Escribe para que te lean o eres tonto

eastwood

Antes uno escribía y ya está, pero esos tiempos pasaron. Puede que no tengas editorial o que sí (tanto da el 90% de las veces), la cuestión es que, ahora, si quieres que te lean has de promocionarte.

Hace poco me etiquetaron en Twitter con bastante coña, dedicándome un artículo sobre promoción literaria ya que yo no creía en esas cosas o en que funcionaran.

Adoro esa clase de intercambios de pullas sin un fondo agrio (creo que no lo tiene, pero puedo equivocarme) me gusta lanzarlas y recibirlas. Antes era casi una tradición literaria, que por supuesto escalaba al fondo agrio la mayoría de las veces, pero esa no es la cuestión.

La cuestión es que yo no he dicho que no crea. Necesitaría un libro entero que no voy a escribir, o unos cuantos artículos demasiado largos que tampoco voy a escribir (creo) para aclarar mi posición sobre el tema.

Personalmente no me gusta la promoción, qué le vamos a hacer, soy un tipo en una cueva. Y eso impregna mi opinión sobre su eficacia a la hora de ver los números, pero es cierto que una realidad de hoy es que, excepto en casos contados, o te promocionas tú o nadie va a hacerlo, incluyendo quien te publicó.

Es el signo de los tiempos que un escritor, si se supone que quiere que le lean, ha de dejar de ser escritor y pasar a ser el maravilloso hombre orquesta que tiene que hacer mil cosas a la vez. Que si Twitter, que si blog, que si conseguir reseñas y por favor: ¿Tiene alguna estrellita suelta para Amazon?

Como siempre pasa en los casos de hombre orquesta asistimos a un doble desenlace:

Por una parte la mayoría de veces te agotas y quemas si no eres uno de esos (muy) pocos que consiguen un resultado relevante. Mantener en equilibrio muchos platos sobre palillos como un malabarista es muy estresante. Aunque, hey, siempre hay ganadores de lotería en cualquier situación, quizá tú seas uno de ellos y de ese sueño casi imposible vive el Estado con sus loterías.

Por otra parte, y como es normal, cuando uno tiene que hacer mil cosas acaba siendo mediocre en mil cosas y no excelente en una o dos. Conclusión, es una queja muy extendida el hecho de que tanto «promocionarse» hace que no se tenga tiempo para escribir. Y sin tiempo para la práctica…

A mí me parece bien saber de todo, que a mí me atraían los renacentistas que tocaban todos los palos y ya decía Heinlein que la especialización es para las hormigas. Pero la realidad es que los mejores en algo son los que dedican casi todo su tiempo a un único algo (no, no voy a volver ahí de nuevo), así que uno no sé si tiene que decidir ser mejor escritor o promotor.

En esa línea y de un tiempo a esta parte veo por todos lados cuatro mil artículos diarios, en inglés y español, sobre cómo atraer mil (más bien diez) ojos sobre tu escritura.

En uno de ellos (en inglés) alguien que se me ha olvidado (oh, la ironía) hablaba de los tres únicos tipos de contenido que tu público iba a querer leer en tu blog (o en general en lo que escribas).

Esas tres llaves mágicas del reino eran:

  • Contenido que entretenga.
  • Contenido que eduque (haga aprender algo).
  • Contenido que inspire (ya se sabe, el «ra, ra, ra, tú eres el mejor y puedes con todo»).

El mismo autor reconocía que ese último tipo de contenido, por ejemplo, servía para sacar, aunque fuera sólo un momento, a la gente de «su oscuridad» (sus melodramáticas palabras, no las mías).

Ese contenido que «inspira», refrito barato de frases de mercadillo, no sirve a medio plazo para cambiar algo, pero gusta mucho y es de consumo rápido (y evacuación similar). Sólo hace sentir bien en el momento, produciendo un pequeño subidón que hará que el lector vuelva a ti a por más dosis de refuerzo barato dentro de unos días. Pero no importa, porque en serio que algunos vuelven.

Así, además de escritor / hombre orquesta te conviertes de paso en traficante de sensaciones que no dejan huella. Y tu público es el mismo que se compra cada mes cuatro libros de autoayuda, tiene la casa llena de ellos y está igual que siempre (si no fuera así, ya no necesitaría más). Lo que quiere la mayoría de la gente no es mejorar, es el ra, ra, ra y sentirse bien un segundo. Yo, personalmente, lo que no sé si quiero es ese público.

