El pantano en la mitad de las cosas

pantano

Nunca sabes qué hay al final de lo que escribes. Supongo que, cuando estás empezando, piensas en una olla de monedas de oro, como la del final del arco iris.

Yo me he encontrado de todo y nunca lo he podido anticipar de antemano, pero sí sé qué hay exactamente en la mitad de cada cosa que haces y quieres que merezca la pena.

Un pantano.

Un embarrado y traicionero pantano que huele exactamente a lo que esperas. Un pantano de Tolkien, un pantano de Moore, un pantano en el que te pierdes y te hundes y vuelta a empezar.

Cuando era crío escuché la analogía de que crear algo que merezca la pena es como limpiar un pozo (esas cosas leía, no había mucho por mi casa y mi padre estaba suscrito al Reader’s Digest). La cuestión es que remueves el fondo para limpiarlo y el agua, aparentemente clara, se enturbia y no hay manera y así permanece hasta que terminas mucho después. Como cuando limpias esa habitación que has dejado demasiado tiempo o te pones a hacer reformas. Hay un momento en el que te preguntas que para qué empezaste nada, porque nada encaja y no tiene pinta de merecer la pena.

Unir los puntos es muy fácil mirando atrás, pero cuando estás en medio de la maraña…

¿Cómo atravesar ese pantano que hay en medio de todas las cosas? ¿Cómo salir de ahí cuando parece que no te sale nada en general?

Buena pregunta, que es lo que siempre se dice cuando es mejor que la respuesta.

No tengo ni idea, algo que creo que hay que decir más a menudo.

La pasión del comienzo y lo nuevo ya no está, tampoco dan medallas al esfuerzo. La duda y el síndrome del impostor son más poderosos en cuanto huelen el pantano.

Supongo que lo único que puedes hacer es caso a Churchill:

«Cuando te encuentres en el infierno, sigue caminando».

Porque hacerlo no sabes dónde te llevará, pero no hacerlo te garantiza que te vas a quedar atrapado.

Supongo que, para cualquier cosa, siempre es mejor caminar, aunque no sepas hacia dónde.

Es en el pantano donde, quizá y sólo quizá, tener un proceso puede ser la cuerda que te saque del fondo.

Confías en el proceso y en hacerlo cada día, en perseverar hasta que una mañana, no sabes cuál, el paisaje empieza a cambiar.

Aunque eso sí, el otro reto es saber si tienes un buen proceso en marcha, pero ese no es el tema ahora.

Muchas veces he hablado, tanto aquí como en Escribir bien, de que ese proceso ha de caminar por el borde de las cosas. ¿El riesgo de eso? Que por el borde te caes a menudo.

Es indudable que jugar en medio del prado es mucho más seguro que por el desfiladero. Cuando arriesgas, la posibilidad de desastre es mucho mayor. Crees que has llegado al final del camino y efectivamente es así, pero resulta que terminaba en precipicio.

¿Y qué hay abajo?

Vaya, hombre, otro pantano.

Y si no decides abandonar, que muchas veces es lo más sabio, toca atravesarlo y resulta que ese pantano dura tres años y tienes todo levantado en armas todavía y ni rastro de algo bueno (nada basado en hechos reales).

En fin, el pantano en medio de las cosas. El día que descubra el atajo y lo escriba, por fin encontraré la olla de monedas de oro.

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5 respuestas

  1. El esquema, entonces, es así: planteamiento-nudo-pantano-desenlace…

    Ahora en serio, me quedo con lo de “sigue caminando”. Para aplicarlo cuando el cursor parpadee en la pantalla sin avanzar, o cuando me canse de meditar sobre una decisión que haya que tomar. En la vida, a veces hay rápidos frenéticos y a veces pantanos casi infranqueables. Casi.

    Un placer leerte.

