El número de rechazos

Ya he hablado alguna vez de que la escritura está unida, por un hilo extraño e indisoluble, con la soledad. También lo está con otras cosas y no sé si alguna buena, pero desde luego, una de las que ostenta un lazo más íntimo es, sin duda, el rechazo.

El rechazo, en general y en particular en la escritura, nunca me ha sido extraño, siempre he podido recitar sin equivocarme esa parte de la canción: «Con la sabiduría que me da el fracaso».

Eso está bien, aunque por un pequeño lado sólo, ya que, como decía hace poco, la exposición a algo genera resistencia.

Para el que nunca es rechazado, o no ha estado acostumbrado en la vida a que le digan que no, tropezarse con uno o comprobar que pierde su posición de privilegio (al desvanecerse su poder o su atractivo) es devastador.

El que ha convivido a menudo con las negativas, flota en las aguas turbulentas del no y aprende a vivir en ellas, aunque sólo sea por necesidad.

Por esa lógica, el escritor navega en el «no» con un galeón de cien mástiles o se hunde al poco tiempo cerca del puerto, porque el rechazo forma parte indisoluble de la vida del que escribe.

Se ha dicho de todo para pintar el tema con una capa más positiva: que si has de estar orgulloso, que si son signo de intentarlo, que si cuelga tus rechazos en la pared como trofeos…

Paparruchas.

La realidad es que un rechazo es un asco sin paliativos, que si preguntas a cualquiera, siempre preferirá el sí al no.

Por mucho que en verdad te haga fuerte (o duro, que no es lo mismo), el rechazo duele en cualquier ámbito.

Un rechazo es decirte que no vales y no eres apto. No hay más vueltas que darle y mejor no echar perfume sobre la mierda, pues la mezcla de olores es peor.

Hoy día, por el simple juego de números y cómo ha evolucionado el panorama editorial, el número de noes que recibe un escritor se ha multiplicado hasta lo indecible.

Uno de los rechazos más famosos es el de las 12 editoriales que pasaron del manuscrito de Harry Potter. Su historia, adornada de esa mitología tópica para hacerla más atractiva (la hija del editor que aceptó, la situación de Rowling, cómo el éxito llegó justo antes de que la pobreza cerrara sus fauces sobre ella, bla, bla, bla), se ha vuelto antigua por una razón sencilla.

12 rechazos son una cantidad irrisoria hoy.

12 rechazos no son nada y es lo que obtiene un escritor un martes cualquiera antes del almuerzo.

El otro día cometí el error (otro más) de examinar la infinidad de archivos y subdirectorios dentro de mi carpeta de «Escritura».

Dentro mis «cualidades» está la de tener un TOC que hace que vaya anotando en una hoja de cálculo cualquier envío a editorial, agente, concurso o similar. Ahí están las columnas bien ordenadas: la persona de contacto, la editorial, el manuscrito o relato, la fecha de envío… Un sistema pulido con los años donde también hay una casilla para la respuesta.

Esa casilla no hace falta porque no aporta información. Siempre queda en blanco o, si tienes «suerte», tras unos seis meses o casi siempre más, recibes un no sin pistas de por qué, verbalizado apenas con un: «No entra en nuestra línea editorial».

Pues bien, se me ocurrió contar los rechazos del año 2017, sólo esos. No me metí a bucear en intentos anteriores, pero teniendo en cuenta que me publicaron por primera vez en 2007 y, para entonces, ya lo llevaba intentando un buen tiempo…

Tampoco considero que me moviera mucho en 2017, ni me lo tomara como otros años anteriores, en los que, prácticamente cada día, hacía algo por llevar alguna cosa escrita a alguna parte.

¿Resultado a grosso modo de un 2017 tranquilo en el que no dediqué ni la mitad de esfuerzo que en años anteriores?

113 noes.

Estoy siendo conservador y no contando todo.

La mayoría de ellos vinieron en forma de silencio, claro, porque, no hay que engañarse, todo lo que no es un sí es un no.

También hubo algunos síes (muy pocos) que no llegaron a puerto, por aquello de pedir el primer hijo nonato en la luna llena, descubrir que algunas cosas no son lo que parecen o tener prejuicios por mi parte contra la esclavitud.

Supongo que es mejor no ir sumando hasta mis primeros intentos hace ya tanto…

Y no, no eran envíos disparatados a cualquier cosa que se moviera.

Tras años, tengo afinada la base de datos de editoriales, contactos, agencias, concursos, etc. Siempre teniendo en cuenta la línea editorial, género de lo que envías y demás.

Pues eso, un número que da para cantar Extremoduro.

Ahí lo dejo sin moraleja ni conclusión, por si a alguien le sirve de referencia.

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12 respuestas

  1. Guau, Isaac, me has dejado boquiabierta. ¡Y eso que tienes libros publicados y un importante seguimiento en redes!

    En mi recorrido por este mundillo me ha sorprendido sobremanera que hay muchas editoriales pequeñas que se dicen renovadoras, que se descuelgan de las prácticas de las grandes editoriales, pero que al final lo único que publican son traducciones de grandes éxitos en el extranjero o libros olvidados de maestros clásicos.

    Supongo que publicar un libro es una empresa demasiado arriesgada y que hoy en día hay medios para asegurarse al menos poder cubrir los costes y, por tanto, reducir los riesgos. Para escritores (aún) no conocidos en el panorama editorial como nosotros la única manera es empezar con nuestro propio marketing hasta alcanzar unas cifras que a la editorial de turno le parezcan aceptables para “apostar” por ti.

    En ese caso, ¿no sería mejor convertirse en autor independiente de todas todas?

    Un abrazo y gracias por tu coraje y tu muy necesaria reflexión en estos tiempos que corren.

