Escribir es un juego mental

juego mental

Poco se habla de que escribir es, sobre todo, un juego mental más que una partida de habilidad, trabajo, conocimiento o talento.

Porque si no ganamos ese juego mental, es imposible ponerse a trabajar y sin el trabajo no vienen la habilidad ni, desde luego, el talento o los resultados. En realidad, he usado mal los términos, el juego mental no se gana, consiste en permanecer en él a pesar de todo y no descarrilar en esta montaña rusa.

¿Y de qué va el juego? De resistencia psicológica.

Sin ella, nada más importa y esa resistencia psicológica tiene varias vertientes.

La resistencia para ponernos a escribir cada día

Sin importar las circunstancias externas y hasta formar un hábito que nos ayude, de manera que la inercia sea un movimiento a favor, en vez de en contra.

La resistencia de ser capaces de ponernos a escribir en total ausencia de resultados o recompensa externa

¿Qué voy a decir sobre esto si, básicamente, la gran mayoría de lo que escribo aquí tiene que ver con ese tema?

La resistencia de ser capaces de escribir a pesar de las críticas

Porque en cuanto te expones, surgen dichas críticas y es más probable que te las encuentres malas que buenas. ¿Por qué? Porque hay un sesgo negativo.

Si, por ejemplo, no eres como esos escritores que planifica para que, en cuanto sale su libro en Amazon, amigos, familiares y algún otro incondicional pongan una maravillosa crítica, es probable que seas más proclive a encontrar una reseña negativa antes de lo que esperas y que tu camino no sea un rosario de 5 estrellas.

Esto sucede porque somos más dados a compartir una experiencia negativa que una positiva, por eso hay un sesgo en la red que hace más habituales las críticas feroces. A veces, incluso parece que te tropiezas con la reseña negativa nada más salir por la puerta, mientras que los demás disfrutan de adoración incondicional.

Muchas de las críticas no van a tener tampoco especial sentido, pero es complicado imposible desoírlas. En general, a cualquier escritor le duele más una reseña negativa, por poco sentido que tenga, que cien positivas con toda la razón del mundo.

Respecto a las críticas, trato de ser bastante pragmático. Las de los lectores son inevitables, las de otros escritores, no. Por eso no me junto ni comparto obras sin terminar. Al igual que la mayoría de críticas que recibamos en general, las de los colegas de profesión también van a ser fundamentalmente inservibles.

La resistencia de dedicar un enorme tiempo a la escritura en lugar de a otras cosas

Ulises, atado al mástil, escuchaba a las sirenas y pedía a sus hombres que le desataran. Estos, con tapones de cera, remaban para superar la costa de acantilados que aguardaba a los que se dirigían hacia los cantos.

En general, nadie a nuestro alrededor comprenderá que dediquemos una enorme cantidad de nuestro tiempo (lo más valioso que tenemos) a algo tan ingrato, al menos en apariencia, como la escritura.

Hay cantos de sirena por todas partes y lo más pragmático para mí son los tapones de la tripulación de Ulises. Personalmente, soy terrible resistiendo las tentaciones, así que procuro apartarme de su camino.

La resistencia ante una cantidad inagotable de noes

¿Qué puedo decir? La escritura es un camino de rechazos. Ya me explayé en el enorme número que un escritor puede recibir en cuanto se esmere un poco.

Hace falta un acero especial en la armadura para que no alcancen un punto vital o, al menos, nos moldeen de un modo en el que podamos construir algo con ellos y no nos saquen del juego.

La resistencia de no desfallecer en un camino sin final

El camino de la escritura es demasiado largo hasta para los objetivos más pequeños. De hecho, es un camino que no termina y no ofrece garantías de ninguna clase.

La resistencia que hay que tener para continuar por un sendero así, plagado de llanuras aburridas y un horizonte que nunca se acerca, debe ser total.

Al final, este juego mental parece que le pida al escritor una cordura fuera de lo normal. Yo no he encontrado la fórmula para eso, sino que creo que lo más efectivo es lo contrario, estar un poco loco, como parece que siempre ha sido con los buenos de verdad.

Porque hay que estarlo para todo lo anterior y los demás te mirarán de esa manera cuando te levantes a las seis en lo más oscuro del invierno o digas que no a otra cerveza, ya que tienes que acabar algo que, de todos modos, se quedará en un cajón.

¿Por qué todo ese apretar los dientes? Si no lo entiendes ya, yo no puedo explicarlo.

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8 comentarios en “Escribir es un juego mental”

  1. Hola, Isaac.

    Está claro por qué todo ese inquebrantable tesón, ese tenaz caminar (a veces lento, otras apresurado, a menudo ignorado por las editoriales), ese constante transitar por la maraña de las palabras: porque te hace feliz, porque te hace vivir el doble, el triple o el cuádruple que a los demás, porque es tu alimento espiritual, porque es tu sustento mental conformado a base de peleas invisibles y luchas interiores. ¿De verdad es necesario que el resto lo entienda? EN ABSOLUTO. ¿De verdad es necesario que la varita de la fama y el dinero le roce a uno? NI HABLAR.

    Espero que tú y tu familia sigáis bien, de verdad.

    Y recuerda una frase del célebre explorador irlandés Ernest Shackleton: «Resistir es vencer y además hay que ser condenadamente optimista» (muy apropiada para la cuestión que nos ocupa y para estos días extraños, e históricos, que estamos viviendo).

    Un fuerte abrazo desde Oviedo, ánimo, suerte y adelante. SIEMPRE.

  2. Hola Isaac.
    La verdad, esto de querer escribir a pesar de todo, es de locos. Lo peor, en mi caso, es que logro terminar algo y me digo ¨Bendita Locura¨.
    De las ciritcas ni contarte, ni las de mi esposa con todo el cariño y la intencion de ayudar, son bienvenidas jaja. Tampoco es que vaya por ahi enseñando lo que escribo a mucha gente.
    Vivir de la escritura no se, pero si me diera por vender las dudas, las derrotas en ese juego mental que refieres, y el desgraciado miedo a la criticas, andaría tuteandome con Bill Gates.
    Saludos,
    Amado

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