El tiempo que hace falta para todo

El tiempo que hace falta para todo

Cada cierto tiempo tengo que hablar del tiempo. No ese que es patrimonio de las conversaciones de ascensor, sino del cronológico, otra más de las obsesiones que se alinea en mi cabeza, que cada dos por tres me toca en el hombro preguntando si me acuerdo de ella.

En su día ya comentaba sobre la urgencia de la pistola en la cabeza y también de por qué el tiempo parece pasar cada vez más rápido con la edad. De las posibles teorías para eso, elegí la más determinista y menos esperanzadora, faltaría más, que si la batalla no está perdida, no la peleo.

Hoy, me planteaba si tanta murga con el tiempo me había servido para aprender algo, que ya decía Sun Tzu que lo primero es conocer al enemigo.

Y algo he aprendido, sí, aparte de que la escritura no es un problema que tenga que ver con el tiempo, sino con la energía.

Lo que cuestan las cosas

Lo primero es que todo lo importante, como escribir bien, suele costar mucho tiempo y, además, está el principio de menospreciar el tiempo que cuesta cualquier cosa. Piensas que tener algo nuevo, aunque sea un borrador infumable que ya domarás luego, puede salirte en unas seis semanas. Y ya llevas doce y la historia te ha atado al suelo como los liliputienses a Gulliver.

O miras los tiempos para publicar y ves lo extensos que son. No es rara la espera de seis meses a un año para una respuesta (si la hay, que son las menos). Luego que si el calendario de publicación ya está lleno y va para el año que viene. Y finalmente que todo se retrasa llegado el momento, por supuesto. Así que desde que escribes algo hasta que ve la luz (con mucha suerte) tarda esa eternidad de la que yo ya no dispongo. Por eso, mi plan es alternar publicación editorial con publicación propia.

Hace ya demasiado tiempo de todo

Lo siguiente que he aprendido es que hace demasiado tiempo de todo. Se me ocurre mirar una fecha de caducidad y ya expiró sin decirme adiós. Gente me recuerda cosas y a mí me parece que son de un ayer que está a cinco años de distancia.

Eso último es muy molesto y positivo, porque el tiempo no es igual si lo miras por delante y por detrás. Cuando está por delante, todo es demasiado. Meses para escribir algo, años de práctica para ser el mejor (porque si no quieres ser el mejor, ¿para qué molestarte?) y así todo, con esa pereza que da el tiempo al verlo por delante.

Y de repente, el tiempo pasó. Miras hacia atrás y ha transcurrido otro año y piensas: «si me hubiera puesto, ahora ya lo tendría». ¿El qué? Pues lo que sea: tocar esa guitarra, terminar ese escrito, haber aprendido lo que querías. Porque no nos engañemos tampoco, que la vida moderna es perra y tal, pero perdemos un montón de tiempo en cuanto mil irrelevancias que ni siquiera nos relajan.

El tiempo no importa

Esa es mi conclusión de todo esto, que el tiempo que tarden las cosas no importa para tomar la decisión de hacerlas. Ese tiempo va a pasar de todas formas, me da igual lo mucho que lo mires por delante y lo lejano que parezca, va a correr rápido, que yo ya oigo las campanillas de Navidad y hoy caen 38 húmedos e insoportables grados en Valencia. Eso es lo positivo, que el tiempo es un enemigo irrelevante hasta que se acaba, entonces es el peor de esos enemigos.

Supongo que esa irrelevancia es un consuelo, aunque sea uno pequeño e inservible. Así que la cuestión que importa es si quieres hacerlo o no arrepentirte.

Imagen de Alexandre Duret-Lutz

7 responses

  1. Es un consuelo (no) saber que no soy la unicq que sufre amargamente por el paso del tiempo. Lloro cada segundo que se escapa y no hago nada por aprovecharlos, el bucle de mi vida.

  2. A mí el tiempo me importa mucho, pero más aún en qué lo gasto. Me doy cuenta de que los días aprovechados se reducen a momentos determinados que son aquellos en los que apenas hubo interrupciones. Ya sea leyendo un libro, sentándose a escribir algo sin miedo a que obscurezca, a que suene el maldito teléfono, etc. Cuando desconectar se convierte en la cosa más preciada, entonces es posible aprender cualquier cosa, terminar ese texto inacabado… Todo depende del nivel de atención que se le preste. El tiempo transcurre rápido sólo a veces, cuando lo observo. Me ha gustado mucho este artículo. Me gustan esta clase de artículos. Gracias. Un saludo.

  3. “que si la batalla no está perdida, no la peleo”.
    jaja, me lo apunto :p

    “el tiempo es un enemigo irrelevante hasta que se acaba, entonces es el peor de esos enemigos”.
    sí, es lo que creo yo también. el tiempo pasa lo suficientemente lento como para joderte y lo suficientemente rápido como para joderte. ambas? a la vez? sí, ambas, a la vez, joder! mirarlo desde el punto de vista de tu post tiene algo de alivio, al menos 😉

    • Algo de alivio tiene y sí, por algún lado ya dije que el tiempo usa una combinación noqueadora, que parece que queda mucho tiempo y de pronto ha pasado. Eso es mortal.

      Y si la batalla la vas a ganar, ¿qué gracia tiene pelear? ;P

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