Ella siempre elige vida

(Un relato de los varios que componen el libro Todas ellas).

Los días de la culpa son los peores. Tengo un buen trabajo y una pareja que sé bien que no merezco, no hace falta que lo repitáis más: ese cabello rubio poderoso y su vestido blanco, sobre todo cuando el sol lo transparenta un poco en la cala de la Barqueta, deberían ser para otro más alto y fuerte. Y siempre huele a jazmín, sobre todo después de hacerlo. No preguntéis cómo es posible, pero emana un olor peculiar al correrse, como si llegara la primavera de pronto. Me recordaba a pasar por delante del jardín del médico allá en el pueblo, los jazmines se derramaban por el muro bajo que lo rodeaba y aquella era mi calle preferida. Recuerdo poco de crío, que quizá no reí tanto como hubiera debido, pero bajo aquel muro casi podía creer en cosas.

También tengo amigos que me recuerdan lo afortunado que soy. Yo también me lo digo: «Tengo suerte, de verdad que la tengo», pero en días como hoy creo que no me pertenece. En días como hoy estaré callado, ella lo notará y yo le diré que no pasa nada cuando pregunte: «Es todo por el trabajo, ya sabes cómo es. ¿Te apetece que cenemos fuera?». Claro que le apetece, ella siempre elige vida en cualquier situación y yo no tengo derecho a quejarme ni a estar así, conduciendo en silencio y recordando mirarla a veces durante el trayecto, sonriendo para que no me vuelva a preguntar qué te pasa.

Finjo que río, finjo que escucho, finjo que cuando lo hacemos al volver no tengo media mente en otro lado. Viene el jazmín, me recuerdo bajo el muro de la casa del médico, ella se duerme siempre primero y es un alivio. Me puedo quedar mirando a la oscuridad un rato, oliendo sin obligación de sonreír.

Sé que esta no es mi vida y que ella no es la ella con la que yo estaba. Todo es una broma cruel, culpa de un martes trece de septiembre en que me desperté en la vida de otro, al lado del olor a jazmín. Parecía mi vida, pero no encajaba del todo. Sin embargo, vi su cuerpo bajo las sábanas y cómo me miró al despertar, así que pensé que mejor permanecer callado y seguir soñando.

Lo entiendo, vida, a mí también me pasa, que pierdo cosas y las cambio de sitio, así que no debería extrañarme de que me hayas traspapelado la vida con la de otro. Lo siento por el otro, que salió perdiendo. Mis amigos parecen mis amigos, pero no del todo. Ella parece ella, pero no del todo. Ahora ya no se puede arreglar y la vida intenta convencerme de que esta que me ha tocado es mejor: ¿No ves que ella huele al jardín de la casa del médico, qué más quieres? Siempre me estuviste pidiendo cosas y ahora que las tienes, ¿no te parecen bien?

Llamé a mis padres el catorce de septiembre. Ellos también parecían ellos por teléfono, pero me lo dejaron bien claro: no sé de qué pueblo hablas, hijo, nosotros hemos nacido en Barcelona y tú también. Quintana esquina con Boquería, no hay calles más bonitas, pero tampoco hay rastro de jazmín. ¿Y por qué preguntas eso? Por nada, mamá. ¿Todo bien? Sí, ¿qué tal mi hermano? Ya sabes como es tu hermano, me respondió. Sí, supongo que sí.

Me levanto, me tomo una pastilla para dormir en noches como esta en las que temo despertarme a mi vida anterior, porque el otro que salió perdiendo llegó finalmente hasta el Hades como Orfeo y enmendó la equivocación. A veces pienso que estos días son porque noto que el otro está a punto de conseguir su gesta, a veces dormir bien borra esa sensación de ajenidad y al amanecer todo lo siento mejor encajado. A lo mejor ha habido una equivocación, pero es mía, no de la vida, nací en Quintana con Boquería y a saber de dónde saqué los recuerdos bajo ese muro por el que reptaba el jazmín. Una vez me dijeron que buena parte de esos recuerdos que tenemos son falsos.

Yo merezco este trabajo, mirar su espalda desnuda mientras canturrea al levantarse y se pone los pendientes. Lo último es la falda y la blusa, para que yo pueda verla desnuda todo el tiempo que sea posible hasta que vuelva el verano en la Barqueta. Me duermo esperando que mañana sea uno de esos días en los que creo de verdad que soy un hombre con suerte, aunque no sea mi suerte.

Comparte si te ha gustado