Este es el final

El rey lagarto

This is the end, cantaba El Rey Lagarto. Un final que coincide, curiosamente, con el del último libro en mis manos, dedicado a escritores que dejaron de hacerlo por los más diversos motivos.

Se me ha quedado dando vueltas Juan Rulfo, a quien se le murió el tio Celerino, que es quien le contaba las historias. Así que, cuando le preguntaban que por qué no escribía más, él se encogía de hombros y alegaba eso.

A mí, en cambio, se me han quedado cosas en el tintero. Por un segundo, de hecho, han alimentado la insensatez de seguir con esto hasta final de año porque querían salir. O, ¿por qué no? Ya puestos, susurraba, podríamos seguir hasta el final de todos los años y confiar en que la obsesión le pudiera a todo. Al fin y al cabo, otras veces menos inofensivas, lo ha hecho.

No sé si ella o yo seríamos capaces de caminar tanto tiempo juntos, de no ponernos enfermos ningún día o de llegar, de la mano y al fin, hasta el lugar en el que siempre atardece, tras la cabaña en el bosque al borde del lago. Allí no habría Internet ni nadie que espere nada.

En vez de seguir, y a raíz del comentario de una visitante, desempolvé viejos borradores de lo que iba a ser una segunda parte espiritual de aquel libro llamado Escribir bien.

Ahí estaban las cosas que dejas un día diciendo que enseguida vuelves y, de pronto, hace un año y medio.

Así que, los ratos y las frases de aquí a otra Nochevieja más, las dedicaré a retomar esa segunda parte.

Por lo que pude ver, proyecté no poca ambición en esas páginas que, entre otras cosas, tratan de contar lo que funciona (de verdad) para multiplicar las palabras diarias que uno escribe, o cuál es la verdadera cura de la procrastinación, entre otros muchos temas peculiares y reescrituras de varios pedazos de esta web.

Así que ese es mi plan tras esta aventura que, como todas las demás y la vida entera, se me ha pasado volando.

Lo que he aprendido de estos treinta días ya lo comenté ayer. En el tintero del que hablaba se quedaron más cosas relacionadas con esta experiencia. Sólo comentaré una para cerrar la ventana que varios han abierto preguntando sobre el efecto del experimento en el tráfico de esta web. Ay, los números y la búsqueda del Grial. La respuesta a esa pregunta es:

¿Qué importa realmente?

En realidad, y a pesar de las cifras que haya producido, no es lo que estáis buscando de verdad.

No voy a hablar de números y, sobre todo, no me gustaría que se interpretaran de manera simple y detonaran una tendencia, que todo el mundo se pusiera de pronto a intentar algo parecido, con una vana esperanza de que por fin se harán populares y les van a querer.

Obviamente, en mi caso no se da ninguna de esas cosas, así que la olla de monedas al final del arco iris no es por aquí, lo siento.

Y ya está, el tren entra en la estación y no es una metáfora de mierda, es lo que veo por la ventanilla, así que cierro yo la puerta.

El próximo miércoles la vida vuelve a la normalidad. Mañana yo vuelvo a la escritura.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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6 respuestas

  1. Hola, Isaac.

    A mí, como a Cris, me quedan un montón de artículos por leer. Espero ir poniéndome al día y si no que las musas de la escritura me maldigan por siempre jamás.

    Felicidades.

    Un saludo literario desde Oviedo.

    PD: curioso lo de Juan Rulfo. No tenía ni idea (aunque vete tú a saber si era verdad o no).

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