El poder de la ignorancia

Dias extraños

Aunque la ignorancia general es la norma, el poder está en la ignorancia selectiva.

Me parece una habilidad imprescindible para navegar estos días extraños.

Cada minuto despiertos (y hasta que se encuentre la forma de vender nuestros sueños todavía más) somos bombardeados por estímulos e «información». La gran mayoría nos convertimos en seres pasivos consumiendo, lo que a lo mejor no estaría tan mal, sino fuera porque Sturgeon tiene razón:

«El 90% es mierda».

Hoy día, cualquier echacantos puede decir en Twitter que la tierra es plana, que no llegamos a la luna, no sé qué de la leche cruda y las vacunas… Y no empecemos con las ideologías de todo pelaje, el favorito de quien no tiene nada dentro.

Un montón de gente que no aporta nada, o sólo basura, tiene un altavoz. Quiero pensar que el porcentaje de bocachanclas no ha aumentado realmente (creo) pero ahora lo percibes más.

Lo mismo ocurre con la escritura.

Este hace esto, aquel hace aquello, yo estoy con mis obsesiones, el otro aconseja lo de más allá.

Como pollos sin cabeza consumimos mucho y hacemos poco.

Practicar el arte de la ignorancia selectiva te permite hacer más y contaminarte menos. Hay que cuidar el tiempo y la atención como si fueran lo más precioso, porque son lo más precioso. ¿Por qué si no lo iba a querer tanto todo el mundo? ¿Por qué todas esas empresas tan grandes, tan ricas, lo buscan constantemente?

Un rato de pasear, de no hacer nada de manera consciente, de quedar con alguien o con buenos libros. Un rato de sentarte a escribir, apetezca o no, es un acto de creación y un acto de rebeldía, pues dejas de ser el pasivo sentado que traga. Y con suficiente cariño, querrás cuidar y repasar (y repasar) lo que haces para decirle a Sturgeon que, quizá, no tenga razón.

Estar atentos a todo lo que brilla no sólo nos hace perder el tiempo de la peor manera, sino también la energía. La gastaremos en consejos de mierda y polémicas estériles con caducidad a las 48 horas.

Y saltando de gilipollez en gilipollez como piedras de río, en vez de bañarnos en él, nos vamos de aquí sin nada que presentar al barquero como pago.

Repito mucho lo de que no tengo ni idea de nada, pero cada vez aspiro a ser más ignorante de la manera correcta.

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