Pero he aquí que todas esas connotaciones no importan. Lo que importa es que eso es lo que la gente quiere leer, así que no escribas otra cosa.

Citándole literalmente: «Tu blog no es tu diario personal». Lo que pienses, cómo lo pienses, lo que quieres decir en realidad… No importa, lo escribes y publicas si crees que así recibirás la aprobación de una masa mínimamente numerosa. Si no, a la papelera.

Desde donde yo lo veo, si uno va a ceder a la presión de hoy de escribir para que le lean, de emplear trucos para enganchar y estar pendiente de las estadísticas o las ventas de Amazon… Amigo, qué modo de vida.

Parece ser que escribir por el arte de escribir ya no sirve. Es escribir para que te miren, y si el público general resulta que se vuelve imbécil porque un meteorito cae con un virus, o Telecinco conquista todas las cadenas, pues habrá que escribir para imbéciles, ¿no?

¿No? Porque lo importante es que nos lean, ¿no? ¿Tu ves las listas de ventas o qué?

Está bien, pasamos de escritor a hombre orquesta a traficante y, además, oh, ironía de nuevo, pasamos a adictos. Adictos a la atención, a que suba el gráfico de visitas o ventas en Amazon, prostituyéndonos nosotros, o peor, a nuestra escritura. Si no nos leen, fracaso.

Al final, si quieres seguir ese camino, tiendes a querer gustar a todos y, por consiguiente, a no apasionar a nadie, que es lo único seguro de ir por ahí. Te leen, alguno pensará que: «Psé, no está mal» y proceden a olvidarte, porque la pasión o el odio están en los extremos y cada uno sabrá qué quiere.

Para terminar, voy a invocar por tercera vez a la ironía, porque ese articulista, después de soltar esas gemas de escribir sólo lo que otros quieran leer, lo hacía en una revista virtual cuyo nombre sí se me quedó: Be yourself.

Jean Luc picard

Se me ha olvidado lo de poner el redoble de tambor, pero es que de veras que me explota la cabeza con estas cosas, lo cual es signo sólo de una: me estoy volviendo viejo, un cascarrabias con los tiempos.

Adiós a desenterrar lo auténtico en la escritura de uno y que, con ese algo de suerte que hace falta para todo, encuentre su público y conecte con otros afines allá donde se encuentren. No, tú mira cómo es el público, fabrica el molde a su imagen y semejanza y encaja tu escritura ahí.

Mira, no sé qué decir, así que que lo diga el ínclito David Simon, escritor y guionista sin par:

«Fuck the average viewer».

19 responses

  1. Durante un tiempo pensé de manera completamente sincera (a veces pienso con mentiras) que estabas en contra de la promoción, del marketing y de todo tipo de palabras bonitas aunque no lo dijeses de modo tan abierto. He de decir que echo de menos esa maravillosa posición agria, y que este artículo me ha alegrado mucho. Entrar a tu blog y sentir ese olor extraño a viejo rancio que a muchos nos hace sonreír.

    Con respecto al hombre orquesta, en mi caso me veo como un apagafuegos, aunque no por la escritura. Siempre hay un rescoldo ardiendo en alguna parte, y lo más divertido es que he sido yo quien arrojó cristales y cerillas al bosque.

    Lo de la mediocridad (joder, Isaac, sal de mi cabeza, hostia) escribí hace días el microcuento: «Como resultado de esforzarse al máximo en todo a lo largo de una vida, había alcanzado una perfecta mediocridad». Llegar a todo es imposible. Punto. Si lo intentas serás un mediocre perfecto, o un perfecto mediocre.

    A mí los inspiracionales (generalmente los consumo en vídeo) me gustan de vez en cuando. Son como un café caro que me tomo de vez en cuando. Pero igual que si quieres rebajar tripa lo mejor es apuntar los kg en un papel, un buen escritor bien podría escribir en un folio cuántas palabras escribe al día. Dos años después de escribir más de 1.000 al día quizá tenga algo decente que contar al mundo.

    Voy a llevarte la contraria en ese consejo que ni tú seguirás. Te fastidias. Escribí un libro que muchos catalogaron de autoayuda y se me inflaron los coj****. Paso de escribir nada parecido para mí. Tiraré hacia esos relatos que nadie lee y moriré pobre y feliz. O pobre y amargado (pero feliz).