    Marta

    • En mi opinión, el seguimiento en redes y esas cosas no sirve de nada. Dan igual los ceros, el 99,99% no se traduce en seguimiento a la hora de que compren un libro publicado.

      El tema de las redes, todo su postureo y esas cifras vacías, en cosas como la escritura o la música, da para tema aparte. ¿Por qué? Porque, como pasa con lo de los rechazos, no se tiene una verdadera conciencia de las cifras, su dimensión real y lo que significan.

      Que no significan nada.

      Mucha gente piensa que simplemente «rajo» de redes y marketing porque sí, o porque abomino y soy un rancio anticuado. Que eso último lo seré, me da igual lo que se piense en ese sentido, pero te aseguro que detrás de esas aseveraciones hay motivos muy objetivos y verdaderos, mucho más conocimiento de causa real de cifras y entre bambalinas de lo que muchos se imaginan, pero ya me da pereza mortal darle vueltas al marketing, la escritura, lo que funciona y lo que no.

      Ser autor independiente está bien. En serio, probablemente el mejor camino es el que mezcla los dos (independencia y editorial), y más cuando las editoriales apuestan sobre seguro.

      En cuanto a las pequeñas e innovadoras, la labor de algunas es encomiable, la de otras… Bueno, el problema con ellas es que, por su pequeña dimensión, se la juegan en cada cosa que publican. Así que pronto aprenden que, precisamente las que más dicen que apuestan por el riesgo, menos margen tienen para arriesgar sin que eso suponga desaparecer en cuanto uno o dos proyectos no salen como esperan.

      Y en cuanto a revelar cosas privadas como la cifra de rechazos, no es coraje, supongo que me da igual decirlo ;).

      Cuídate.

  2. Tu excelente escrito, además de mostrar un mundo desconocido para mí -soy muy lector y poco escritor, me ha traído un pensamiento . me imagino a Cervantes queriendo publicar su Quijote..

    • Después de Lepanto, sería coser y cantar. Los escritores de ahora no solemos enfrentarnos demasiado a los otomanos, quizá por eso nos tomamos estas cosas más en serio de lo que deberían.

  3. Me encanta cuando escribes estas cosas, pero también me da rabia porque me pones en la situación muy cansina de tener que escribir un artículo solo para responderte <3

    Por cierto, un día de estos escribirás una lista de la compra y la leeré igual. Pena que no nos conociéramos cuando tenía una editorial, porque te habría publicado de cabeza. No habríamos hecho mucho dinero (¿por qué crees que cerramos la editorial?), pero ese sí bien gordo te lo habrías llevado y con razón.

    • Soy tu muso «articular», confiesa.

      No confieses, no quiero tener un Cotrina cabreado a las puertas.

      Como dato curioso, el último rechazo, hace apenas unos días, vino con palabras aún más bonitas que las tuyas, pero… nope ;).

      Sabes que no es verdad, que no hay palabras más bonitas que las tuyas, etc, pero no lo digo en alto, otra vez por lo de Cotrina a las puertas con el ariete.

      Gracias, Gabriella.

  4. Bravo por hacer público el número mágico. Todos tenemos un número en la cabeza (exacto o aproximado), pero eso no nos debe desanimar.
    A mí lo que más me molesta es el silencio. Cuando una editorial me ha respondido «no» y me ha explicado por qué, lo que he sentido es pura gratitud. Pero ese silencio cruel… aaggghh!

    • Eres afortunada, en todos estos años ningún rechazo ha venido con un porqué, No con uno más allá del tópico de la línea editorial, que no encaja y no supone ninguna crítica a la calidad literaria del texto, etc.

  5. Por el momento, rechazos editoriales he tenido tres, y en todos los casos han tenido la amabilidad de explicarme por qué, así que, supongo, no me puedo quejar…
    No creo que me anime a tener una carpeta como la tuya, pero admiro tu perseverancia, en todos los aspectos.

    Saludos.

    • Un día te voy a chantajear para que me digas el secreto para que te digan a ti el secreto del porqué…

      No sé qué hago mal, quizá usar términos como chantajear para comunicarme con los demás, ahora que lo pienso. El lenguaje es poderoso y significativo.

      Un saludo.

  6. Saludos Isaac.
    La verdad es que yo no he tenido ese problema, la cosa surgió como de la nada y pude publicar mi librito titulado “Más allá de las palabras” y humildemente he de decir que no es porque sea una obra de arte, ni porque yo sea una buena escritora, que no lo soy.
    Por si os interesa, la editorial se llama Carena y está en Barcelona. Podéis buscarla en Internet e informaros.
    No sé vosotros, pero yo tuve que invertir un dinero que no creo que llegue a recuperar, pero ése no es el tema.
    El segundo librito que tengo es sobre las vivencias de mis dos gatitos. Una vez a la semana lo publiqué por capítulos en el blog y entraban muchas visitas. Así que decidí publicarlo a través de una Imprenta, con la finalidad de promover las adopciones de los animales y ayudar a las protectoras, pero no resultó como esperaba. Dos protectoras se están beneficiando pero la mayoría con las que me puse en contacto no me contestaron o dijeron que no les interesaba.
    Os comento ésto por si os puede ayudar.
    Si a mí me publicó Ediciones Carena, se lo puede publicar a cualquiera y vosotros, sin lugar a dudas, escribís mucho mejor que yo.
    Nunca me hubiera atrevido a llamar a una editorial con mis humildes relatos y cuentos, pero como dice una frase atribuida a Víctor Hugo “Nada es tan poderoso, como una idea cuyo momento ha llegado”.
    Ahora tengo otro librito casi acabado, pero no creo que lo publique en papel, ni si lo publicaré, el tiempo decidirá.
    Me encantaría que os pudiera servir esta información.
    Saludos para todos,

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