El tormentoso amor de Dylan Thomas

dylan enamorado

¿Cuándo fue la última vez que te escribieron una carta de amor?

Los más jóvenes del lugar ni siquiera comprenderán qué es eso o por qué se hacía. Supongo que es para bien, la mayoría de esas cartas rebosaban inocencia y vergüenza ajena en proporciones demasiado desequilibradas hacia el segundo plato de la balanza.

Todos esos grandes escritores de la estantería también eran duchos en las cartas de amor. Ya muertos, salen a la luz y es curioso presenciar la intimidad de un escritor enamorado. Desde las lascivas cartas de Joyce a su mujer, hasta las de Virginia Woolf a Vita Sackville. Esta era una relación muy curiosa. Vita era una aristócrata que tenía un matrimonio abierto. Virginia y Vita estaban profundamente enamoradas y a Leonard, esposo de Woolf, le parecía bien, ya que al menos fue una las breves épocas felices de Virginia.

De entre todos escritores tan enamorados y muertos he estado leyendo últimamente al poeta Dylan Thomas, cuyos versos le deben sonar a más de uno aunque no sea por las razones correctas: «No me marcharé en silencio hacia la noche…».

Dylan y su mujer Caitlin tuvieron una relación tempestuosa, como no podía ser de otra forma, marcada por un profundo deseo y las constantes infidelidades de uno y otro. Hasta que Dylan se mató bebiendo a los treinta y nueve años, dejó un rastro de migas en forma de cartas de amor, que revelan la parte desatada y el inmenso fuego que Caitlin le despertaba dentro.

Algunas de esas cartas se han recogido varias veces en varias ediciones en inglés. He aquí algunos trozos que revelan una parte del escritor que da un significado adicional cuando lees sus obras. Suele pasar con todos, comprendes ciertas cosas y ya no lees exactamente lo mismo. Quizá por eso también mi fascinación con las cartas íntimas, destinadas a que sólo fueran leídas por una única persona. Cuando se escribe para eso, probablemente se hace de la forma más pura posible.

He aquí el extracto de una carta de Dylan Thomas antes de que ambos se casaran:

«Quiero que estés conmigo, que tengas todo el espacio entre las casas y yo puedo tener una habitación sin ventanas, quiero que construyamos una casa a medio camino, que me enseñes a caminar en el aire y yo te enseñe a hacer sonidos hermosos en el piano sin música, quiero que tengamos una cama en un bar, como dijimos que haríamos, y que no tengamos dinero y que vivamos del de los demás».

Tras infinitas rupturas y reconciliaciones, un Dylan Thomas agotado de la vida y de beber, inmerso en maratonianos tours de lectura por todo Estados Unidos, estaba exhausto de todo excepto de querer a su esposa. Esto escribía apenas seis meses antes de su muerte.

Te quiero, Caitlin. En todas las habitaciones de hotel en las que he estado en estas dos semanas, te he esperado todo el tiempo. Ya no puede tardar mucho, le digo a mi miserable yo desalentado, en cualquier momento entrará en la habitación: la mujer más bella del mundo, y ella es mía y yo soy suyo, hasta el fin de la tierra y mucho después. Caitlin, te quiero. ¿Te has olvidado de mí? ¿Me odias? ¿Por qué no escribes? Dos semanas pueden parecer poco tiempo, pero para mí ya es tan antiguo como las colinas y tan profundo como mi adoración por ti….. 

[…]

Te amo, te deseo, es un infierno ardiente sin ti. No quiero ver a nadie ni hablar con nadie, estoy perdido sin ti. Me encanta tu cuerpo y tu alma y tus ojos y tu cabello y tu voz y la forma en que caminas y hablas. Y eso es todo lo que puedo ver ahora: a ti moviéndote, en una luz…

[…]

Estoy profundamente enamorado de ti, la única profundidad que conozco.

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