    Me gusta tu lado cascarrabias, pienso fomentarlo 🙂
    Podrías haber incluido un suspiro al final del artículo, pero qué difícil son las onomatopeyas…

    • El de la promoción es un tema complejo. No puedo negar que si no te ven no te leen, así que si uno quiere que le lean (no todo el mundo, su público, el que encaja con lo que quiere decir y no con la moda de turno) tienen que verte.

      La cuestión es, dudo enormemente de que dedicarte a la promoción exhaustiva por cuenta personal marque una diferencia significativa en resultados, en contraposición a hacerlo lo mínimo posible.

      Básicamente porque, afrontémoslo, si quieres ser como Márquez, Hemingway o Murakami, incluidas cifras de ventas, has de tener el poder de una editorial detrás para estar en todas partes. O si no, no vas a conseguir eso y que te vendan que serás un best-seller promocionándote tú desde tu Twitter con mil seguidores es una ilusión.

      Muere, muere pobre y feliz, que lo de amargado ya está pillado.

  2. Coincido en parte con todo lo dicho. La promoción es un mal necesario, pero pienso que te tiene que gustar lo que escribes. Ya hablé hace tiempo de eso en mi blog. Si no te diviertes con lo que haces, con las pocas probabilidades que hay de que te toque esa lotería de la que hablas, ¿para qué lo haces?

    Si no, todos a escribir young adult.

    Y es cierto que si no te gusta no tendrá pasión, y eso se nota, aunque creo que ya hablaste de eso en otro de tus posts, paradójicamente en sentido contrario al apasionamiento como clave del éxito.

    Si no, que se lo pregunten a Palahniuk, que escribió “El club de la lucha” solo por hacer una novela aún más incómoda que “Monstruos invisibles”, que había sido rechazada por las editoriales precisamente por eso. Y al final fue su obra con más aceptación del público.

    • Cada uno debe escribir lo que le nace, claro que sí.

      La cuestión con la pasión, que siempre sale cuando hablas de escritura por mucho que uno quiera enterrarla bien hondo, es que es erigida como lo más importante, cuando en realidad no lo es. La pasión por sí sola no te hace bueno ni mágico ni creativo. La pasión te sienta el culo ante un manuscrito una semana, un mes o lo que sea. Pero no te sienta toda la vida, eso lo hace el hábito.

      Yo no digo que la pasión no sea necesaria o un componente, pero no es condición suficiente (de hecho ni siquiera necesaria) para ser bueno en lo que haces, que es el tema en el que suelo circunscribir mis dislates sobre la pasión y la escritura.

      Alguien con mucha disciplina y cero pasión va a ser mejor que yo si dedica muchas más horas. Que eso le haga la vida miserable o no, que venda o no, que escriba sobre unos temas u otros, etc, son cosas que no tienen que ver con ser «el mejor».

      Y efectivamente, has dado en el clavo con El club de la lucha, la cuestión de fondo es la siguiente: nadie tiene ni idea de lo que va a triunfar. Nadie. Pero hay gente que lo vende. Siempre ha sido así.

      Me voy a escribir young adult, que me has dado la idea.

  3. Según mi punto de vista, el error consiste en querer promocionar las obras que uno escribe y publica. La clave está en promocionar una «marca personal de autor» y que nadie se rasgue las vestiduras todavía, porque eso no significa que una persona sea una marca comercial como la Pepsi Cola.

    Nos guste o no, todos dejamos una «marca» en todo lo que hacemos y en todas las personas con las que nos relacionamos. Todos vendemos algo aunque no seamos vendedores. Vendemos a nuestros amigos la idea de ir a tomar una cerveza en lugar de un café. Vendemos a nuestro jefe que si cambiamos un método por otro a todos nos irá mejor. Vendemos a nuestra pareja quedarnos en casa acurrucados viendo una peli, en lugar de ir al centro un domingo comercial. Y desde luego, si escribes y publicas libros, te interesa vender que escribes lo que tu lector quiere leer. Tu estilo al hacer la venta es tu «marca personal», solo tienes que recordar que siempre estás vendiendo algo.

    El autor necesita aceptar que no gustará a todo el mundo (ni puñetera falta que hace), que no necesita ser bestseller en Amazon para triunfar, y que no necesita escribir para otros, tan solo encontrar a sus propios lectores. La manera en que lo haga es su «marca personal» y quien lea un libro de ese autor porque ha conectado con él, muy probablemente leerá el siguiente. Esa es la promoción efectiva de verdad, porque te construyes una «cartera de clientes».

