El secreto para escribir más

El único secreto para escribir más

He dedicado gran parte de las casi 200 páginas de Escribir mejor a detallar lo que funciona para escribir más. Pero lo cierto es que, al final, todo depende de una sola cosa.

Como bien expongo allí, al final resulta que sí hay un gran secreto para escribir más. Enterrado en medio de la nada que no esperas surge y depende de la respuesta a esta pregunta:

¿Dónde está realmente la escritura dentro de nuestra escala de valores?

Siempre hay alguien que, a pesar de estar cansado, no poder más y que mil tentaciones le rodeen, decide terminar lo que se proponía. Todos hemos estado ahí en algún momento cuando hicimos lo imposible por un amigo, o trabajamos hasta la extenuación para sacar adelante a una familia.

¿Cómo es posible que alguien en esos momentos pueda continuar? ¿Cómo incluso cuando no queda energía, el contexto está en contra y cada una de las piezas del puzzle salen rotas de la caja?

¿Cómo fuimos capaces nosotros cuando estuvimos en una situación así?

Por los valores que conforman nuestra verdadera identidad.

Porque nosotros no somos de los que dejan tirados a un amigo, porque amamos a la familia por encima de todo, porque en aquel momento, lo que hicimos contra viento y marea estaba en la cúspide de nuestra escala de valores.

Nada era más valioso si se trataba de hacer algo por un hermano o de poner comida en la mesa. Así que nada importaba excepto eso y surgía la voluntad necesaria, o como la queramos llamar. Y la adrenalina hizo su papel y nos mantuvo despiertos hasta que terminamos y pudimos descansar y caer rendidos.

Todas esas cosas por las que hemos luchado alguna vez estaban situadas tan arriba en nuestra escala de valores que no importaron las horas, los lugares o el cansancio. En esos instantes, continúas hacia adelante y lo único relevante es terminar, así que lo haces a pesar de todo.

Esa misma escala de valores es la que determinará lo que ocurra sistemáticamente en esos pequeños momentos de decisión diaria de escribir que tienen que encender la mecha de lo que estamos viendo.

Todo escritor de verdad tenía claros esos valores.

Joyce o Pizarnik no habían oído hablar de la arquitectura de la decisión o sobre rayadas circadianas. Todas esas cosas que se explican en Escribir mejor multiplican enormemente el número de palabras diarias, pero sin la escritura en el lugar que le corresponde dentro de nuestra escala de valores, es multiplicar por cero. Y mil por cero es cero.

Al final, la realidad es que si no escribes más es porque amas y eliges otras cosas antes que a la escritura. Es tan sencillo como eso.

No importa lo mucho que se repita en voz alta el amor por la escritura, si no pones una palabra tras otra, estás mintiendo.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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