Escribir por las razones correctas

escribir por las razones correctas

Escribir es la nueva lotería. Estadísticamente es casi imposible convertirse en un Márquez, una Rowling, un (cómo no) Hemingway. Esos sueños de Nobel que viven al fondo de todo el que escribe son prácticamente imposibles.

Y más ahora, que el número de escritores, profesionales y amateurs, se ha multiplicado hasta el infinito. El número de libros destruidos cada mes porque se publican y no se venden, el número de manuscritos que saturan a las editoriales y hacen que casi todas tengan el cartel de «No admitimos más», el número de tuits y el ruido insportable de «compra mi libro» atestiguan eso.

Si ser escritor y tener un cierto éxito de crítica y público era difícil antes, es casi imposible ahora por un agravamiento de la cuestión estadística. Simplemente hay mucha más gente compitiendo.

Pero es un juego de lotería y nosotros somos humanos, así que no importa. Se siguen comprando boletos, escribiendo frases, sacrificando tiempo. Y ahí, al fondo de todo, no lo neguemos, sigue brillando la pequeña llama en la que nos imaginamos ante una cola interminable en El Corte Inglés, con varios bolígrafos al lado preparados para estampar nuestra firma.

La cuestión es, si nadie te leyera y esa cola estuviera vacía, hoy y dentro de cuarenta años, si viene tu yo del futuro y te dice que cada editorial y concurso te va a responder siempre que no y luego te mueres, ¿seguirías escribiendo?

¿Seguirías cambiando madrugones para escribir antes de trabajar y salidas con los amigos porque aún te falta el párrafo correcto hoy?

Mucha gente que lea esto (¿todos?) va a responder que sí, pero la realidad es que no. Que, en el fondo sabemos que no nos va a tocar el premio, pero seguimos comprando boletos. Esa es una señal de que la llama de pensar que a lo mejor me toca sigue brillando.

Pero, si supieras a ciencia cierta que ni tu madre ni tu sufrida pareja, esa a la que enseñas tus borradores porque eres una persona cruel, te fueran a leer, ¿seguirías escribiendo lo mismo cada día?

La cuestión con la ficción es que está hecha para ser leída. Es entonces cuando cierra el círculo que abres al poner la primera palabra y cuando alcanza su sentido completo. Es más, la escritura cuando se lee es del otro y ya no tuya. Se extraen interpretaciones que nunca pensaste, se plantan unas semillas en unos y en otros muy distintas… Con la escritura, si es buena y no la misma mierda de siempre, influencias y dejas huellas muy diversas. En definitiva, tocas a gente que no conoces y está muy lejos de aquí y, si de veras es la buena, alteras su camino y lo que ocurrirá en sus vidas (normalmente para mal si eres yo).

Ese es el mayor poder de la escritura y, si supieras que estás en una cárcel y que te lo van a arrebatar porque nunca nadie va a leer nada de lo que escribas en sus paredes, ¿seguirías haciendo exactamente lo mismo que ahora y sacrificando tu vida social?

Si la respuesta es un sí sincero, supongo (sólo supongo) que estás en esto por las razones correctas.

Esto no tiene nada que ver con ser bueno

A menudo hablo de que ser buen escritor no depende de nada de esto, de pasiones y motivaciones internas, sólo de la práctica. Para ser bueno no hace falta este impulso del que hablo hoy, ese que te mueve a escribir aunque sepas, positivamente al 100%, que nadie te leerá.

Jack London, por ejemplo, que ya está harto de que le mente el nombre estas semanas, era otro de los muchos ejemplos de maestros que odiaban lo que hacían y eso no le impidió ser uno de los mejores porque, simplemente, practicó cada día hasta volverse bueno.

Y lo siento por los que siguen creyendo el cuento de que la pasión es necesaria para ser bueno, London lo odiaba, en serio, esto es lo que decía si le preguntabas:

«Acudo cada día a mi tarea diaria como un esclavo iría a la suya. Detesto escribir […] No soy más que un buen artesano. Odio mi profesión. Detesto la profesión que he elegido. La odio, te lo digo. ¡la odio!»

¿Por qué lo hacía entonces? Porque, también palabras suyas, era la mejor manera que había encontrado de ganarse un dinero, así que cada día lo hacía y, odio o no, se volvió de los buenos.

Pero los tiempos de London han cambiado, probablemente la escritura es el arte con menos dinero para el artista hoy, el más saturado, el ambiente más insufrible, en el que no se puede respirar porque no cabe un ego más.

Así que, si no estás en esto porque lo seguirías haciendo incluso con la certeza de que nadie te leería nunca y nadie te daría nunca un duro, tienes un problema, porque ese camino económico de London está hoy casi cerrado, las probabilidades de vivir de tu ficción son ínfimas.

Supongo que eso es bueno en parte, porque supone una criba.