    Bueno Isaac, por si te interesa: creo que tu «marca personal» es muy coherente y eso solo puede traerte beneficios. ¡Un saludo!

  4. Estoy totalmente de acuerdo contigo y, además, me ha encantado cómo lo has escrito.
    Yo soy autor de una novela autopublicada (La Embarazada-Espía) y la autopromoción también es algo que sabía que tenía que hacer. No me desagrada, no pierdo demasiado tiempo en ella pero reconozco que es importante. Considero que lo sano es ocuparse de ella una vez hayas terminado tu novela.
    Un abrazo

  5. Hola, Isaac.

    Si uno de los grandes errores que se puede cometer en la vida es intentar gustar o caer bien a todo el mundo (algo imposible), esto también es aplicable a la escritura o a cualquier otra disciplina artística. Me da la sensación de que querer gustar a todo el mundo es ir dando bandazos y, además, implica no tener un estilo propio y reconocible (sea malo, regular, bueno o excelente). Pero, al menos, tener uno y ser tú mismo.

    No deja de tener su coña que la revista digital se titule BE YOURSELF (“SÉ TÚ MISMO”) y que el tipo afirme que hay que escribir lo que otros deseen y no lo que sienta y quiera el escritor como es lo lógico. MENUDA INCOHERENCIA.

    Es evidente que cada autor tiene que escribir lo que le dé la gana y luego ya se encargará el público de seguirle o no. Prefiero que me lean 100 personas escribiendo lo que me apetezca que no un millón a las que he intentado amoldarme.

    Estoy contigo en que si te dedicas a promocionarte todo el tiempo, es muy difícil o imposible que llegues a ser bueno en la escritura. Desgraciadamente, existen infinidad de autores que no tienen el apoyo de una agencia literaria o de una editorial potente para realizar ese trabajo y son ellos los que tienen que arremangarse y hacerlo. No les queda otra. La promoción es inevitable si quieres triunfar y vivir de escribir. O, al menos, ser algo conocido. Es así.

    Un saludo literario.

    • La promoción es inevitable, pero la realidad es que la mayoría de la gente la hace mal y no entiende que alienar constantemente a tus 300 seguidores de Twitter con spam hace mucho más por bloquearte que por vender nada.

      Y sí, mejor 100 personas escribiendo lo que uno quiere que un millón que te dejará pronto en cuanto cambies de rumbo. No se puede adorar siempre a falsos dioses, un poco sí ;P, pero no siempre…

      Un saludo.

  6. Hola Isaac,

    Hace poco que te sigo y te he enviado un mensaje privado. Como no he recibido respuesta me temo que ha debido pasar a tu bandeja de correo no deseado. Avisarte por si quieres revisarlo.

    Muy bueno tu post.

    Saludos,

    Susana

  7. Hoy me has recordado a una frase que leí en Twitter hace tiempo a no recuerdo quién y que muchas veces pongo de estado de Whatsapp porque me encanta, de verdad, y que es la siguiente: “Sé tú mismo. Pero así no. Quita, que no sabes”. Estoy de acuerdo con el comentario de arriba de Alejandro Quintana, vendes marca personal porque a la gente le gusta lo que tú escribes y cómo lo escribes por ser tú. Quizá eso no te abra al gran público, pero a mí, desde luego, me hace muy feliz. Biquiños!

  8. la verdad es que la promoción es una caca absoluta, sobre todo para los que queremos ser escritores y punto, pero dado los tiempos que corren es tan importante o más que escribir (de hecho, es más fácil publicar un libro, aunque no tengas nada de él, si ya hay una editorial dispuesta a publicártelo y tienes un público que si no tienes esto pero sí tienes una “gran” novela acabada y en el cajón).

    “si quieres seguir ese camino, tiendes a querer gustar a todos y, por consiguiente, a no apasionar a nadie”
    brutal resumen en una frase. te enseñan a gustar a todos y yo, que quiero apasionar a una minoría, no veo salida, sólo muros.

    “Personalmente no me gusta la promoción, qué le vamos a hacer, soy un tipo en una cueva”.
    bueno, la regla número uno de la promoción es tener un blog (que hable sobre literatura y técnicas narrativas y que de vez en cuando hable de tu obra). y tú encima lo consigues de forma óptimo, porque como dice Alejandro Quintana, trabajas (adrede o sin querer) en torno a tu marca personal más que en torno a tus novelas.

    un saludo! 😉

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