El mito de la caverna

El mito de la caverna

Siempre me recuerdo atrapado por el mito de la caverna. No la de Platón, yo tengo una propia porque mi arrogancia así lo exige. En ese mito puedo encontrar una cueva lo bastante escondida y alta en la que refugiarme. Una alejada de todo, con riscos que la protejan y hagan que todo lo que se acerque resbale en la subida y se parta en pedazos contra ellos. El mito es que si soy ermitaño de esa cueva, mi vida será por fin tranquila.

No negaré que muchas veces el cielo es que me dejen paz. Por eso creo que si me aíslo en esa caverna, remota y tras los riscos, nada ni nadie llegará hasta ahí y eso no suena mal. Apago el teléfono, a la vida y a las cosas cotidianas, corto lazos y necesidades y sólo tengo que sentarme y admirar, quizá con las manos tras la cabeza y todo.

Como todos los mitos, me suena bien y no funciona, porque la vida es esencialmente conflicto aunque pocas veces queremos verlo. Al final, muchas cosas no invitadas encuentran la entrada de la cueva, exigen su tributo y es que la paz es otro mito. De hecho cuando vives en esas cuevas, al final sólo vienen a verte las cosas mediocres o insignificantes. Pequeñas miserias tontas que rompen el paisaje. La cueva no te libra de eso y luego, cuando a las cosas jodidas de verdad les llega también la hora de venir, encuentran el camino. Y la subida hasta ahí arriba ni siquiera les altera la respiración.

No importa que escales más alto, donde sólo hay hielo y ventisca, para buscar una caverna aún más aislada. Al final sólo hay una cosa que no encuentra el camino hasta la cueva: lo bueno.

Pero es lo que tienen los mitos, que la realidad no importa y suelo buscar cavernas o variantes de la misma, como la cabaña en ese bosque que no conoce nadie y está lleno de lobos. Y así es todo el rato, porque aún crees que si cortas otro hilo con eso que es mediocre y te está fastidiando, seguro que esta vez lo consigues y la siguiente cueva es la buena de verdad, la que nadie encontrará.

No me libraré de mis mitos, no he visto a nadie que lo consiguiera y he conocido a gente mucho más lista que yo. Sólo puedo aspirar a alimentarlos, pero no tanto como para que crezcan hasta poder devorarme.

Y por hoy ya vale de reflexiones en dirección a la nada. He de irme porque me espera otro de mis mitos, el del muelle en la bahía, al que voy a sentarme sin que me espere nadie allí, pues es ese momento en el que ya no me queda nada por hacer y puedo descansar.

Sé que tampoco se hará realidad. Los mitos no son para eso, son para que siempre estén ahí delante, inalcanzables aunque parezca que los puedes rozar, si estiras un poco más la mano.

Y que los Mumford & Sons compusieron The cave y esa es una canción que me gusta.

2 responses

  1. Hola, Isaac.

    Un post interesante, profundo y bien escrito el de la caverna. Está claro que si los mitos se convirtieran en realidad perderían toda su gracia y dejarían de ser, precisamente, mitos.

    Tu reflexión sobre la soledad me hace pensar en la cantidad enorme de gente que no sabe estar sola. Y deberían enseñarnos desde pequeños a saber estar solos y, como decía el gran Nelson Mandela, “ser los capitanes de nuestra alma”.

    Es cierto que lo malo, antes o después, te encuentra. Es como la muerte por mucho que trates de ignorarla. Pero no estoy de acuerdo contigo respecto a que lo bueno nunca halla el sendero que conduce a la cueva porque si en esa caverna logras sentir cinco minutos, tan solo, de paz, algo bueno ya te hbrá visitado.

    Supongo que conocerás la versión que se rodó sobre la novela de Saramago (basada en el mito de la caverna). Si no la has visto, te la recomiendo. Para mí está muy bien.

    Un saludo literario.

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