Hermes

Este es Hermes, uno de los personajes que me acompañan en estos días de verano que paso entre teclas y pantalla. Y así aparece en la historia.

* * *

“El tiempo parecía no haberse atrevido con él. Barba pulcra sobre su rostro flaco y el pelo peinado hacia un lado, brillante de fijador y algo más largo de lo que lo recordaba. Estaba fibroso y podías ver reptar las venas por sus antebrazos, incluso debajo de todos esos tatuajes. Porque sus brazos, eso sí era nuevo, eran obras de arte hasta donde tapaba la camisa arremangada, además de que por el cuello abierto asomaba más lienzo pintado en el pecho. No había perdido tampoco la capacidad de observarte con unos ojos marrones que atravesaban como lanzas de legión. Esa mirada le arrancaba la ropa a lo que pensabas y luego siempre lo juzgaba indigno, cosa de idiotas”.

[…]

“Tampoco era diferente que Hermes no hablaba, rompía una presa y sus palabras te arrastraban. Si no le cortabas, la mayoría de las veces acababas ahogado en ellas y perdido en lo que decía”.

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