El unicornio de la motivación

El mito de la motivación

Suelo meterme a menudo con el talento y tampoco es algo que vaya a causar un daño tangible, pues al fin y al cabo es un mito.

Sin embargo, otro unicornio, el de la motivación, está ahí al lado, callado, esperando que nadie se dé cuenta de que está puesto boca abajo.

En realidad, al contrario que el talento, no es que la motivación no exista. Al fin y al cabo es algo tangible en cierta manera. Lo que ocurre es que la solemos entender al revés.

¿Por qué?

Por lo mismo de siempre, porque muchos lo necesitan para vendernos algo inútil. Qué le vamos a hacer si el humo es lo más fácil, y lo más rentable, de comercializar.

El mito fundamental que rodea a la motivación se basa en que si uno quiere hacer algo, primero debe estar motivado para ello.

¿Lógico? Lo parece.

¿Cierto? No. Nada podría ser más falso.

De hecho, cada vez que se ha estudiado, es justo al revés. La motivación real, la que dura, la que te lleva un poco más cerca de lo que quieres, funciona a la inversa.

Cuando haces algo, y lo completas con éxito, entonces surge la motivación.

¿Por qué? Porque el logro, el éxito, es lo único que nos motiva realmente, desde la raíz.

«El éxito engendra éxito», he ahí un proverbio que, para variar, sí es cierto.

Psicológicamente, son esos mecanismos internos de recompensa los que nos premian, los que nos dicen: He tenido éxito sentándome a escribir y consiguiéndolo, eso es genial. Quiero sentirme así de nuevo, quiero más.

Creer que es al revés es caer en la trampa de este unicornio, la creencia de que para hacer algo, primero has de estar motivado.

¿Qué suele pasar cuando está anclada esa mentalidad?

Que al final nunca nos ponemos. O nos ponemos, cuesta un mundo porque la vida real es así, y nunca se persevera más allá de la zona de incomodidad. Así que no generas un hábito y no enciendes la hoguera del verdadero mecanismo de recompensa.

¿Y eso que te venden todos esos coaches, gurús y motivadores?

Fumarada.

La autoayuda, desde sus primeros tiempos derivados del New Thought y el malentendido Samuel Smiles, siempre ha usado trucos cognitivos para hacer creer en cosas que no funcionan.

Así, tras una charla con tu motivador, un fin de semana de retiro o la lectura de algún artículo superficial que no dice nada demostrado (y se resume en: Ra, ra, ra) vuelves con un estado  emocional alterado. Piensas que esta vez sí, que mañana te pones sin dilación, que te vas a comer el mundo y lo notas en las venas.

Y al día siguiente, ya lo dice la canción, la vida sigue igual.

Pero he aquí que ese pico emocional, que no viene de una motivación interna conseguida gracias al logro real de la acción, es adictivo.

Así que vuelves a leer otro artículo vacío, más frases de tazón, compras el nuevo libro, el seminario más caro… Y ocurre lo mismo, un fuego que dura minutos y el lunes es exactamente igual que el anterior, porque esa motivación es falsa, no tiene raíces.

Curiosamente, esa autoayuda solo «ayuda» a sentirte más deprimido con el tiempo, ¿por qué? Porque pasa el tiempo y no estás haciendo realmente nada útil.

Puede parecer una paradoja, pero para motivarse a hacer algo, simplemente hay que hacerlo.

Aunque cueste, aunque sea desagradable al principio. Todo lo que merece la pena lo es, ¿quieres bailar? Haz el ridículo.

Lo que pasa es que ya se sabe, el cielo nos libre de hacer algo desagradable o que cueste, especialmente en lo relacionado con la escritura. Un arte que se ha blanqueado hasta lo vomitivo con apenas dos palabras: sueño y pasión.

Con el sueño de publicar y la pasión por escribir, algunos han encontrado el filón para vender métodos inservibles. Y las editoriales se han dado cuenta por fin de que hay más escritores que lectores. Así que les resulta más rentable (su sueño de) publicarte por un «módico» precio. De esa manera van a ganar más que a la manera tradicional.

La motivación real, la de las raíces para que no salga volando con el primer viento en contra, viene de la acción.

Pero no de cualquier acción. Tiene que ser una acción enfocada a lo que quieres realmente.

Y si lo que quieres es motivarte a escribir, has de escribir, aunque sea sin ganas al principio. Necesitas el logro de conseguirlo para motivarte.

Poner tuits no sirve, escribir cosas que no son esa ficción que deseas terminar no sirve. «Promocionarte» no sirve, pasar el tiempo leyendo artículos o en grupos de escritores no sirve.

Solo sirve actuar, y es así como lo hacen los que lo consiguen.

Empiezan a dibujar ese círculo virtuoso por donde deben, la acción. La motivación viene después como producto natural de esa acción exitosa, igual que el talento viene de la práctica.

¿No tienes tiempo? Deja de hacer todas las chorradas de más arriba y verás cómo lo tienes.

Y sí, cada estudio serio que se ha hecho sobre el tema lo ha corroborado: Es la acción la que motiva, no la motivación la que permite actuar.

Un buen libro al respecto, porque no me voy a meter más a fondo en las demostraciones de todo esto, es el último de James Haden: The motivation myth. O al menos sus ciento y pico páginas iniciales, luego desbarra un poco por otros cerros.

Pero he aquí algo interesante, el poder de las historias.

Da igual toda esa prueba que muestra que la mayoría lo entiende al revés, que se nos vende así solo para que algunos puedan mantener su chiringuito de baratijas. Da igual toda la demostración que haya en contra, porque el mito no morirá.

Ni siquiera la chica de la curva, que ya está muerta, muere del todo por ese poder de las historias. Porque el hecho de creer que primero necesitamos motivación es una narrativa mejor, una más emocional, una que conecta con lo que queremos oír y nos excusa.

Alguien que me enseñó mucho me dijo que el perdón genera obediencia. Nunca he escuchado nada más cierto (ni poderoso).

Por eso, corremos a abrazar el unicornio e ignorar que está puesto del revés.

Actuar en lo que verdaderamente queremos enciende la chispa de la motivación. Insisto en ello una vez más, porque la repetición funciona. Otro truco cognitivo.

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3 respuestas

  1. Sólo actuar cuando te sientes motivado, es el mejor pretexto para no hacer nada. Totalmente convencido de que son los éxitos, logros, cumplimiento de metas, como quieras llamarle, lo que realmente motiva.
    Actuar y lograr es lo mejor. Simplemente compruebas que tu estrategia de acción funciona y eso, es el más grande aliciente para seguir avanzando.
    “Motivante lectura”, la pongo entre paréntesis, porque si la dejo sólo en la lectura, mañana dejará de ser una motivación. La acción, como bien mencionas, es lo que sigue y por lo menos por el momento, este comentario es mi primer paso.
    Saludos.

    • Esta lectura no pretende motivar ;P pretende mostrar cuál es el mecanismo de acción. Ya cada uno puede hacer con él lo que desee.

      La clave para la primera acción es vencer esa resistencia inicial, ¿cómo? Haciendo la tarea lo más fácil y conveniente posible. Ese es el método. Hacerlo estúpidamente sencillo…

      Un saludo.

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