El poder del lenguaje

El poder del lenguaje

Igual que hablo sobre el poder de uno, suelo hablar del poder del lenguaje, pero siempre en el contexto de una historia, una narrativa, el lenguaje como ladrillo de una construcción tan poderosa que puede cambiar la vida y la historia.

Sin embargo, el lenguaje por sí mismo, sin necesidad de crear una historia, puede ser un arma de curación, persuasión o destrucción masiva.

Una pequeña muestra inocente.

Jeff Haden, en su libro The motivation myth, habla de un curioso estudio.

En él, dividieron a los participantes en grupos y se les proporcionaron mecanismos relacionados con el lenguaje para afrontar tentaciones y distracciones.

En un grupo, cuando se vieran ante una tentación en la que no deberían caer, como comer algo insano, saltarse el gimnasio o (ejem) ponerse con el móvil en vez de escribir (esto es cosecha propia), debían decir: «No puedo».

A otro grupo se les asignó la estrategia lingüística de decir: «Yo no hago X». Yo no me salto el gimnasio, yo no me como eso, yo no dejo de lado escribir o lo que sea.

Sólo eso.

Parece una tontería, porque infravaloramos el lenguaje y, de hecho, lo arrastramos por el fango. Pero los participantes del primer grupo cayeron en tentaciones más el 60% de las veces y los del segundo, apenas un 36% de veces.

Ante esos resultados quisieron ver si esa estrategia podía llegar lejos y era repetible, así que a continuación asignaron una meta relacionada con la salud.

Cuando tuvieran problemas para seguir los ejercicios indicados, un grupo de 10 se enfrentaría a ello con: «Yo no me salto el ejercicio». Otro grupo de 10 diría: «No puedo saltarme el ejercicio» y un tercer grupo no tendría un mecanismo especial y haría de control.

Dos semanas después, 3 de las 10 personas de ese último grupo seguían a rajatabla la disciplina impuesta. En el grupo de «no puedo» quedaba 1 héroe solitario y ese no puedo como escudo de cristal.

En el grupo de «Yo no me salto los ejercicios», perduraban 8 de los 10.

La premisa básica, y no quiero extenderme y aburrir con esto, tiene que ver con el hecho de que «no puedo» implica en realidad que tienes una elección. El «Yo no hago esto» tiene que ver con la identidad, con el yo no soy así, no soy una persona perezosa e indisciplinada que no hace lo que debe. Y las personas ansiamos una identidad y la protegemos como sea. Así que, cuando se trata de identidad no hay elección, eres así, eres alguien que no se salta el ejercicio. Así que coges algo pesado del suelo, lo levantas, lo dejas, repites. Te sientas frente a la pantalla, escribes, repites.

El lenguaje modela poderosamente las maneras de pensar y actuar, cuando los viejos magos hablaban de palabras de poder no mentían. Unas pocas, en apariencia inocentes, pueden cambiarte, y eso sin necesidad de adoptar su forma más potente para ello, una historia.

Este es sólo un pequeño ejemplo apenas de un tema increíblemente vasto y fascinante.

Y creo que es importante que un escritor conozca el lenguaje y su verdadero poder. Es su herramienta y no puedes tener entre las manos algo cuyo uso y poder real desconoces.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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6 respuestas

  1. Hola, Isaac.

    Interesantes experimentos y muy reveladores. Los desconocía.

    Tienes toda la razón: el lenguaje es muy poderoso, aunque casi nunca nos percatemos. Y es increíble cómo unas palabras, simples, pueden cambiar las cosas.

    La gente debería preocuparse más, muchísimo más, por cuidar el idioma y no maltratarlo.

    Por supuesto que un escritor debe conocer y dominar el lenguaje. Yo digo “un buen escritor”.

    Tomaré como guía “Yo no hago tal cosa” para mis momentos de flaqueza.

    Un saludo literario desde Oviedo.

  2. Excelente entrada, Isaac. Tienes toda la razón. En mi profesión, maestro de primaria, sé muy bien cómo una palabra, o una concatenación simple de ellas, hacia mis alumnos puede tocar la tecla adecuada, motivando y cambiando a positivo, dejar indiferente o hacer saltar el infierno en la tierra. Debo vigilar continuamente mi lenguaje (verbal y físico) y usarlo según el propósito previsto. Es algo que se aprende pero ni mucho menos algo sencillo, tanto por la misma complejidad del lenguaje, por la inmensa variedad de combinaciones que forman las distintas personalidades y, cómo no, por el hecho de que el lenguaje corporal suele ser, a menos que lo entrenes mucho, algo inconsciente. Gracias por tu blog y sigue con este reto interesantísimo que tanto nos aporta a los que te seguimos.

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