Con el tiempo, esta realidad de que escribir es perder dinero, y apenas dejas huella porque eres una gota en el mar, se empieza a hacer tan tangible que esa llama de esperanza al fondo se apaga y la mayoría de los que empieza abandona.

Y que sea casi imposible vivir de tu ficción está bien, en serio, es positivo, que no se diga que este es un mensaje negativo porque es todo lo contrario. Porque si sigues escribiendo incluso a pesar de todo esto, incluso hasta el último día, supongo (quiero pensar) que escribes por las razones correctas.

33 responses

  1. Tu excelente escrito me ha recordado una frase de un fotógrafo, Jean Loup Sieff (otro de mis intentos culturales sin éxito, pero un viaje magnifico) que dijo: Mis fotografias, cuando se exponen al público, dejan de ser mias, y son también un poco de cada espectador. Y dos (hoy estoy un poco plasta, perdón) hay quien escribe solo para si mismo. Es terapia, es cultura, y vale la pena.

    • Escribir debe valer la pena como acto en sí mismo, aunque alcance su verdadero sentido con la lectura por parte de otros, pero si no basta por sí mismo, no sé muy bien qué hacemos sentados ante la hoja.

  2. Pues yo si te he leido. Todos añoramos que nos lean. Escribimos para eso. En el fondo de nuestro corazón no es una cuestión de fama, o de dinero, es simplemente ese gusanillo que nos devora al pensar en que lo que imaginamos y soñamos deja de ser solo nuestro y es compartido por otros. Un saludo

    • Sin duda es así, pero como le decía a otro «comentarista» a pesar de todo eso, escribir tiene que ser un acto completo en sí mismo para el que lo hace. Si no, ¿para qué molestarse?

  3. Escribir por las razones correctas. Pienso que, si tenemos claro por qué escribimos, nos servirá de motivación para no abandonar la carrera.
    Jack London, tenía claro por qué escribía: “para ganarse un dinero”. Se sentaba todos los días a escribir, y odiaba hacerlo, pero necesitaba el dinero. Y eso, lo hizo bueno.
    Tengo junto a mi escritorio una nota que me recuerda por qué escribo. Y eso me sirve de motivación.
    Muy buen artículo, 👏🏻👏🏻👏🏻.

        • Joyce, por ejemplo, decía: «Escribir en inglés es una de las más ingeniosas torturas jamás creadas por los pecados cometidos en vidas anteriores».

          Hay muchos ejemplos en cuanto uno busca un poco por la red, la imagen del escritor alegre, lleno de pasión y júbilo porque está ante su hoja en blanco no suele ser tan idílica.

  4. No tengo tan claro que podemos hablar de “razón correcta vs. incorrecta” para escribir. Personalmente, si mi yo de dentro de 40 años me dijese que nunca, jamás, nadie leería nada de lo que escribo, creo que seguiría inventando situaciones y frases mientras voy por la calle, pero no sé si me molestaría en intentar ponerlas por escrito antes de que se me olviden. Seguro que algún día me pondría delante del ordenador, pero no para el trabajo tedioso de corregir, borrar, cambiar… y como a veces sí me gusta escribir por escribir, acumularía textos inconexos un par de años hasta que acabase perdiendo la costumbre y dejase de hacerlo. Así que no sé, creo que mi respuesta es no: si supiese que nunca va a leerme nadie fantasearía con escribir, pero no lo haría.

  5. Hola, Isaac.
    La verdad es que se agradecen artículos como este. En mi caso, no porque sea una pregunta que no nunca me haya hecho, sino porque me recuerda la respuesta. Empecé a escribir a los 14, y tardé 38 años en publicar. Ni siquiera participaba en concursos. Pero sé por qué escribo.
    Un abrazo.

  6. ¿Hay un modo mejor de elaborar la conciencia, la reflexión, el propio yo, un modo mejor de construirse a sí mismo y de construir el mundo como red de significados que invita a seguir evolucionando? A lo mejor sí, lo hay, pero escribir y darlo compromete. Un escrito puede ser un diminuto mojón, si se quiere, o una cagarruta en el monte colectivo, pero sin ella ese monte tendría un poco menos de abono y este palimpsesto un poco menos de intriga.

    También yo sé por qué. Eso creo.
    ¡Saludos, Isaac!

  7. El principio de tu artículo me ha recordado a un capítulo de Doraemon donde Nobita y el gato viajaban al futuro para ver el éxito de un escritor al que animaron a seguir escribiendo en el pasado. Ni que decir tiene que el hombre se convirtió en un friegaplatos y que dejó la escritura.
    Yo creo que los que nos dedicamos a esto de corazón sabemos muy bien por qué lo hacemos, aunque nadie nos lea o no nos lean tantos como nos gustaría. A veces es tan difícil, tan frustrante y triste que uno se pregunta si merece la pena volver a la batalla día tras día. Debemos ser masoquistas porque la respuesta siempre es sí.
    Fantástico artículo, Isaac, como siempre.
    Un abrazo!

