El tenebroso poder de las historias

Placa de Kerouac

La imagen de arriba dice así, más o menos:

«En este lugar, el 15 de agosto de 1968, los autores Kerouac y Burroughs se enzarzaron a golpes por un desacuerdo relacionado con la coma de Oxford. El evento es conmemorado en El doctor Sax de Kerouac y en el informe del incidente realizado por el departamento de policía de Lowell. De acuerdo con testigos presenciales, Burroughs corrigió el deletreo y la gramática del informe policial. El informe está ahora en la colección permanente del Centro Morgan».

Pues eso, nada que extrañar acerca de que Burroughs corrija a la policía antes de quedarse durmiendo la mona, o que la coma de Oxford (que en inglés se pone antes del «and» del último elemento en una numeración de los mismos) sea un motivo mucho más legítimo que el 99% de los que sirven de excusa para otras peleas.

Y es que eran otros tiempos, en los que los escritores eran escritores de verdad, se drogaban, bebían y peleaban por causas justas.

Dos escritores a puñetazos por una coma, con una placa puesta en el Molino nº5 de Lowell, Massachusetts, un histórico molino textil ahora reconvertido que se puede visitar.

¿Y todo esto a qué viene?

A que la placa es real, pero lo que dice es un bulo.

No pasó, nadie se peleó por una coma, no hay ninguna referencia de las que dice, por ningún lado, si las buscas. Nadie corrigió informes policiales como el maestro a los párvulos, porque no hay informe.

Pero no importa. La historia está ahí y se repite, aunque sea falsa, para demostrar que, como dijo Hemingway, los escritores de verdad hacían buena su noción de: «Escribe borracho, corrige sobrio».

Otra frase que, por cierto, Ernest nunca dijo y, sin embargo, aparece por ahí cada dos por tres. De hecho, Hemingway nunca escribía borracho, no bebía hasta haber terminado su trabajo y tenía una disciplina férrea con su arte, no queriendo que la bebida fuera una interferencia.

Pero tampoco importa, eso es muy aburrido, así que se seguirá repitiendo lo otro y no la verdad.

¿Por qué?

Porque la frase, como la historia de la coma que terminó a puñetazos, es interesante. Y como es interesante y despierta emoción, es memorable, se repite, se extiende y da exactamente igual que sea cierta.

Ese es el poder de las historias, y dan una importante lección sobre ellas.

No importa que uno diga que algo es mentira, si la historia es lo bastante buena, se extiende, mientras que la verdad da igual. No importa tampoco que toda la prueba objetiva del mundo se presente en contra de algo y que no haya rastro de verdad. Cuando la historia contiene suficientes elementos emocionales, no hay cantidad de verdad que se interponga en que una mayoría la crea y la extienda.

Ya se sabe, las vacunas y el autismo… No importa que quien lo dijo se desdijera o su trabajo fuera fraudulento. No importa que no haya una sola prueba y que los argumentos a favor sean totalmente descabellados o producto de no saber aplicar la lógica más básica. Los sesgos cognitivos son poderosos, vamos a ver lo que queremos ver y taparnos los oídos ante cualquier cosa en contra. Que sea cierta o no, no importa lo más mínimo.

Ese es el poder de las historias. Quien tiene la mejor historia, y no la verdad, es quien gana.

¿Por qué? Porque el poder de la historia es despertar emoción. Si despiertas la suficiente, ya lo tienes.

¿Y la realidad? La realidad es compleja y aburrida, si intentas abarcarla te obliga a pensar y ver que todo tiene muchos motivos y todo es más difícil de lo que parecía. Por eso la rechazamos pronto y nos aferramos a una historia que suene bien.

«Sigue tus sueños y el dinero vendrá por añadidura». Suena tan bien… Es toda una historia en una frase que queremos creer hasta con la última fibra de nuestro ser, que el mundo es justo y premia a los que sueñan. Por eso nos agarramos a la historia, no importa que absolutamente toda la evidencia objetiva esté en contra de esa frase.

Ese es el poder de las historias para recordarse, repetirse y tomarse como verdad, lo sean o no.

Ese es el reverso tenebroso.

Porque un escritor sabe que necesita una historia que sea lo bastante buena para poner en la palma de la mano a quien la lee, pero también lo saben otros, que crean historias simples, generadoras de emociones, falsas como monedas de dos caras, pero eso no importa. Porque saben que quien tiene la mejor historia, gana, y la usarán para sus propósitos.

Al final, todo es una batalla de historias y percepciones, ya que las personas estamos prácticamente programadas para responder a una buena historia. Eso lo debe comprender cualquier escritor, es lo más básico, debe entender cómo somos y qué es lo que despierta esas emociones.

Queremos creer que hemos avanzado algo, al fin y al cabo, somos más cultos. Ya no vivimos los tiempos medievales en los que la gente creía que la Tierra era plana y te podías caer por el borde del mundo. Excepto porque no hemos avanzado nada y los griegos sabían ya que no era plana. Es más, calcularon con asombrosa precisión su diámetro aproximado y ese era el conocimiento habitual sobre el tema.

No somos las personas de la Edad Media que creían eso, porque no lo creían, somos peores, somos los que creen que esas personas lo creían. ¿Por qué de nuevo? Porque es mejor historia, porque es menos aburrida y nuestro cerebro se va a agarrar, va a recordar y verse convencido por la mejor historia.

Todo esto es una pena, pero también una lección de escritura.

Así que más vale que, cuando tengamos la verdad, si es que eso existe, también sepamos exponerla con una buena historia, o no servirá de nada.

8 responses

  1. Tu escrito me ha recordado mucho “El gran pez”, lo importante no eran los hechos sino las fantásticas historias que Edward contaba.
    Además, nos gustan las historias fantásticas, increíbles, donde esos sueños vencen todo. Las películas basadas en hechos reales lo aclaran, está basada en algo que pasó, pero la historia que se cuenta puede no contar lo que en realidad pasó como en realidad pasó.
    Bueno, hasta ahora me animo a comentar.
    Te dejo un abrazo Isaac.

    • Todas esas historias basadas en hechos reales suelen tener mucho de drama inventado, es necesario para mantener la tensión narrativa y la atención sobre una historia, me temo. La realidad no entiende de actos, giros y finales satisfactorios…

  2. Te he descubierto hoy domingo por la mañana y me encantó tu relato, recuerdo unas palabras de Perón” la única verdad es la realidad” claro que descubrí que no eran de él pero se las apropió y hoy las suponemos suyas, tal vez las supo decir mejor.

  3. Buenas tardes;
    He de decir que no conocía este blog y que, después de navegar un poco por él, puedo afirmar que tiene una pinta estupenda. Muy interesante el post sobre “El tenebroso poder de las historias”. Enhorabuena por la calidad y la variedad de artículos publicados.
    Un saludo,

    Daniel Zazo

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