En escritura, la inspiración no existe

la inspiracion no existe

Hace poco Gabriella Campbell publicó un artículo con 34 formas de eliminar la falta de inspiración, el famoso «bloqueo del escritor». Si quieres cosas prácticas, ve para allá, si quieres una diatriba sin sentido, esta es tu casa. Quítate los zapatos y la regla número uno es que sólo puedo maldecir yo.

Hoy vengo a remachar un par de cosas adicionales sobre ese tema, aunque no tan prácticas como propone Gabriella, aviso.

Para empezar, hoy es miércoles, siete y cuarenta y ocho de la mañana. Los miércoles me propuse escribir en esta web sí o sí. Principalmente sobre las cosas de la escritura como arte, normalmente sobre lo que me da la gana, ventajas de ser mi casa. A veces sale fácil y desde el lunes sé sobre qué voy a escribir. Otros días como ahora, me siento y no sé bien de qué voy a hablar.

Así que uso el viejo truco de fijarme en el trabajo de otros, Gabriella en este caso, y me subo a su estela, que viajar así es cómodo. ¿Estoy copiando? Es posible. Desde luego, estoy tomando prestada su inspiración, que ir de polizón en el barco de otro siempre es más cómodo. Pero voy a intentar añadir un par de cosas.

La inspiración tal y como se suele entender no existe.

Yo como escritor creía en ella, como creía en los Reyes Magos de pequeño. Cuando uno crece dentro del arte, y como todo crecimiento eso no significa nada positivo, se da cuenta de que la inspiración es irreal y dejarla atrás es algo que hay que hacer para superar la infancia del amateur. La inspiración es un mero subproducto del trabajo y la práctica deliberada e inteligente, igual que el talento.

Y si la inspiración es un concepto ficticio, se deriva de eso que el bloqueo creativo es un concepto igualmente ficticio. Es algo que también he comentado aquí, pero voy a añadir unos matices que creo interesantes.

Hace tiempo, otra de las personas que suelo citar a menudo, Oliver Burkeman, hablaba también del tema (todos copiamos a todos) y de cómo los escritores comentan que no escriben porque estén sufriendo el insidioso «bloqueo creativo».

Burkeman empezaba señalando algo inteligente como es habitual en él: que decir eso es una tontería semántica, y yo añado, impropia de un escritor.

Alegar que el motivo es la consecuencia no dice nada ni resuelve nada. Decir que no escribes porque sufres un bloqueo creativo, o un caso de hoja en blanco, es lo mismo que decir que no caminas porque no caminas.

Para no incurrir en dislates semánticos como que no escribes porque no escribes, y por tanto ser un poco menos malo en el arte, uno debería empezar a dejar de aludir al bloqueo y dejar de decir la frase.

Para seguir, siempre se puede escribir.

En el momento en que lo haces, aunque escribas una basura, ya no estás bloqueado. La misión es evolucionar desde la basura hasta algo mejor, cosa que se consigue, cómo no, con el trabajo diario. Además, muchas perlas se encuentran en la basura. Genera basura y, tarde o temprano (casi siempre es tarde, no te hagas ilusiones) brillará una perla de la que tirar y con la que construir algo.

Burkeman pone ejemplos de cómo Steinbeck escribía un diario de sueños y cómo otros escritores recurren a volcar lo que sea, escribir su corriente de pensamiento si hace falta. A veces en eso encuentras el germen de una historia, a veces no, pero sea como sea, has escrito. Esa capacidad siempre la tienes, aunque hagas como Jack London y escribas en un cuaderno de apuntes, ese lleno de diálogos sueltos, descripciones de nada en concreto, pedazos inconexos que quizá un día sirvan o no, pero son escritura. Ese cuaderno de apuntes es otro habitual entre escritores.

Para terminar, aludía al hecho de que el bloqueo creativo, muchas veces, no es una cuestión de falta de ideas, sino de algo más peligroso en lo que caemos a menudo.

