¿Hay alguien ahí?

La fiesta ha terminado

¿Hola? ¿Queda alguien?

Supongo que no, espero que no. Además, es sábado, el día en que la gente tiene cosas que vivir y otros a los que ver. Yo vuelvo temprano a la fiesta de los treinta días y sólo quedan las sobras, la mitad de ellas esparcidas por un suelo que se pega al zapato. Se ha caído el cartel y las botellas están vacías, muchas volcadas. Pongo una de pie y es que el último que se marchó no cerró la puerta.

Eso es un problema, porque no podemos evitar volver a las ruinas de lo que tuvimos (de los que tuvimos).

Somos humanos. La morriña nos puede y sólo recordamos lo positivo. Esa es una gran fuente de inconveniencia, pero ¿qué vamos a hacer? Aquí estoy.

¿A alguien le sorprende de verdad que el adiós resultara de mentira? ¿Que lo dijera para conservar la libertad de irme, volver aquí o dedicarme a cualquier otra cosa?

Estos días he justificado el arte de no decir la verdad un par de veces al menos, también dejé caer que soy malo con los finales, incluso cuando sé bien que son necesarios para que a las cosas las podamos llamar buenas.

(De veras que soy malo con los finales, que me cuesta dejar ir y soy lento aprendiendo).

Así que aquí estoy, a solas en medio del silencio que ha quedado. Y no sólo pongo de pie una botella, sino también la de al lado y luego voy a por una bolsa gris y paso la mano por una mesa, en la bolsa va cayendo lo que hay en ella. La ato, limpio los restos sobre la madera y acerco una silla. Hago sitio para sentarme a escribir.

¿Qué puedo decir? Aquí estamos de nuevo.

Al año le quedan un par de gemidos y ya está, no conozco mejor manera de terminarlo que escribiendo.

—No conoces otra, querrás decir.

—Es cierto, no conozco otra.

Así que empiezo a teclear, como siempre sin la seguridad de si alguna vez lo haré bien. Una pena, supongo, porque yo lo único que he querido en la vida (ya lo dije, como lo dije casi todo) es escribir bien.

Los dedos recuerdan con facilidad y no hay nadie alrededor, así que sólo estamos el tac tac y yo. La mejor de las horas.

Le quedan un par de gemidos al año, ¿qué otra cosa puedo hacer excepto acompañarlo hasta la salida escribiendo?

Cada treinta y uno de diciembre desde hace mucho, lo último que hago es escribir un relato y mostrarlo aquí, en una exhibición impúdica y rara, porque no suelo mostrar la ficción que escribo. Cada vez que termina un año y empieza otro, realizo también otro ritual (siempre idéntico) no relacionado con la escritura, aunque sí con la lectura. Me doy cuenta de que los escépticos salvajes somos muy supersticiosos con el par de cosas que nos importan.

Así que, por supuesto, esta Nochevieja terminará como las anteriores, un relato pondrá el punto y final (esta vez sí). Hasta entonces, sigue la locura diaria en una fiesta vacía.

Por ese camino que lleva al treinta y uno, es posible que incluya un par de relatos más, ya veremos. Al fin y al cabo se me han quejado de que el resto de mis obsesiones ven la luz del sol bajo el que escribo ahora y ellos no, así que al menos dos historias más saldrán entornando los ojos hasta esta estantería.

(Corte abrupto, alguien toca a la puerta).

Hasta mañana.

Si quieres, te aviso por email cuando haya contenido nuevo.

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6 respuestas

  1. Tú siempre eres bienvenido y todo lo que escribes sabe a poco. Y como este sábado es festivo y las obligaciones no están abiertas, y por tercera vez en todo el año no he puesto el despertador, te he hecho caso y he invertido la pirámide. Biquiños!

  2. Hola, Isaac.

    Yo también me he dejado caer por aquí. Ya ves, no estás tan solo.

    ¿Cómo se te ocurrieron esos dos rituales? ¿Te inspiraste en alguien o no?

    Pensaba que te habías despedido de verdad. Uno que a veces es un ingenuo…

    Haces muy bien en dejar que tus obsesiones salgan a pasear entre renglón y renglón y se queden a vivir en las palabras que escribes. Es terapéutico.

    Al final, si lo piensas, los seguidores de “Hoja en blanco” somos una tribu. Una tribu especial. Lástima que únicamente podamos quedar virtualmente. En fin, menos es nada.

    Un abrazo literario desde Oviedo, suerte, ánimo y adelante. Siempre.

    • Los rituales comienzan por cualquier cosa, nada de velas y cánticos, simplemente leo algo al empezar el año.

      Y podéis quedar cuando queráis ;P es sólo que yo no acudo a actos sociales…

      Un saludo.

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