  8. Estupenda entrada que plantea una pregunta que nunca nos planteamos cuando empezamos a escribir nuestras historias. Esa pregunta solo viene, después, en esos momentos en los que nos viene el cansancio o alguna decepción.
    Siendo honesto, creo que todos deseamos ser leídos, que nos publiquen, que nos digan ¡Qué bueno eres! Pero también pienso que si esa es la única respuesta a la pregunta que planteas nuestro futuro como escritores tendrá poco recorrido dados los tiempos de hoy, en los que existen más escritores que lectores. Y de eso se han dado cuenta las editoriales. Las ventas de libros “a la antigua usanza” da muy poco margen de beneficio y han tenido que inventarse la autopublicación, para asegurarse, al menos, las pequeñas ventas por parte de familiares y amigos, compradores fieles, de un montón de aspirantes a escritor. De hecho, estoy convencido que Amazon vende más libros de autopublicados que de editoriales.

    Creo que solo es una la respuesta que da sentido a todo esto: escribo porque me divierto, porque adoro hablar de un mundo enteramente creado por mí, en el que plantear los “¿Y si?” y los “¿tal vez?”.
    También añadiría otra respuesta: sentir esa alegría infinita cuando terminas un relato.
    Excelente artículo, reitero.

  9. Muy buen artículo. Yo escribo porque siento en mi interior que lo necesito. Necesito poder expresar mis sentimientos y narrar lo que me pasa desde este punto de vista. No es ego ni vanidad. Es una necesidad que surge desde lo más profundo de mis entrañas. No se a qué atribuirlo, ya que nunca he publicado nada. Y aún pienso que no es importante si me leen, sólo quiero escribir. Ahora me he modernizado y tengo un blog pero es privado.
    Igual estoy empezando a leer y a bucear en estos canales de personas como yo que escriben quiero hacerlo cada día mejor.
    Abrazo a todos y me gustó leerlos.
    María Julia

  10. Buena reflexión y una interrogante que hay que plantearse aunque cueste el orgullo y los sueños.
    Creo que escribo porque, luego de toda una vida cuestionando los dialogos e historias que aparecían de la nada en mi cabeza, el paso natural para resetear la mente fue comenzar a plasmar todo eso en el papel, o la pantalla si se quiere. Si lo haré para siempre o si alguien leerá algún día lo que escribo no lo sé, por ahora escribo para leer yo misma la historia que quiero contar. No he llegado todavía al cinismo de la profesión para opinar otra cosa, estoy en la etapa de enamoramiento. Cuando lleve veinte años casada con la escritura de seguro pensaré distinto.
    Pasa algo parecido con la música, ¿seguirías tocando sobre el escenario si no hay ni un alma escuchandote? ¿Para qué ensayar todos los días, gastar dinero en profesores, cursos, instrumentos, clases maestras? Quizás porque si paro de cantar una parte mía muere. Quizás porque cuando canto me siento más viva que nunca. Quizás porque cuando estoy sola con mis pensamientos tramando en mi cabeza cómo continuar la historia, con una taza de té conmigo y nadie molestandome, me siento más libre y viva que entre otros seres humanos conversando de cosas que no sé si quiero gastar mi saliva hablando. Hay mucho de egoísmo en escribir y cantar, hay ego y sueños, y a golpes de realidad en la cara vemos a veces la realidad. Pero si la vieramos siempre, trabajaríamos en una oficina de 8am a 6pm hasta morir a los 45 años. Si alguien nos lee sería lindo, si no, nos quedarán las historias que contamos para nosotros pensando que por fin viven en las páginas o en un archivo pdf.

    • El egoísmo y el arte están muy ligados y así debe ser. La escritura no se libra, es más, sean secretos o públicos, los egoísmos de la escritura y los escritores son los más grandes. Me he juntado y me junto con toda clase de artistas (escritores ya no) y esa ha sido mi experiencia siempre.

  11. Hmmm…. No sé. Supongo que hay siempre un poco de vanidad en todo este asunto. ¿Para qué hacer payaso si no hay nadie para reírse?
    Se es lo que se es. Lo demás importa poco.

  12. Creo que hay una pregunta mejor que esa que planteas: ¿si supieras que no vas a cobrar un céntimo por escribir, seguirías escribiendo? Porque yo sigo escribiendo a pesar de eso, porque tengo la certeza de que no viviré de ello. No obstante, sí me gusta que me lean, si mis historias no salen a ser leídas y cambiar en las mentes de quién las leen, ¿de qué sirven? Serían historias de Schrodinger, y créeme, ese tipo siempre me ha caído mal 😛 Biquiños!

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