En el libro The psychology of creative writing, de Scott y Jeff Kaufman, sus autores alegan que a veces dicho bloqueo se produce, no por no poder escribir, sino por echar el freno antes de hacerlo, debido a que hemos emitido un juicio de valor sobre aquello que íbamos a escribir y que ha dejado en dique seco nuestra intención.

«Esto es una mierda, esto no va a gustar a nadie, desde luego no a los que ya me leyeron, esto no encaja en mi género…». Esos juicios son tan rápidos y sibilinos, que a veces no nos enteramos de que los hemos hecho, pero están ahí y han provocado su efecto. Parece que no nos sale nada, pero en realidad algo sí había y lo que ha ocurrido es que lo hemos arrancado la raíz con juicios, expectativas y etiquetas.

Para evitar esa castración preventiva, que se confunde con ausencia de inspiración, hay que practicar el noble arte de que le den a todo el mundo.

Parejas, fans, críticos, lectores cero y demás fauna que nada tiene que ver con la verdadera labor del escritor. No sólo de esa manera vas a hacer lo mejor que puedas hacer, es que vas a hacer más.

Deja de pensar en los demás, deja de intentar agradar, la escritura no son las redes sociales y, al igual que en ellas, tampoco es que engañes a nadie con el postureo y a nadie le importa. Escribe libremente, porque a lo mejor estás machacando la gema que venía con eso que aparentemente era un asco.

Eso no significa escribir cualquier cosa sin orden ni concierto, eso significa que, en esos días en los que no sabes muy bien qué decirle al cursor que parpadea, siempre encontrarás algo si desoyes juicios, expectativas e identidades falsas que has asumido.

«Es que yo soy escritor de terror, o de fantasía, o de new adult y lo que me ha venido a la cabeza no encaja». Yo llevo toda una vida intentando arrancarme las etiquetas de la ropa y sin embargo hay quien corre a ponérselas. Me cuesta entenderlo y me cuesta menos escribir si me siento con la libertad de hacerlo sin expectativas.

Ahora, si este tema te interesa y aún crees en el bloqueo, ve a la casa de Gabriella a quitártelo mejor. Y a maldecir. Yo ya no tengo más.

4 responses

  1. Uf, si tuviera que entrar en las razones psicológicas tras el supuesto bloqueo de escritor, mi artículo no tendría 8500 palabras, sino 20000.

    A veces hay pequeños bloqueos puntuales, y en ese caso ayudan las ideas que están en mi artículo, por ejemplo.

    Otras veces, ese supuesto bloqueo generalizado va mucho más por donde dices. Y también es la fuente de la procrastinación. Precisamente ejercicios como la escritura libre son de gran ayuda en este sentido (y de ejercicios creativos también he hablado demasiado, creo).

    Me sigue sorprendiendo la cantidad de gente que me escribe para decirme que está bloqueada, que no consigue escribir (y cómo poco a poco van saliendo muchas más cosas, problemas de todo tipo que se manifiestan en una supuesta incapacidad creativa).

    Escribir, en teoría, es fácil: solo se trata de poner una palabra tras otra. Si no podemos hacer eso, es hora de buscar razones mucho más profundas, creo.

    • Entrar en la psicología de un escritor significaría una enciclopedia entera para nada :P.

      El bloqueo puntual es como dices, yo lo he visto y he decidido «copiarte» el creativo, bueno, en serio que buena parte viene por las limitaciones, las expectativas y las etiquetas que corremos a ponernos. Iba a decir que no sé por qué, pero es que he estado ahí. No creo que me haya librado del todo, de hecho. Y sí, si no podemos poner una palabra detrás de otra, es hora de ver por qué…

  2. Muchas gracias por las excelentes ideas de este artículo. Yo también me aplico aquella frase de ¿Picasso? (la memoria también se estropea con la edad) “Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”

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