    • Bueno, el pantano está en medio de las cosas, pero la trampa es que no reconocemos en realidad cuándo estamos en medio. A veces crees que has terminado y resulta que algo no está ni decente, así que no has llegado a la mitad del camino. El esquema podría ser: Planteamiento – pantano – nudo – pantano – pantano – pantano – pantano – desenlace – ¿es esto otro pantano? – vuelta a la casilla 1 – pantano…

  2. Hola Isaac.

    Qué gran reflexión: El pantano como algo inevitable, siempre que quieras hacer algo decente claro, a no ser, como nos pasa a la mayoría, que hayas vivido en él toda tu vida, entonces tu sino no es más que una especie de ciénaga asquerosamente inimaginable. Sin embargo, dentro de tanta agua estancada, he podido visualizar un punto de optimismo a pocos centrímetros de su superficie mimetizado entre su densa vegetación, es decir, encontrarse, de pronto, en medio de tu pantano personal es sinónimo de que algo bien estás haciendo.

    De todas maneras, por muy incómodo e insufrible que sea, cuanto más tiempo se pase en él, al ser algo personal, también debe ser difícil no sentirse cómodo entre sus aguas, las personas tendemos a adaptarnos al medio que nos rodee, y seguir caminando puede ser una arma de doble filo sólo sentida como tal en el hipotético caso de verse afuera del mismo.

    No obstante y después de todo, siempre visto desde la pura ignorancia, creo que me gustaría verme envuelto en ese pantano.

    Un saludo.

    • El pantano creativo no es agradable, sientes que eres un farsante y todo te parece una mierda, porque en realidad es una mierda. A veces lo arreglas y la mayoría, no. Hay algo interesante en lo que comentas, y es el hecho de hacerse una casa en el pantano.

      La naturaleza humana es francamente curiosa, y en no pocas ocasiones nos quedamos a vivir en una miseria constante, porque al menos nos resulta familiar, y es que tenemos más miedo a la incertidumbre que a lo malo.

      Un saludo.

  3. Reconozco que es pintoresco y hasta romántico hablar en términos de “pantano” desde el comfort de nuestro hogar calefaccionado y los trajines inquietantes de la metafísica. Pero me resultan más abstractos y existenciales, que concretos y urgentes.
    Si todas las personas afectivamente contenidas, académicamente instruidas, socioeconomicamente agraciados, nos dedicamos a experimentar nuestros días como a través de un vidrio empañado y disociados de nuestra entrañable fortuna de estar vivos, saludables, con todas las posibilidades al alcance del ímpetu, de la iniciativa, del valor de aceptar un desafío nuevo, qué le queda a la población jerárquicamente peor posicionada en el capitalismo? Y qué término le corresponde a una víctima perpetua (aunque más no sea por estigma) de abusos, o drogas, o maltrato físico y psíquico, o simplemente a aquellos cuyo pantano se trata de la proeza de procurarse un estómago no vacío del todo? Un sueño (no etéreo, sino un descanso corpóreo y elemental) no gélido ni hediondo del todo? Una familia o un entorno relativamente digno y no disfuncional del todo? Si no consideramos esas existencias en términos de “pantano”, ¿Cómo creeríamos, siquiera, posible, la idea de sentirnos finalmente gratificados, redituados, experimentar la recompensa (sutil o majestuosa) de haber alcanzado un objetivo?
    Lo que pretendo con mi comentario es invitarnos a todos a no perder jamás el ejercicio necesario de la autocrítica, para no caer en concepciones del mundo erradas y no pecar de tomar a la ligera el privilegio de estar donde estamos y que nuestros “pantanos” puedan ser compartidos en forma de metáforas y reflexiones entre otro montón de gente apta y a la altura de sostener tamaño diálogo de corte intelectualoide. Sobre todo, para que no terminemos como personas como aquel cómico de tu agrado, Isaac, o como la hermana de Máxima, o como Anthony Burdein, o como infinidades de artistas y estrellas que lo han conseguido “todo” (o les ha sido posible) y aún así no lo supieron apreciar, ni valorar, ni darle a su éxito la dimensión que merecía, sin descuidar los vínculos afectivos valiosos que funcionaran de cable a tierra, de combustible, de fuente de risas, alivio, consuelo, espacio para confidencias. En fin, de apoyo moral.
    Felicitaciones por tus privilegiados logros alcanzados, es decir por cada uno de tus libros. Brindo con usted por el significado de cada uno de ellos.

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