Experimentos a mano

Este mes mi experimento vital (casi) sin sentido es el de escribir las partes importantes de una historia a la antigua usanza, con papel y bolígrafo.

Queda más esnob decir pluma, pero no tengo tal cosa, uso un bolígrafo de plástico que cojea y mi cuaderno no es un Moleskine, es el más barato que encontré en un chino.

No lo parece, pero tras muchos de mis experimentos extraños siempre hay un motivo, seguramente estúpido, pero eso no lo hace menos motivo.

El rabino Loew daba vida al Golem escribiendo en su frente la palabra “Amet” (“Verdad” en hebreo), cuando quería detenerlo borraba la primera “Aleph”, dejando sólo “Met” (“Muerte”), eso hacía que el Golem volviera a ser una estatua.

Leyendas como esa cuentan que la escritura tiene poder, lo que poca gente sabe es que la realidad cuenta la misma historia (este es un sitio que habla de lo que se cuenta poco).

No creo que la ciencia sea infalible, pero es la herramienta menos mala que tenemos para iluminar la oscuridad. Ella ha demostrado que escribir tiene poder. Sirve a algunos para mitigar sus dolencias psicológicas e incluso acelerar la curación de heridas físicas (1), también puedes persuadir mejor a alguien usando de cierta manera una nota manuscrita, pero todo ese poder no me interesa ni viene al caso hoy.

Lo que me ha intrigado es la demostración de que no pensamos igual cuando escribimos a mano que cuando tecleamos en pantalla. La primera vez que leí algo al respecto despertó mi curiosidad, inevitablemente mi obsesión tuvo que tirar del hilo.

Este efecto se ha estudiado esencialmente en niños y se pudo apreciar que, si éstos escriben a mano, se implican zonas del cerebro que no se activan si se escribe tecleando.

Por ejemplo, el “circuito de lectura” (las zonas que usamos al leer) se activa también al escribir a mano, pero permanece dormido al teclear. En otro estudio los niños que realizaban sus trabajos escritos a mano presentaban más ideas, más rápido y con más palabras que los que realizaban la tarea con un ordenador.

Para esas cero personas que a veces se preguntan el porqué de mis extraños experimentos, he aquí el motivo de este.

Durante los treinta días de noviembre escribiré las partes importantes de una historia a mano, porque quiero pensar de manera diferente al escribirla. No sé si mejor, pero al menos no como siempre.

Mi cabeza es tremendo caos y no sé si es don o maldición, tecleo rápido y eso me ayuda a volcarlo todo antes de que los destellos se apaguen olvidados. Cuando termino un párrafo raramente se entiende, la gente no me cree, pero es cierto, muchos no suelen tener sentido, he de pulirlo bien para darle coherencia, pero al menos la esencia de lo que quiero decir queda atrapada antes de que escape.

Cuando escribo a mano he notado que ese proceso cambia, percibirlo al contagiarme de la manía del papel fue lo que hizo buscar sobre el tema en primer lugar. Me obliga a ir más despacio que la pantalla, lo que comienza como una idea va cambiando hasta que termino de encerrarla en trazos. Está bien, es una manera más serena (lenta), estoy menos acostumbrado a ella, pero soportaré la extrañeza, son treinta días y luego ya veremos.

Y sí, esta entrada ha sido hecha de manera puramente mecánica. Mi caligrafía cambiante es para las partes importantes de una historia.

(1) Un ejemplo para quien le interese, hay otros estudios al respecto:
http://healthland.time.com/2013/07/13/how-writing-heals-wounds-of-both-the-mind-and-body/

2 responses

  1. Puede que los niños escribieran peor en el ordenador porque tuvieran que distraerse buscando las letras en las teclas. A ver qué sale de tu experimento, espero que lo cuentes. Yo adicta al papel para pensar.

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