En defensa de la rutina

rituales y rutina

No voy a quedar como el alma de la fiesta diciendo esto, pero soy persona de rutinas y rituales. Al menos con lo que me importa.

Y eso no queda bien porque hay un millón de películas, libros, artículos y anuncios que tratan de vendernos algo y exaltan lo contrario. Viva el poder de la improvisación, del genio y de hacer locuras, cuantas más mejor. Cuando uno se imagina una vida ideal, se ve lanzándose en tirolinas, surfeando olas y visitando sitios exóticos, uno tras otro. La vuelta al mundo persiguiendo algo, aunque nadie sepa qué.

No me voy a molestar en hablar de lo bueno de eso. Como ya hay miles de palabras defendiéndolo, al menos que haya también unas pocas, éstas, en favor de lo contrario. Por una vez, que el crío feo con el que todos se meten en el patio no esté solo. A lo mejor lo hago porque soy egoísta, que lo soy, y es que ese crío no es popular, pero tiene la llave de todo apretada en el puño.

Supongo que toda esa animadversión por la rutina empieza porque es fea y sigue porque se nos ha olvidado que en la rutina prosperamos. La rutina supone el avance de nuestra especie. Hasta que no nos paramos en un sitio y la adquirimos, no dejamos de ser un grupo de nómadas que no llegaban a nada.

Dejamos de recolectar plantas salvajes y cosechamos con un método. Seguimos religiosamente el curso de las estaciones, impusimos un ritual y eso nos permitió quedarnos en un sitio, con comida al lado. Luego hicimos lo mismo con los animales, a los que empezamos a criar además de cazarlos. Y no lo pudimos hacer de cualquier manera, sino creando estrictas rutinas para ello. Así pudimos crecer, fundar ciudades en vez de campamentos y liberar tiempo y energía, dedicados a vagar recolectando y cazando.

En la rutina prosperamos, sin ella, es imposible construir algo más grande que nosotros.

El virtuoso lo es porque abraza su rutina, en ella toca hasta que sangran los dedos, cada día, durante horas. Él quiere invocar al genio y sabe que los magos tenían razón, que para invocar hacen falta rituales.

Luego muchos dicen: “oh es que está dotado, qué suerte y qué envidia”.

Lees la vida de los mejores y ves que, hasta los más pendencieros, tenían estrictas rutinas con lo que les importaba.

Pero mucha gente cree que el talento se tiene o no se tiene y en realidad crece en la rutina, como el campo de trigo. E igual que el campo de trigo es difícil ver día a día que parezca que crece algo.

Muchos se dejan llevar por la noción romántica de que los genios nacen. En un arrebato consiguen la inspiración para su música o la fórmula que resuelve todo. Deben ser elegidos, porque esa historia suena mejor que la de aceptar que tienen estrictas rutinas. Y así, de paso, también sirve de excusa para no intentarlo.

El precio en rutinas de las cosas que importan es demasiado caro. Mejor correr tras lo nuevo, eso nos dará fotos para el Facebook y los demás nos envidiarán. Eso es lo importante, pues muchos compran la noción de que la felicidad es saltar de una cosa a otra. La improvisación es popular y las rutinas seguirán siendo el crío feo y con gafotas del patio. Metámonos con él, hagámoslo el enemigo y hablemos mal; muerte a la rutina, todo el mundo jaleará si decimos eso.

Pues nada importante se construye si no es sobre ella. Es una constante en la historia humana, es lo que nos sigue haciendo avanzar y me sorprende lo poco que lo queremos ver.

Ese crío gafotas tiene a lo popular en contra, pero a veces, sólo a veces, tiene a su favor al más cabrón de todos, al tiempo. De un bofetón nos pondrá en el sitio, se reirá torcido ante nuestra impotencia y dirá: “¿ahora qué?” Y es que ya se sabe, el colegio y el instituto no duran para siempre y pocas cosas más tristes he visto que quien vive en ellos para siempre.

6 responses

  1. Son muchas cosas a la vez: sí, tienes razón, en unas cuantas cosas… Pero no, no la tienes, en muchas otras…

    Si bien es cierto que he evolucionado, mejorado y asimilado muchas cosas desde la infancia hasta ahora, también lo es que el método (ritual, hábito, costumbre…) ha sido prácticamente inexistente. Obviamente esta apreciación mía es del todo personal (como la tuya). En mi caso, todo lo que he leído (y aún leo y aprendo) lo hago en multitud de ocasiones en lugares muy dispares… A veces, de la noche a la mañana, la vida cambia, se corta por completo y vuelve a empezar… y a veces ocurre una vez más, y otra… Para alguien que no ha conocido la rutina en exceso (y la he buscado, con tanto afán como se busca el silencio en mitad del ruido) yo diría que no ha sido el hábito lo que me ha permitido adquirir mis conocimientos, más bien todo lo contrario, la dinámica… Es deseable que existan rutinas, no lo niego, creo que es bueno para la inmensa mayoría (estoy de acuerdo con el paso del nomadismo al sedentarismo), pero no es factible para todo el mundo… No puede crucificarse al imprevisto en defensa de la rutina… (ni al contrario, claro…) Un saludo.

  2. Cómo me gustan las opiniones (razonadas) que no son las mías. Las mías las escucho todo el rato en mi cabeza y no pocas veces me aburren por repetitivas.

    Necesito variedad como el que más, pero siempre leo y veo esa exaltación de la improvisación, que aprovecha para, de paso, parecer grande segando la hierba bajo los pies de la rutina.

    Es una constante en la imaginería popular y me parece que es ser ciego a que la rutina es tan o más necesaria. No hablo de tu caso, pero más de dos y tres veces se abraza la improvisación como si fuera lo único bueno, y simplemente porque es bonita.

    Así que, como comento en el texto, hoy defiendo al crío feote que es mi amigo, por equilibrar un poquito la balanza injusta, que siempre se ceba con el ritual y lo tacha de negativo, un ejercicio de miopía considerable..

    Y bienvenida a estos pasillos, por cierto.

    Isaac

  3. Creo de verdad y para ello no necesito utilizar un vocabulario grandilocuente. Que estas muy equivocado en este post.
    La rutina nos permite muchas cosas y de hecho todos vivimos atrapados en ella… Para mi personalmente casi cada día es el “día de la marmota” como en la peli “atrapado en el tiempo” ,entre el trabajo y mi vida familiar no tengo margen a casi nada. Así que ..¿qué me vas a contar de rutinas que yo no sepa?

    Pero… Es en el cambio donde cada uno nos desarrollamos… No hace falta ir al Tíbet para tener fotos interesantes …sólo … Hacer lo que tu rutina no te permite. A veces puede ser tan sencillo como ver las estrellas una noche de verano escuchando grillos O hacer una siesta debajo de un árbol en flor. Eso nos llena la vida.
    Escudarse en la rutina es una excusa para no ser capaz de hacer cosas diferentes por miedo a salir a la esquina ;P
    Nur

  4. No podría estar más de acuerdo contigo. El talento es una idea completamente romántica, escritores como Tartini y Coleridge afirman una especie de amanuenses de una fuerza superior que los inspira, pero en realidad sólo obedecen a manifestaciones arquetípicas de una “materia” misteriosa que los obliga a crear. Postulan al artista como una especie de profeta que sin esfuerzo alcanza altas cimas estéticas. Hay un ensayo de T.S. Eliot que se llama “Traditon and the individual Talent” y habla del talento como un concepto nocivo. Es una forma de pensar que ha quedado en el irremediable olvido 🙁 qué padre que seas un sobreviviente del reconocimiento al trabajo duro y la soledad de la práctica.

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