El vigilante, de Peter Terrin

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Tenía curiosidad por el libro El vigilante de Peter Terrin. No ya por el tema premios que se ha llevado, sino por el cierto estatus de culto que ha cosechado. Me despertó interés lo que había oído de él y, todo lo que sea diferente o se arriesgue, para mí es un mérito a la hora de leer. Y es que entras a la librería y todo se parece, todo con esas cintas rojas en las portadas y los mismos temas con una prosa similar.

El libro está editado en español por Rayo Verde y ha sido traducido a dieciocho idiomas, todo un recorrido para una novela que nació escrita en la pequeña lengua flamenca.

El vigilante es una historia de suspense, por eso no voy a desvelar nada más allá de las sinopsis que se pueden encontrar por ahí. Dos vigilantes del garaje subterráneo de un edificio de lujo en la ciudad hacen sus rondas, no pueden abandonar su puesto, algo ha ocurrido en el exterior y no saben qué es. Los residentes empiezan a marcharse poco después el edificio, pero los vigilantes tienen la misión de custodiar, de no moverse, y la cumplirán. Hay una grieta que da al exterior, por ella a veces miran a un mundo que parece no moverse ni respirar. Se preguntan qué pasa, pero no abandonarán su puesto. La rutina, la paranoia y algunos personajes que van apareciendo en la acción, forman un cóctel donde no sabes qué está pasando realmente, y quieres averiguar.

El estilo es sobrio, cero florituras, no sé si alguna frase anidada, pero no me parece recordar prácticamente ninguna. Le pega a la historia y es más que eficaz para transmitir las emociones que Terrin quiere, desde la angustia, hasta la intriga. Los capítulos son muy breves y numerosos y la brevedad es un buen recurso para mantener ese suspense, hace que quieras leer sólo uno más, para ver si se desentraña lo que está ocurriendo o te da alguna pieza adicional.

Y cuando terminas el libro, sin duda, no deja indiferente. El vigilante es para digerir con el tiempo, y digo eso como un cumplido porque días después, todavía piensas en él. Esto también hace que dicho libro, como todos los que merecen la pena, no sea para todo el mundo.

El retrato de la paranoia que se va creando es muy bueno, los dos vigilantes están atados a su deber, desconfían de todo y de todos, rozan la locura o a veces se sumergen de lleno en ella, además de que tienen una relación muy peculiar. En ocasiones roza el género de terror y también lo hace bien. Cierta escena me dejó con los ojos bien abiertos cuando sucedía y hacía tiempo que no me pasaba. Sin embargo, para aquellos a los que les gustan los finales cerrados y bien atados, una pequeña advertencia: en el tercer acto de la novela la acción aumenta y es cada vez más disparatada, haciéndonos pensar qué estamos leyendo y qué ocurre realmente. De hecho, se abren muchas más preguntas de las que se cierran. A mí, personalmente, no me importa que no me expliquen todo o incluso nada, si la obra es buena como es este caso, pero sé que gran parte de quienes leen suspense tienen esa necesidad de cierre. Si ese es su caso, El vigilante no es la novela adecuada.

Y al final, hay un párrafo de la editorial, que invita a volver a pensar sobre lo que se cuenta como un retrato que va más allá de la historia de dos vigilantes en un garaje. Invita a reflexionar a otros niveles, social y personal, encerrados y paranoicos en las profundidades que nos construimos o nos han construido para que nos quedemos allí, sin preguntarnos qué hay afuera. Y revelo esas últimas frases porque me parece importante acercarse a la obra también de esa manera. Cuando la miras a más niveles, la obra gana enormemente como metáfora de muchas cosas.

Es muy difícil contar una historia anclada en un solo sitio, con unos pocos personajes y que mantenga el interés, pero Terrin lo consigue. Por hacer algo diferente, por arriesgarse y por dejarte pensando, días después, la novela me parece un logro y se merece toda la fama que ha cosechado en un sector de seguidores, que juran encima de ese libro. Al final, el mérito de lo bien escrito está en encontrar a esos a los que va dirigido y tocarles bien hondo.

No es el libro que recomendaría a todos, pero sí a algunos encarecidamente. De todos los libros que he leído en las últimas semanas, El vigilante siempre me viene a la cabeza, mientras que muchos otros, la mayoría con más fama, se han diluido en sus títulos y me cuesta recordarlos.

Y que Rayo Verde es una editorial que se arriesga y huye de la masa, algo tan raro y heroico hoy día, que hay que celebrarlo.

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