El sentido

Este relato inédito, micro más bien, fue uno de los que consideré como aportación para la Microantología del Microrrelato III, finalmente fue otro el que ocupó su lugar, se llamaba “El antídoto”.

El sentido

Silvio, que nunca lo buscó y no tuvo el más mínimo interés, conoció el sentido de la existencia cuando creyó ver un billete de 5 euros, se agachó por él, el pantalón cedió por la entrepierna y justo a la vez que se desgarró la tela, con el mismo sonido, también lo hizo la cortina de ilusión que cubre la realidad.

Silvio pudo ver por la abertura al otro lado y comprendió.

Había un sentido, un propósito, piezas que encajaban en un engranaje imposible, de metal injertado en carne, que se elevaba y retorcía para todas partes ocupando todo y moviendo la existencia, millares de destellos diminutos pero cegadores, que se afanaban alrededor de la maquinaria por cumplir como luciérnagas obreras el esquema de las cosas.

Eso y cien imposibles más vio en un segundo por la rendija descosida. Se alzó, se puso la mano en el trasero para taparse el roto y la cortina rasgada se cerró. Unos segundos tardó en asimilar, en sentarse en el suelo allí mismo, acera sucia bajo miradas raras que le esquivaban.

Había un sentido y él había visto lo que millones buscaron y ninguno encontró.

Y luego se hizo un ovillo allí mismo queriendo llorar y que no le levantaran, porque todo encajaba, había un propósito, no éramos un capricho del azar destinado a la nada tras un breve suspiro aquí.

Pero que hubiera un sentido no significaba que fuera bueno, porque en ese instante también pudo ver el rostro del titiritero. Le miró y sonreía macabro con colmillos manchados de sangre.

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