El retrato del marqués y el dolor

Lafayette, ya estamos aquí

En 1825, un pintor de cierto renombre fue contratado por la ciudad de Nueva York. Su misión era realizar un retrato del Marqués de Lafayette, principal apoyo francés a los norteamericanos durante su guerra de independencia.

Mientras estaba allí realizando su encargo, un mensajero a caballo trajo una carta de su padre en la que le comentaba que su mujer estaba convaleciente. Al día siguiente otro mensajero trajo otra carta, en ella se le informaba de que su mujer había muerto. En estado de shock, el pintor viajó hasta su casa y al llegar comprobó que ya habían enterrado a la mujer que amaba. Había llegado tarde para el consuelo y también para la despedida. Así que el pintor, destrozado, ya no se detuvo hasta crear su mejor obra.

Se llamaba Samuel Morse y el dolor le espoleó hasta que consiguió crear una manera de comunicarse de modo instantáneo, sin importar la distancia. Supongo que ese dolor no cesó después, pero ahorró mucho a muchos.

Pienso que a veces las musas mejores sólo vienen con el dolor hondo, que cuando alguien con una inclinación a crear está en esos momentos, tiene la necesidad de sublimar toda esa terrible emoción porque darle salida de otra manera supondría lo peor.

A veces, la obsesión y el dolor son la fibra de la que están hechas las mejores obras, no hay fuego más poderoso. Personalmente pongo los ojos en blanco ante el cliché de artista atormentado, pues afrontémoslo, suele ser insoportable. Además, muchas veces es pose, la gran mayoría no son Morse, que dejó un arte para volcarse en el de salvar a los demás de la angustia que le clavó el puñal.

Cuando estás en situaciones como la suya, muchas veces no sale y unas pocas, en unos pocos, supone crear lo mejor que han hecho. Puedes verlo en muchas obras, que entretejido con el lienzo, las letras o los acordes está el dolor o una melancolía honda, muchas veces disimulada y negada.

Supongo que en los tiempos felices apetece hacer otras cosas, dejarse llevar, disfrutar en vez de sufrir, estar con otros, en vez de solos, entregando la cordura y el tiempo a las musas.

No sé si es que esas musas son crueles y acuden al dolor, como los tiburones a la sangre, o acuden al dolor porque curan. No lo hacen consiguiendo que duela menos, pero sí haciendo algo con eso que merezca la pena. Aunque sea para otros, como en el caso de Morse.

 


 

Y ahora el momento para la breve historia sin sentido que no tiene que ver. De hecho ni siquiera resultará interesante a casi nadie, pero la leí cuando era un chaval, un chaval yonqui de la historia, y por alguna razón me dejó una tonta impresión.

Cuando en julio de 1917 Estados Unidos entró en la Primera Guerra mundial (de la que acaba de hacer un siglo porque el tiempo es ese cabrón rápido del que siempre hablo mal) el coronel Charles Stanton llegó a Francia como segundo del general Pershing. Cuando ambos marchaban con sus hombres por Paris, se desviaron hasta la tumba del Marqués que retrataba Morse.

Allí el coronel Stanton se cuadró y dijo: “Lafayette, ya estamos aquí”.

8 responses

  1. Genial! Me ha encantado, será que me puede el cliché de artista atormentado y siempre me han interesado más esas obras. Lo cierto es que lo mejor de algun@s sale de su dolor.

  2. Me encanta cuando alguien hila algo que ha pasado para reflexionar acerca de algo del presente. Las penas son experiencias, y al final contar las propias experiencias es lo que hacen que a los demás le gusten las obras, porque muchos se sienten identificados. Biquiños!

  3. Hola.

    Muy bueno lo de Morse, Isaac. Lo desconocía.

    Coincido en que a veces, o muchas veces, lo del artista atormentado debe de ser una pose. Pero otras, evidentemente, no.

