos, aunque tú, lo único que quieres, es contar una historia y nada más.

Malos tiempos para la escritura, peores tiempos para los introvertidos. Aunque la realidad es que ningún tiempo ha sido favorable para los que callan más de lo que hablan.

No importa. Tampoco es cierto lo que decía la semana pasada sobre que vives mientras te recuerden. Vives mientras respiras y cuando dejas de hacerlo se desvanece lo que hayas hecho, porque el poema de Ozymandias siempre tiene razón.

Megan Tifft llamó a su artículo el lamento de una escritora introvertida. No pasa nada por lamentarse, es su derecho y, sobre todo, lo escribió muy bien. Eso es lo único que debería importar.

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5 Comments

  • Alberto

    Hola, Isaac.

    Hacía mucho tiempo que no leía un artículo tuyo el mismo día de su publicación si mal no recuerdo.

    Es cierto lo que argumentas y es normal que una parte de los escritores se sientan a gusto bajo los focos y participando en ese marketing y otros, no, porque cada escritor tiene su personalidad. Dices: «Porque lo que es bueno, enriquecedor y deseable para la parte extrovertida del gremio se ha convertido en el estándar para todos, quieras o no», pero… ¿de verdad es tan «bueno», tan «enriquecedor» (no desde el punto de vista económico) y tan «deseable»? Sospecho que hay una gran dosis de vanidad detrás de esos autores a los que les encanta ir a entrevistas, firmas de libros, etc. y que no se trata únicamente de publicitar la obra de turno y que por sus rasgos psicológicos les guste el contacto directo y cercano con los lectores y demás.

    Por otro lado, también hay que pensar en el lado bueno de las redes sociales: pueden servir para dar a conocer tu obra, tus reflexiones sobre la literatura y el hecho de escribir y el día menos pensado una editorial puede llamar a tu puerta, ¿por qué no? Difícil es, por supuesto, pero puede ocurrir. De hecho, si no existiese Internet, tú mismo no podrías compartir con tus seguidores tantos y tantos posts y tus reflexiones quedarían sólo para tu círculo personal y, como mucho, aparecerían publicadas a modo de ensayo si te apeteciese editarlas y tuvieras la suerte de conseguir sacarlas a la luz.

    ¿Por qué escribes que «las presentaciones de libros son una horrible táctica de marketing»? A mí, tal vez esté equivocado, no me lo parece y creo que es una buena forma de dar a conocer tu trabajo aparte de otras vías: entrevistas en la radio, en la tele, publicidad en Internet y redes sociales, etc.

    La cosa está montada así y comparto contigo que a mí tampoco me haría gracia tener que estar sometido a esa dictadura. Sin embargo, salvo casos muy contados como los que apuntas, ¿quién puede evitar cruzar ese río sin mojarse?

    Un saludo literario desde Oviedo.

    PD: el viernes pasado hubo un cambio inesperado y el escritor Jon Bilbao no pronunció la conferencia a la que iba a ir, así que no pude preguntarle qué opina sobre el talento, la suerte, la fuerza de voluntad y otras cuestiones que has tratado aquí. A ver cuándo me es posible.

    • Isaac Belmar

      El problema es que no se puede cruzar el río sin mojarse, es un privilegio de unos pocos, cada vez más difícil hoy.

      En cuanto a las presentaciones, precisamente está enlazado el contenido antiguo donde lo explico con detalle.

      Un saludo.

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