    Al igual que a ti me encanta la Historia, sobre todo la Historia poco conocida que nunca se imparte en las aulas con multitud de personajes interesantísimos y vidas de novela que casi nadie conoce (y que merecerían ser estudiados o, al menos, nombrados con algunas pinceladas sobre su biografía). Al hilo de esto, te recomiendo (os recomiendo) que escuchéis los podcasts de Gonzalo Ugidos en Radio5 Todo Noticias, de RNE. Son breves perlas de unos cinco minutos o menos (“quesitos” los llaman en el argot radiofónico). Estos “quesitos” tuvieron diversas denominaciones. Una de ellas era “Vidas contadas”. También me apasionan las curiosidades y anécdotas históricas.

    También coincido en que cuando uno está feliz lo que más le apetece es estar por ahí disfrutando de sus amigos y de la vida. Por ello, es normal que cuando el dolor te pega la dentellada te recluyas, te aísles y vuelques toda esa tormenta de emociones en un cuadro o en una canción o en un poema o en un libro. Aunque, ojo, como nos dijo un poeta que nos impartía un taller de escritura creativa os sorprendería saber la cantidad de obras muy emotivas o conmovedoras que están escritas con una frialdad absoluta. Según este profesor conviene no ponerse a escribir cuando estás en pleno huracán emocional y vale más dejar pasar un tiempo para ponerse, después, a la tarea. Evidentemente, habrá gente que no comparta esto.

    También estoy de acuerdo en que la obsesión y el dolor son un fuego muy poderoso. Yo añado otro: el amor en forma de pasión. Por ejemplo, Paul Auster dijo que para ser escritor hay que ser obsesivo. Respecto a Auster, el contó la siguiente anécdota: cuando era niño, fue con su padre a ver un partido de béisbol de su equipo favorito en Nueva York. Cuando terminó, tuvo la oportunidad de que el jugador al que admiraba le firmase un autógrafo, pero ni él ni su padre tenían un bolígrafo y se quedó sin él. Esta experiencia le marcó tanto que desde aquel día nunca más volvió a salir de casa sin algo con lo que escribir.

    Por último, es verdad que pocos alcanzan la brillantez de Morse en el sentido de transformar tantísimo dolor en algo útil y beneficioso para la sociedad. Qué grande Morse.

    Un saludo y espero que no me echéis del blog por mis parrafadas.

  4. Hola

    Me encantan las historias, esta no la conocía, gracias.
    Anoche vi una película francesa, lenta y muy humana en la 2. Se llama “el primer día del resto de tu vida” y en ella el padre de familia cuenta a su hijo brevemente la historia del jovencísimo matemático Evaristo Galois que murió en un duelo. No tenía más que 21 años. Se habla de su escritura febril en la noche anterior para terminar sus escritos… lo más curioso de la historia es que se le recuerda por el teorema que escribió esa noche previa a su muerte … obra de su máxima inspiración o por el contrario antesala de lo que podría haber sido su obra de no haber muerto.
    Comparto contigo esta historia a cambio de la tuya.
    un saludo

  5. Hola, Nur.

    Me parece que “El primer día del resto de tu vida” me suena. Me gustaría verla.

    Se nota que tienes buen gusto porque en La2 ponen películas muy buenas y, a veces, poco conocidas.

    Sabía de la historia de Galois (algunos de sus teoremas se estudian a día de hoy. Al menos, si no meto la pata, a mí me tocó en EGB o BUP). Aún me acuerdo, y eso que ya llovió lo suyo, de que se hablaba de los teoremas de Abel y Galois.

    Un saludo.

    PD: al igual que a ti me encantan las historias (cuanto más curiosas y desconocidas, mejor). Apúntate lo de los podcasts de Gonzalo Ugidos en Radio5 Todo Noticias de RNE por si no lo leíste en un comentario mío anterior a propósito de lo de Morse. Vas a poder escuchar un montón de ellas tan interesantes como pintorescas y poco o nada conocidas. Tienen varios títulos: “Vidas contadas”, “Miniaturas” y “Uno de tantos”.

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